Mostrando las entradas para la consulta entrevista cadena ser ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta entrevista cadena ser ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

martes, 12 de agosto de 2025

EL BULO ORIGINAL: LO QUE RÍOS CARRATALÁ DIJO EN LA SER

 

Una entrevista que sembró y publicitó falsedades previas durante años



Introducción: cuando la ironía encubre la mentira

En una de sus entradas más cínicas, publicada en mayo de 2020, Juan Antonio Ríos Carratalá se burlaba de la web que abrí para defender la memoria de mi padre, Antonio Luis Baena Tocón. Esa respuesta pública —recogida en mi blog con el título Una web, una dignidad y un bulo que no cesa— no surgió por capricho ni por nostalgia familiar. Fue una reacción directa a años de silencio, desprecio, tergiversación y falsedades que comenzaron mucho antes.

Y si hay un momento concreto que marca el inicio de ese relato distorsionado, ese momento fue la entrevista concedida por Ríos Carratalá a Radio Alicante, de la Cadena SER, en 2016.

Durante aquella intervención radiofónica, difundida sin derecho a réplica, se enunciaron una serie de afirmaciones gravemente difamatorias, que luego aparecerían de forma casi calcada en artículos, entrevistas y libros. La misma cadena argumental —basada en datos incorrectos y conjeturas ideológicas— se repite desde entonces como si fuera verdad establecida.

Esta entrada no es solo un ajuste de cuentas con la desinformación. Es un ejercicio de memoria: no la que se invoca como bandera política, sino la que nace del deber de no dejar que la calumnia se convierta en historia.


El audio original: lo que se dijo en antena

La entrevista sigue estando disponible en la web de la Cadena SER:
Escuchar entrevista – Radio Alicante, Cadena SER (2016): https://play.cadenaser.com/audio/085RD010000000025650/


Transcripción y comentario detallado en mi web:
www.antonioluisbaenatocon.es/l/nos-vemos-en-chicote-2016-y-2025 y en la entrada anterior:

https://www.antonioluisbaenatocon.es/l/una-web-una-dignidad-y-un-bulo-que-no-cesa/

A continuación, algunos fragmentos especialmente relevantes, seguidos de su desmontaje.


Frase 1: “Era voluntario, no se le obligó a hacer nada”

Una afirmación sin base documental.
Mi padre
regresó del exilio en 1939 y fue llamado a filas, como tantos otros, para cumplir el servicio militar obligatorio. No se presentó por convicción, sino por necesidad y deber. Afirmar que fue voluntario es falsear el contexto histórico y personal.


Frase 2: “Era funcionario sin estudios, un trepador dentro del aparato franquista”

Ninguna de esas afirmaciones es cierta.

Mi padre sí tenía formación, y accedió al funcionariado tras aprobar una oposición, tiempo después de su servicio militar. No era funcionario ni entró, por tanto, para hacer carrera funcionarial, No entró por designación, enchufe ni "mérito ideológico" u "oposición patriótica” como sugiere Ríos. La entrevista lo presenta como una caricatura: ambicioso, servil y sin escrúpulos, sin aportar una sola prueba.


Frase 3: “Participó como secretario del consejo de guerra contra Miguel Hernández”

Falso. Antonio Luis Baena Tocón nunca fue secretario de ningún consejo de guerra, ni de Miguel Hernández, ni de ningún otro. Lo que existió fueron anotaciones en causas militares, en el puesto que le tocó como secretario adscrito a un juez instructor, en la fase previa del procedimiento. Esta distinción es fundamental, y ha sido omitida o manipulada intencionadamente por Ríos. Su relato e interpretación es muy personal; de todos modos, sea como fuere y para ser fiel a su relato tiene que crear un monstruo.


❌ Frase 4: “Formaba parte del engranaje represivo del franquismo”

Otra afirmación ideológica sin pruebas de Ríos.
Se le incrusta en un supuesto “sistema represor” como si hubiera sido una figura clave, cuando en realidad
fue un joven militar de reemplazo, sin cargos de responsabilidad. Su vinculación al régimen franquista no fue ideológica, sino consecuencia de la época que le tocó vivir tras perder a su propio padre —mi abuelo— asesinado por motivos religiosos al principio de la guerra.


Un periodista, una voz sin contraste

La entrevista en Radio Alicante fue conducida por el periodista Carlos Arcaya, quien no solo dio voz a Juan Antonio Ríos Carratalá en aquella ocasión, sino también en otras entrevistas igualmente distendidas y sin el más mínimo contraste. La voz de un catedrático en los medios da prestigio, claro. El problema no es que se le escuche, sino que se le crea automáticamente, sin cuestionar nada de lo que afirma, incluso cuando se trata de acusaciones graves hacia personas que ya no pueden defenderse.

Carlos Arcaya es —curiosamente— uno de mis contactos en Facebook. Un “amigo” digital que no conozco personalmente, pero que sí forma parte de esa red donde se entrecruzan voces, relatos y silencios. Ríos no encajó bien este dato: llegó a quejarse en el juicio civil de octubre de 2024 en Cádiz que teníamos amistades comunes en redes sociales. Una queja irrelevante, impropia del nivel que se le presume, pero reveladora: no le gusta que sus voceros, intencionados o no, escuchen otras versiones o pongan en evidencia la falsedad de la suya.

Tiempo atrás, incluso llegué a felicitar públicamente a Arcaya por su cumpleaños. Por Messenger le dije —medio en broma, medio en serio— que a ver si me daba una entrevista a mí. Me dio las gracias por la felicitación, pero no respondió a lo de la entrevista. Y lo entiendo: Ríos da morbo, yo no. Como me dijo mi procuradora, el catedrático genera clics; yo, en cambio, solo reclamo una verdad incómoda.

¿Acuso a nadie directamente de las campañas de ataques, suplantación de identidad, insultos o amenazas que he recibido desde entonces? No. Pero me reservo el derecho a pensar —y a decir— que cuando se lanza una piedra con tanta visibilidad y se esconde la mano, otros recogen esa piedra y golpean por ti.


Conclusión: una historia mal contada, un honor vulnerado

Lo que comenzó como una entrevista informal se convirtió en la piedra angular de una campaña de descrédito que ha durado casi una década. Bajo la apariencia de análisis académico, se han difundido afirmaciones sin fundamento que afectan directamente al honor de una persona fallecida y a su familia.

La historia no se escribe desde la conjetura.
La memoria no se defiende desde el prejuicio.
Y el ejercicio de la libertad académica no puede servir como coartada para mentir impunemente.

Esta entrada no busca censurar a nadie. Busca que la verdad tenga, al menos, el mismo espacio que la mentira.

viernes, 5 de diciembre de 2025

“NOS VEMOS EN LA SER: LA ENTREVISTA DONDE NACIÓ EL BULO”

 

Análisis palabra a palabra de cómo se construyó y amplificó la falsedad sobre mi padre



Ficha de entrada

Tema: desmontaje completo de la entrevista de Ríos Carratalá en Radio Alicante (Cadena SER), emitida alrededor de 2016.
Objetivo:

  • exponer cómo se introdujo por primera vez la falsedad,

  • mostrar la ausencia total de contraste periodístico,

  • documentar cada afirmación incorrecta,

  • explicar su impacto posterior en la difusión del bulo.

    Material:

  • audio original (enlace facilitado por mí),

  • transcripción parcial,

  • documentos judiciales,

  • archivo militar y judicial del caso Miguel Hernández.



Hay momentos en la historia de un bulo que funcionan como un disparo de salida.
Una frase, un tono de voz, una afirmación dicha con seguridad.
La entrevista de Juan Antonio Ríos Carratalá en Radio Alicante (SER) es ese momento.

Antes de esa entrevista, mi padre jamás había sido señalado públicamente como “verdugo”, “secretario que condenó a muerte” o “responsable directo de la sentencia a Miguel Hernández”.
Después de esa entrevista, el relato ya estaba en marcha.


1. El inicio: un tono de autoridad

El locutor presenta a Ríos como:

  • catedrático”,

  • experto”,

  • investigador”,

  • especialista en el caso de Miguel Hernández”.

Ese “marco de autoridad” es clave.
Antes de que hable, ya se le concede infalibilidad.

No se anuncia debate.
No se invita a nadie más.
No se menciona que sus afirmaciones no estaban contrastadas.
El oyente recibe al profesor como
fuente de verdad.


2. Primera afirmación falsa: “El secretario que condenó a Miguel Hernández se llamaba Baena”

Ríos lo dice sin dudas.
Sin matices.
Sin condicionales.

Dice: “Fue Baena.”

Esa afirmación es falsa, y hoy lo sabemos por:

  • el Archivo General e Histórico de Defensa,

  • el expediente completo del consejo de guerra,

  • la firma autógrafa del verdadero secretario,

  • la Sentencia 311/2021.

La SER no le pregunta lo obvio:

  • ¿Usted tiene el expediente completo?” y, en caso de que lo tenga, ¿lo tiene de adorno?

  • ¿Ha visto la firma del secretario?”

  • ¿Ha cotejado documentos?”

No.
Nada de eso ocurrió.


3. Segunda afirmación falsa: “Actuó con severidad”

No solo identifica erróneamente a mi padre como secretario,
sino que añade una
valoración moral sin fundamento.

¿Severidad en qué?
Mi padre:

  • no intervino en la sentencia,

  • no pidió pena,

  • no estuvo en la sala,

  • no firmó nada del consejo de guerra.

La frase no describe hechos:
construye un personaje.


4. Tercera afirmación manipulada: “Firma documentos del proceso”

Aquí es donde la manipulación es más sutil y más peligrosa.

Ríos insiste en que mi padre “firmó documentos del proceso”, insinuando que actuaba con autoridad o iniciativa propia. Cuando he tenido que ir a la Comisaría de Policía para denunciar insultos y amenazas por este asunto, el agente que me ha atendido ha firmado en el documento, porque es el trámite...

La verdad es muy distinta:

Mi padre no era militar profesional como han publicado y como han querido hacer ver

Cumplía su servicio militar obligatorio tras volver del exilio.

Fue asignado como secretario adscrito a un juez del Juzgado Especial de Prensa

Precisamente por ser licenciado en Derecho (como han querido negar), como muchos jóvenes destinados a tareas administrativas.

En ese contexto, sí aparecen firmas suyas en la fase de instrucción,

pero no como decisiones personales, sino como cumplimiento de órdenes del juez.

Firmar diligencias no significa:

  • pedir penas,

  • participar en el juicio,

  • redactar acusaciones,

  • tener capacidad decisoria,

  • actuar como represor.

Y lo que Ríos oculta es decisivo:

  • En el acta del consejo de guerra,

  • en la sentencia,

la firma de mi padre NO aparece,
porque
no formó parte del consejo,
y porque
no tenía autoridad procesal alguna.

Reducir a “iniciativa represiva” lo que eran funciones administrativas obligadas es un ejercicio de mala fe histórica.

La SER, otra vez, calla.


5. Cuarta afirmación falsa: “Está vinculado a la condena”

Es la afirmación moral más grave:

Está vinculado directamente a la condena a muerte del poeta.”

Nada —absolutamente nada— en archivos o sentencias sostiene esto.

Mi padre estaba destinado en Justicia Militar, como miles de jóvenes licenciados (en contra de la generalización que Ríos manifiesta de personas que actuaban sin formación y con fines represivos e interesados de ascensos de todo tipo).
Pero
estar destinado no es ser responsable.

La SER no pregunta qué significa “vinculación”,
ni pide un solo documento.
Silencio.


6. Quinta afirmación falsa: “Era un hombre duro con los represaliados”

Ríos le atribuye una “fama” inventada.
No hay un solo documento que sostenga esa afirmación.

Y lo más irónico:

Mi padre fue él mismo víctima de persecución, tortura y exilio tras el asesinato de u padre (algo que también niega el riguroso catedrático, la familia dice que hablará de otro Baena, con todo lo que padecieron, el Baena que sale de la ficción de Ríos Carratalá. Mi abuela, con el hogar saqueado, entonces joven y viuda con cuatro menores a su cargo, mis tíos, declarados “enemigos” por haber asesinado a mi abuelo por ser creyente, mi padre sin poderse acercar a la familia, todo se lo inventaron, Ríos Carratalá es quien conoce la verdad absoluta y rigurosa, que estaba allí y lo vivió todo).
Un joven que regresó a cumplir un servicio militar obligatorio.
Pero el relato necesitaba un villano.

Ríos se lo fabricó.




7. Sexta afirmación falsa: “Lo he contrastado todo”

Quizá el momento más doloroso del audio.

Todo lo que digo está documentado.”

No lo estaba.

Lo sabemos porque:

  • yo pedí todos los expedientes completos en los diversos organismos, ,

  • yo fui quien consultó archivos que él nunca vio,

  • la sentencia 311/2021 desmontó sus afirmaciones,

  • él mismo retiró textos cuando le señalé que contenían falsedades, aunque después su soberbia, su egocentrismo y su fanatismo los volviera colocar.

Aun así, la SER lo acepta como palabra sagrada.


8. El efecto mediático: la SER abre la puerta, EFE la multiplica

Después de la entrevista, tras mis quejas y, en especial, por el periodista Ferrán Bono de El País

  • los titulares se repiten,

  • las agencias los copian,

  • los medios los amplifican,

  • las redes insultan.

El origen está aquí:
en
este micrófono,
en esta irresponsabilidad compartida.


9. La SER nunca rectificó

Nunca.
A pesar de:

  • mis documentos,

  • mis aclaraciones,

  • la sentencia,

  • los archivos,

  • el daño causado.

Ni una nota.
Ni un minuto.
Ni un ajuste.

El silencio también difunde un bulo.


10. Conclusión: esta entrevista es el fósil del bulo

Todo estaba ahí:

  • la afirmación falsa,

  • la autoridad concedida,

  • la ausencia de archivo,

  • la exageración moral,

  • la falta de contraste,

  • la amplificación posterior.

Es la pieza fundacional del daño.

Sin esta entrevista, el bulo quizá no habría nacido.
Con ella, nació una “verdad pública” que tardará años en desmontarse y que siempre quedará algo.

Mi padre merece que este origen quede fijado, con claridad y con documentos.


P.D.: Esa entrevista —aún disponible hoy en la web de la Cadena SER— https://play.cadenaser.com/audio/085RD010000000025650/

Transcripción y comentario detallado en mi web:
www.antonioluisbaenatocon.es/l/nos-vemos-en-chicote-2016-y-2025

https://www.antonioluisbaenatocon.es/l/el-origen-del-engano-2015-2016/

martes, 16 de junio de 2026

LAS CINCO VIDAS INVENTADAS DE ANTONIO LUIS BAENA TOCÓN (III)

 

Las cinco vidas inventadas de Antonio Luis Baena Tocón (III)

Cinco derechos para una persona real.

Cómo una persona acaba convirtiéndose en un personaje.


Tercera entrega

El voluntario perfecto

O cómo las circunstancias acaban convirtiéndose en una elección




Primera parte: Cuando el relato sale de los libros

Si las dos primeras entregas de esta serie estaban dedicadas al supuesto funcionario y al supuesto abogado, la tercera gira alrededor de una palabra que, probablemente, resulta aún más importante.

Voluntario.

Al principio pensé que las discrepancias sobre la figura de mi padre se limitaban al ámbito académico. Imaginaba que determinadas interpretaciones quedarían reducidas a libros especializados, artículos o debates entre investigadores, aunque precisaran correcciones.

Me equivocaba.

Con el paso del tiempo comprendí que el relato había abandonado los archivos y las bibliotecas para instalarse en un espacio mucho más amplio: el de la opinión pública.

Hubo un momento que recuerdo especialmente, aunque sólo con el paso del tiempo fui plenamente consciente de su importancia.

Fue la entrevista concedida por el catedrático Juan Antonio Ríos Carratalá a Carlos Arcaya en Radio Alicante, Cadena SER, con motivo de la presentación en Radio Alicante del libro Nos vemos en Chicote. .

La escuché con atención, algunos años después de que se produjera (aún se puede escuchar).

No voy a negar que me produjo una profunda inquietud. No únicamente por las afirmaciones que se realizaban sobre Antonio Luis Baena Tocón. Tampoco porque se ofreciera una interpretación histórica distinta de la mía.

Lo que verdaderamente me preocupó fue comprender que muchas personas aceptarían aquellas afirmaciones como una descripción objetiva de los hechos.

La radio posee una enorme capacidad de comunicación. Las palabras llegan al oyente con cercanía. La conversación parece espontánea. Y el tono distendido hace que muchas veces las opiniones se reciban como certezas.

Recuerdo especialmente la sensación que me produjo escuchar cómo se hablaba de personas reales, de familias reales y de acontecimientos dramáticos de nuestra historia reciente con una aparente naturalidad que contrastaba con la gravedad de las afirmaciones realizadas.

Poco después comenzaron a llegar llamadas telefónicas.

Una prima residente en Barcelona me comentaba, alarmada, mientras se dirigía a su trabajo y escuchaba las afirmaciones (barbaridades) que se realizaban en la Ser sobre mi padre.

Amigas de confianza y conocedoras de la controversia, de 2029 en adelante, telefoneaban sorprendidas tras escuchar noticias relacionadas con el caso, especialmente en Canal 24 Horas de la televisión pública.

Aquellas conversaciones me hicieron comprender algo que hasta entonces no había percibido con claridad. El relato ya no pertenecía exclusivamente al mundo académico. Había comenzado a formar parte de la conversación cotidiana.

Y eso cambiaba completamente las cosas.

Porque una afirmación que aparece en un libro especializado puede quedar limitada a un determinado círculo de lectores.

Pero cuando esa misma afirmación pasa a una entrevista, a una noticia o a una conversación de café, adquiere una capacidad de difusión extraordinaria. Aquella difusión no fue casual. Formaba parte de una estrategia de comunicación que llevó un debate inicialmente académico al ámbito de la opinión pública. Ya he explicado en otra entrada algunos de los episodios que acompañaron a ese proceso.

Entonces empecé a preguntarme cuál debía ser mi actitud. Nunca he pretendido impedir que nadie investigue, a pesar de los comentarios que sobre mí ha emitido el Sr. catedrático, de que “por mi culpa está en peligro la investigación en España”

Tampoco he pensado que las interpretaciones históricas deban ser únicas. La historia necesita debate. Necesita investigadores. Necesita preguntas.

Pero también pensé que el contraste formaba parte de ese mismo ejercicio de responsabilidad. Con el tiempo solicité la posibilidad de ofrecer mi punto de vista en algunos de esos espacios. No fue posible. Ni siquiera obtuve respuesta.

Aquella experiencia me recordó otras similares vividas posteriormente.

Llegué a leer afirmaciones de Ríos Carratalá en prensa, según las cuales mis actuaciones suponían una “forma de censura propia de otras épocas” y “un peligro para la investigación en España”.

Paradójicamente, tuve la impresión de que las posibilidades de diálogo y rectificación se reducían a medida que el relato adquiría mayor difusión pública, a pesar de que el catedrático afirmaba estar supuestamente “abierto a cualquier sugerencia contraria a sus investigaciones”.

Sin embargo, decidí que la mejor respuesta no consistía en alimentar una polémica interminable.

Opté por un camino mucho más sencillo.

Escuchar.

Leer.

Buscar documentos.

Transcribir.

Analizar.

Y poner esos materiales a disposición de cualquier persona interesada. No para imponer una conclusión, sino para facilitar que cada lector pudiera formarse su propia opinión. Mientras realizaba ese trabajo fui comprendiendo algo que, hasta entonces, sólo había intuido.

El problema no consistía únicamente en determinados datos biográficos. No se discutía solamente un cargo, una fecha o un destino. Había algo mucho más profundo. El relato necesitaba que Antonio Luis Baena Tocón fuera un hombre que elegía, que decidía, que encontraba en las circunstancias de su tiempo una oportunidad de promoción personal.

Y aquella idea me llevó a hacerme una pregunta que ya no me abandonaría.

¿Hasta qué punto una vida marcada por acontecimientos extraordinarios puede acabar siendo presentada, muchos años después, como una sucesión de decisiones perfectamente libres y perfectamente calculadas?

Quizá esa pregunta explique mejor que ninguna otra el sentido de esta tercera entrega.

Porque, después de escuchar aquella entrevista, de recibir aquellas llamadas y de revisar una y otra vez los documentos, empecé a comprender que el verdadero debate no giraba alrededor de un destino concreto.

Giraba alrededor de una palabra: Voluntario.

Y comprendí también que, para entender el personaje construido sobre mi padre, primero era necesario preguntarse si realmente tuvo la libertad de elegir las circunstancias que le tocaron vivir.



Segunda parte: Cuando las circunstancias se convierten en decisiones

Aquella pregunta siguió acompañándome durante mucho tiempo.

¿Hasta qué punto una vida puede interpretarse exclusivamente a través de las decisiones que tomó una persona y no de las circunstancias que le tocó vivir?

Poco a poco fui comprendiendo que aquella cuestión era fundamental, porque el personaje construido sobre mi padre necesitaba una condición indispensable. Necesitaba ser libre para elegir.

Necesitaba encontrar en la Guerra Civil y en la inmediata posguerra una oportunidad de progreso personal. Necesitaba actuar voluntariamente.

Pero la realidad de una vida suele ser mucho más compleja que los personajes de cualquier relato.

Mi padre no nació en un laboratorio ideológico.

Nació en una familia concreta.

Tuvo una infancia concreta.

Vivió acontecimientos que marcaron profundamente su juventud. Entre ellos, el asesinato de su padre a comienzos de la Guerra Civil… y la desestructuración de toda una familia...

Aquella tragedia familiar no fue una teoría. No fue una interpretación. Fue una realidad que condicionó la vida de toda una familia.

Como tantas otras familias españolas de uno y otro lado, tuvieron que afrontar pérdidas, miedos, incertidumbres y decisiones que nunca habrían deseado tomar. También conocieron el exilio. También tuvieron que reconstruir sus vidas en circunstancias extraordinariamente difíciles.

Cuando pienso en aquellos años, me resulta complicado aceptar determinadas simplificaciones.

La historia rara vez ofrece caminos completamente libres. La mayoría de las personas no eligen el tiempo que les toca vivir. No eligen una guerra. No eligen la muerte de un padre. No eligen el miedo. No eligen la persecución. No eligen el exilio. Y muchas veces tampoco eligen las obligaciones que les corresponden en cada momento histórico.

Sin embargo, con el paso de los años, he observado cómo determinadas interpretaciones parecen olvidar ese contexto.

Las circunstancias desaparecen.

Las tragedias personales pasan a un segundo plano.

Las obligaciones se convierten en elecciones.

Y las elecciones terminan interpretándose como estrategias conscientes de promoción personal.

Entonces el personaje empieza a adquirir forma.

El supuesto funcionario. El supuesto abogado. El supuesto voluntario. El hombre al que el relato necesitaba convertir en protagonista de una determinada interpretación del pasado. El hombre que habría comprendido dónde estaban las oportunidades y habría decidido aprovecharlas.

Confieso que esa forma de interpretar una vida siempre me ha producido una profunda inquietud.

Porque convierte a las personas reales en figuras extraordinariamente simples. Todo parece obedecer a un plan. Todo parece obedecer a un plan previamente diseñado. Todo parece responder a una voluntad consciente.

Pero las vidas reales no suelen ser así.

Las personas se equivocan. Se adaptan. Sufren. Intentan salir adelante. Cumplen obligaciones que no han elegido. Y toman decisiones condicionadas por circunstancias que muchas veces escapan a su voluntad.

Quizá por eso me llamó especialmente la atención descubrir que el relato necesitaba eliminar muchas de las circunstancias personales que rodearon la juventud de mi padre.

Porque esas circunstancias hacían más difícil mantener el personaje.

Resultaba más sencillo presentar a un hombre que encontraba oportunidades donde otros sólo veían dificultades. Más sencillo convertir las obligaciones en adhesiones. Más sencillo interpretar determinados destinos como decisiones personales perfectamente libres.

Y fue entonces cuando comprendí que la palabra "voluntario" tenía una importancia mucho mayor de la que había imaginado.

No se trataba únicamente de un destino concreto. Ni siquiera de una función determinada. Se trataba de atribuir una intención y, con ella, una determinada responsabilidad moral.

Y las intenciones son, probablemente, uno de los terrenos más delicados de cualquier investigación histórica.

Los hechos pueden documentarse. Las fechas pueden comprobarse. Los expedientes pueden consultarse. Pero las motivaciones humanas rara vez son tan sencillas como a veces nos gustaría creer.

Durante estos años he llegado a una conclusión que quizá resulte demasiado simple.

La historia necesita documentos. Pero también necesita contexto. Necesita también prudencia.

Necesita recordar que detrás de cada expediente hubo personas. Que detrás de cada nombre hubo familias. Y que detrás de muchas decisiones existieron circunstancias que no fueron elegidas.

Mi padre tampoco eligió muchas de las que marcaron su juventud.

Y, sin embargo, con el paso del tiempo, he visto cómo algunas interpretaciones parecían transformar aquellas circunstancias en una sucesión de decisiones perfectamente voluntarias.

Y fue entonces cuando comprendí que el verdadero problema no consistía únicamente en discutir un hecho concreto. El problema era mucho más profundo. El personaje necesitaba un voluntario perfecto.

Y quizá la vida real, con todas sus contradicciones y dificultades, resultaba demasiado compleja para encajar en un papel tan sencillo.

Fue entonces cuando decidí que la mejor respuesta no consistía en discutir una interpretación con otra, sino en escuchar, buscar documentos y ofrecer al lector los elementos necesarios para formarse su propia opinión.


Tercera parte: El derecho al contraste

Cuando terminé de escuchar aquella entrevista y de reflexionar sobre muchas otras publicaciones y declaraciones posteriores, llegué a una conclusión inesperada.

No podía impedir que otras personas escribieran sobre mi padre. Tampoco quería hacerlo. Nunca he pensado que la investigación histórica deba estar sometida a censura. Los investigadores tienen derecho a formular hipótesis. Los periodistas tienen derecho a entrevistar. Los escritores tienen derecho a interpretar. Y los lectores tienen derecho a estar de acuerdo o a discrepar.

Pero también pensé que existe otro derecho mucho más sencillo.

El derecho al contraste.

El derecho a consultar documentos.

El derecho a escuchar otras voces.

El derecho a conocer circunstancias que quizá no aparecen en un relato determinado.

Por eso decidí hacer algo que estaba a mi alcance.

Escuchar atentamente las entrevistas.

Leer los artículos.

Consultar archivos.

Buscar documentos.

Comparar afirmaciones.

Transcribir conversaciones.

Y compartir ese trabajo a través de mi propio blog y de mi página dedicada a la memoria de Antonio Luis Baena Tocón.

No pretendía que nadie aceptara mis conclusiones.

Ni aspiraba a sustituir un relato por otro.

Simplemente pensaba que una persona real merecía que quienes quisieran conocer su historia dispusieran del mayor número posible de elementos para formarse una opinión propia.

Mientras realizaba ese trabajo fui comprendiendo otra cuestión que nunca había imaginado.

Los relatos tienen una enorme capacidad para crecer. Una afirmación aparece en un libro.

El libro da lugar a una entrevista. La entrevista genera noticias. Las noticias pasan a las redes sociales. Las redes alimentan conversaciones cotidianas.

Y llega un momento en que el personaje construido parece más conocido que la persona real.

Quizá esa sea una de las mayores responsabilidades de quienes trabajan con la historia y con la información.

No sólo importa lo que se dice.

Importa también cómo se dice.

Dónde se dice.

Y las consecuencias que puede tener sobre personas y familias concretas.

Durante estos años he pensado muchas veces que el verdadero debate no consistía únicamente en la figura de mi padre.

La cuestión era más amplia.

¿Quién tiene derecho a contar la vida de una persona?

¿El investigador?

¿El periodista?

¿La familia?

¿Los documentos?

Quizá la respuesta sea que todos tienen algo que aportar.

Pero precisamente por eso ninguna voz debería aspirar a convertirse en la única posible.

Nunca he pretendido que nadie acepte mi visión de los hechos simplemente porque soy hijo de Antonio Luis Baena Tocón.

Ser hijo no convierte a nadie en historiador.

Pero tampoco creo que la condición de investigador dispense de escuchar otras fuentes o de revisar determinadas conclusiones cuando aparecen nuevos datos.

La memoria familiar y la investigación histórica no tienen por qué ser enemigas.

Pueden dialogar. Pueden corregirse mutuamente. Pueden ayudarse a comprender mejor el pasado., pero jamás puede una parte intentar engañar a la otra o desacreditarla en pro del cinismo, la hipocresía, la ideología, el fanatismo, etc

Quizá esa haya sido una de las lecciones más inesperadas de estos diez años.

He descubierto que defender la memoria de una persona no consiste en convertirla en un héroe. Mi padre no fue un héroe. Tampoco fue un personaje perfecto. Fue una persona. Con virtudes y defectos. Con aciertos y errores. Con decisiones acertadas y otras que probablemente hoy habría tomado de manera diferente. Como cualquiera de nosotros.

Pero también fue un hombre con una biografía real.

Con documentos.

Con familia.

Con amigos.

Con compañeros de trabajo.

Con recuerdos que todavía permanecen vivos en muchas personas.

Y creo que esa realidad merece ser contemplada con toda su complejidad.

Después de todo este tiempo he llegado a una conclusión bastante sencilla.

Nunca he pedido que se olvide la historia.

Nunca he pedido privilegios para mi familia.

Nunca he pretendido que nadie renuncie a investigar.

Sólo he pensado que, antes de convertir a una persona en personaje de un relato, quizá merezca la pena escuchar también a quienes conservan su memoria, sus documentos y sus silencios.

Ése ha sido el sentido de estas páginas.

Y ésa es también la razón por la que decidí escuchar, leer, transcribir y compartir.

No para cerrar un debate. Sino para abrirlo, pero no se puede abrir con la intransigencia de creerse con la verdad absoluta e intentando desacreditar a quien nos contradice...

Y para recordar algo que, a veces, parece olvidarse con demasiada facilidad.

Antes que protagonistas de un relato, nuestros padres y nuestros abuelos fueron personas reales.

Y quizá la pregunta más importante de esta tercera entrega ya no sea si Antonio Luis Baena Tocón fue voluntario.

Quizá la verdadera pregunta sea otra.

¿Hasta qué punto tenemos derecho a convertir las circunstancias de una vida en un personaje construido a nuestra medida?


Documentación complementaria

El lector interesado puede consultar directamente algunos de los materiales mencionados en esta entrada y formar su propia opinión:

Entrevista en Radio Alicante, Cadena SER:

https://play.cadenaser.com/audio/085RD010000000025650/

Análisis y referencias sobre la entrevista:

https://antonioluisbaenatocon.blogspot.com/search?q=entrevista+cadena+ser

Presentación de Nos vemos en Chicote y transcripción comentada:

https://antonioluisbaenatocon.blogspot.com/search?q=presentaci%C3%B3n+Nos+vemos+en+chicote

Porque la mejor manera de comprender una historia sigue siendo la misma de siempre:

Escuchar.

Leer.

Contrastar.

Y pensar por uno mismo.


"Las personas reales merecen algo más que personajes de ficción construidos sobre sus vidas."

"Antes que personajes de un relato, nuestros padres y nuestros abuelos fueron personas reales."

miércoles, 20 de agosto de 2025

EL ORIGEN DEL ENGAÑO (2015–2016)

 

El origen del engaño: cómo nació el relato manipulado de Ríos Carratalá
El relato manipulado de Juan Antonio Ríos Carratalá no nació en 2019 ni en 2020, como él pretende. Comenzó antes de 2015 y cristalizó en 2016, en una entrevista en la Cadena SER donde difundió falsedades sobre mi padre. Desde entonces, esas falsedades se convirtieron en el eje de sus artículos, entrevistas, libros y conferencias.




En 2016, en una entrevista en Radio Alicante (Cadena SER), Ríos Carratalá lanzó varias afirmaciones que son, sin rodeos, falsas:

  • Que mi padre fue “voluntario” para hacer su servicio militar, como si hubiera sido un capricho, cuando en realidad se vio obligado a hacer su servicio militar tras regresar de un exilio forzoso.

  • Que era un “trepador” en el funcionariado y sin estudios, cuando ya tenía terminada la licenciatura en Derecho desde junio de 1936 (“le regalaron el título en alguna oposición patriótica”) y todavía faltarían años para que accediera al funcionariado.

  • Que fue secretario en el consejo de guerra de Miguel Hernández, cuando no formó parte de ningún consejo de guerra.

  • Que fue una pieza del engranaje represivo franquista, porque en su ficción ideológica así lo decidió.

Todo ello lo difundió sin contraste ni derecho a réplica.

Esa entrevista —aún disponible hoy en la web de la Cadena SERhttps://play.cadenaser.com/audio/085RD010000000025650/

Transcripción y comentario detallado en mi web:

fue la semilla de un relato repetido en artículos, conferencias, libros y en su propio blog. Una cadena de falsedades que buscaba convertir la caricatura en verdad establecida.

En 2020, publicó en Varietés y República la entrada “Una web dedicada a la reivindicación de Antonio Luis Baena Tocón”. Allí se burlaba de la página que abrí para defender la memoria de mi padre, acusándome de querer “borrar la historia”, “censurar” y “reescribir el pasado”.

La ironía es evidente: él, que llevaba años repitiendo falsedades sin contraste alguno, me acusaba a mí de querer censurar.

Cierre
La semilla estaba plantada: una versión falsa repetida hasta la saciedad, que pronto se convertiría en dogma académico y mediático. En la siguiente entrega explicaré cómo, en 2019, reaccionó con un manual de cinismo cuando le pedí la retirada de esas falsedades.



En la siguiente entrada explicaré La farsa de la “colaboración” (2019)

viernes, 5 de diciembre de 2025

EL AUTOR DEL RELATO: ANATOMÍA DE UNA FALSEDAD ACADÉMICA CONVERTIDA EN VERDAD PÚBLICA.

Cómo Juan Antonio Ríos Carratalá construyó, difundió y mantuvo una atribución falsa que dañó a un hombre fallecido y a su familia


Ficha de entrada

  • Tema: análisis en profundidad del papel central de Ríos Carratalá en la construcción y difusión inicial del bulo.

  • Objetivo: exponer, con documentación y sin estridencias, cómo se gestó la falsedad y por qué tuvo tanto recorrido.

  • Material utilizado:

    • Mis escritos,

    • intervenciones de Ríos (entrevista en la SER 2016 incluida),

    • artículos y posts del blog Varietés y República,

    • omisiones documentales,

    • sentencias y archivos.



Hay un punto que conviene dejar claro desde el principio:
el origen del bulo no está en la Agencia EFE, ni en los medios, ni en Twitter.
El origen está en un académico con nombre y apellidos:
Juan Antonio Ríos Carratalá, catedrático de Literatura Española en la Universidad de Alicante.

Un académico que, lejos de actuar con el rigor exigible a su posición, construyó una atribución falsa sobre mi padre que luego se convirtió —por repetición, amplificación y credulidad mediática— en “verdad pública”.

No fue un error inocente.
No fue un desliz menor.
No fue una mala interpretación puntual.
Fue una
atribución sin pruebas, repetida durante años, sostenida incluso después de las correcciones judiciales, mediáticas y documentales.

Voy a intentar reconstruir, paso a paso, cómo se creó el relato.


1. Cuando la ideología sustituye al archivo

Ríos Carratalá partió de una premisa simple, pero equivocada:

  • Si había un funcionario con apellido Baena en la Sección de Justicia Militar,

  • y si hubo un consejo de guerra contra Miguel Hernández,

  • entonces ese Baena debía ser “el secretario que lo condenó”.

Eso no es investigación.
Eso es
rellenar huecos ideológicos con nombres reales.

Del archivo apenas extrajo nada relevante.
De los documentos esenciales, ninguno.
No pidió el sumario completo o no quiso verlo.
No cotejó las firmas.
No comparó los roles.
Consultó el expediente militar de mi padre (en ese momento saltándose la legislación vigente al respecto, algo que le permitieron desde la jefatura de la institución que lo custodia, tal y como me informó el responsable que le sucedió. Su antecesor hizo una interpretación que no compartía) y como el catedrático no encontró lo que quiso hizo sus aseveraciones sin fundamento.

Actuó desde una idea previa:
encajar la figura de mi padre en un relato antifranquista de buenos y malos.

Y cuando uno empieza desde la ideología y no desde el archivo, el resultado es siempre el mismo:
la mentira.


2. La entrevista de la SER (2016): el primer acto de amplificación.

Primer acto de ampliación del que tengo noticia, con la seguridad de que habría otras actuaciones anteriores, “más de lo mismo” (frase que le incomoda al catedrático cuando es mi padre quien en algún momento la escribió)

Poco se habla de esto, pero es importante:

En Radio Alicante (Cadena SER), Ríos presentó su tesis sobre el “alférez Baena” con una seguridad que jamás habría debido tener:

  • afirmó que mi padre era el secretario del consejo de guerra,

  • afirmó que tenía un papel decisivo,

  • afirmó incluso que había solicitado pena para Miguel Hernández.

Nada de eso era cierto.
Ni una sola afirmación tenía soporte documental.

Pero la SER le dio micrófono.
No preguntó.
No contrastó.
No pidió documentos.
No consultó archivos.
Y, por supuesto,
nadie me llamó.

Ese momento —esa entrevista— fue la chispa que encendió todo lo que vino después.
Y la prueba está en que aún hoy se siguen repitiendo frases que él introdujo allí.

Esa entrevista —aún disponible hoy en la web de la Cadena SER— https://play.cadenaser.com/audio/085RD010000000025650/

Transcripción y comentario detallado en mi web:
www.antonioluisbaenatocon.es/l/nos-vemos-en-chicote-2016-y-2025

https://www.antonioluisbaenatocon.es/l/el-origen-del-engano-2015-2016/


3. Los artículos y el blog: insistir para convertir un error en “verdad”

Entre 2016 y 2023, Ríos publicó artículos y entradas en su blog Varietés y República donde:

  • repetía la atribución falsa,

  • añadía valoraciones morales (“verdugo”, “severidad”, “represión”),

  • citaba frases que no están en ningún archivo,

  • cargaba tintas ideológicas para dar dramatismo,

  • presentaba hechos dudosos como certezas absolutas.

Incluso cuando se le mostró la falsedad,
incluso cuando le escrib
í personalmente,
incluso cuando retiró parte de los textos,
nunca rectificó públicamente.

Dijo que los quitaba “por amabilidad”.
No por reconocimiento del error.
No por respeto a la verdad.
No por ética académica.

Por “amabilidad”.


4. EFE, SER y medios diversos: el eco perfecto del académico confiado

Los medios adoran un catedrático que habla con vehemencia.
Y Ríos habla siempre con absoluta seguridad.

  • No duda.

  • No matiza.

  • No consulta.

  • No corrige.

Habla como hablan quienes creen tener la razón porque tienen un título académico.
Y esa seguridad fue suficiente para que:

  • EFE reprodujera su tesis sin verificar,

  • periódicos la repitieran en automático,

  • tertulianos la asumieran como hecho,

  • usuarios de redes la multiplicaran sin filtro.

La autoridad académica funcionó como un sello de garantía falso.
Pero eficaz.


5. Su principal omisión: jamás pidió los expedientes reales de mi padre.

Sí solicitó el expediente militar —como explico en el punto 1, “Cuando la ideología sustituye al archivo”—, y lo leyó a su manera.

Y aquí está lo demoledor.

Para sostener su afirmación, Ríos necesitaba una sola cosa:
aclarar correctamente lo que aparecía en ese expediente militar y, sobre todo, consultar el expediente administrativo y profesional de mi padre. Ese expediente lo aporté yo mismo al Juzgado tras localizarlo previamente e investigarlo personalmente en los archivos correspondientes. De hecho, gracias a mi trabajo, él llegó a conocer su existencia.

En la vista judicial quedó claro que Ríos buscaba allí cualquier detalle —por insignificante que fuera— para convertirlo en un “hallazgo” interpretado con ojos del siglo XXI, siempre para reforzar su propio relato. Él es, según proclama, el catedrático riguroso (que siempre tiene razón). Tanto, que llega a inventarse que mi padre era funcionario en 1934, cuando en realidad aún estaba estudiando, solo para encajar su tesis tal como la presenta en “Nos vemos en Chicote”.

La prisa con la que quiso presentar su “descubrimiento” —“más propia de un alumno de primero deseoso de entregar un trabajo” que de un investigador serio— deja en evidencia el nivel de rigor profesional del que presume.

Porque la verdad es simple:

  • Jamás lo pidió.

  • Nunca lo citó.

  • Nunca lo comentó.

  • Nunca lo cotejó.

  • Nunca lo consultó.

Su relato no se construyó sobre documentos, sino sobre deducciones ideológicas.
Y cuando un académico sustituye el archivo por suposiciones,
lo que produce no es historia:
es ficción ideologizada.


6. La sentencia 311/2021 dejó a Ríos sin argumento… pero no rectificó

Cuando el Juzgado de Alicante dictó la Sentencia 311/2021, la atribución falsa quedó aniquilada.

El juez dijo:

  • que mi padre NO formó parte del consejo de guerra,

  • que NO pidió pena alguna,

  • y que la atribución era errónea.

Ríos tenía tres opciones éticas:

  1. Rectificar.

  2. Pedir disculpas.

  3. Guardar silencio dignamente.

Eligió la cuarta:
seguir insistiendo en que él tenía razón, pese a que un juez, los archivos y la documentación demostraban lo contrario.

La negación de la evidencia es siempre un síntoma de que el relato importa más que la verdad.


7. El problema no es solo el error: es la persistencia en él

Todos podemos equivocarnos.
Pero lo inadmisible es:

  • equivocarse en público,

  • causar daño real,

  • ser advertido del error,

  • tener pruebas de que es un error,

  • y aun así seguir sosteniéndolo.

Eso no es un descuido.
Eso es un acto consciente.

Un académico serio habría agradecido la corrección.
Un académico honesto habría publicado una rectificación.
Un académico riguroso habría revisado sus fuentes.

Pero Ríos Carratalá hizo lo contrario.
Y ese acto ha generado un daño enorme.


8. Conclusión: el origen tiene nombre

La Agencia EFE amplificó.
Los medios replicaron.
Algunos tertulianos añadieron su propia cosecha.
Las redes insultaron.

Pero el origen de la mentira tuvo una sola pluma responsable:
la del catedrático Juan Antonio Ríos Carratalá.

Sin su afirmación inicial,
sin su relato ideologizado,
sin su falta de contraste,
sin su insistencia,

no habría existido bulo.

Y la vida de mi padre —y la dignidad de mi familia— no habrían sido dañadas.

La verdad importa.
Y la responsabilidad intelectual también.

miércoles, 15 de abril de 2026

ENTRADA 7 — Cuando el relato salió por la radio

 ENTRADA 7 — Cuando el relato salió por la radio

La SER 2016: del archivo al micrófono



Sábado 11 de abril de 2026

Hay momentos en los que una interpretación abandona el ámbito restringido de los documentos y pasa a instalarse en la esfera pública.

En este caso, uno de esos momentos decisivos se produjo en 2016, durante la entrevista emitida por Radio Alicante de la Cadena SER, intervención que hoy puede leerse como el verdadero punto de salida del relato mediático sobre Antonio Luis Baena Tocón.

No fue una simple pieza de divulgación.

Fue, en muchos sentidos, el instante en que una lectura parcial del archivo se transformó en una narración oral emocionalmente creíble, impulsada por la autoridad del medio, la fuerza persuasiva de la voz y la ausencia del contexto documental completo.

La diferencia es decisiva.

Mientras el archivo exige lectura, contraste y matices, la radio trabaja con otros resortes: la seguridad del tono, la inmediatez del relato y la credibilidad espontánea que otorga el micrófono.

Tu propia entrada “Nos vemos en Chicote 2016 y 2025” permite recuperar con precisión ese instante. Allí queda recogida una frase especialmente significativa del entrevistado:

*“Sin afán revanchista… y sin menoscabar el rigor.”*²

La fórmula es reveladora, porque presenta desde el primer momento una apariencia de neutralidad académica y distancia metodológica. Sin embargo, es precisamente a partir de ese marco retórico desde donde se emiten afirmaciones que, con el tiempo, terminarán sedimentándose en prensa, Wikipedia y opinión pública.

Más aún, la afirmación de que

*“si el franquismo duró 40 años es porque había millones de franquistas”*²

fija un marco interpretativo de enorme potencia emocional, predisponiendo al oyente a encajar nombres concretos dentro de una arquitectura moral ya decidida de antemano.

Y ahí se encuentra el verdadero punto de inflexión.

La radio no difundió el archivo.

Difundió el marco interpretativo del archivo.

La cadena posterior se activó con enorme rapidez:

radio → prensa → blogs → publicaciones → Wikipedia → verdad social

Por eso esta entrevista no debe leerse sólo como un episodio periodístico.

Debe entenderse como el momento fundacional del bulo mediático, el instante en que una simplificación oral adquirió capacidad de irradiación pública durante años.

Tu transcripción comentada cobra aquí un valor esencial, porque no sólo recupera el audio original, sino que permite confrontar la palabra emitida con la documentación que después la matiza o la contradice.

La voz convenció primero.

El documento habló después.

Y cuando se confrontan ambas capas —micrófono y archivo— se entiende mejor cómo una afirmación emitida con seguridad puede convertirse en origen de años de distorsión.

Lo que empezó como voz terminó funcionando como memoria.

Y cuando eso ocurre, ya no estamos ante divulgación.

Estamos ante la fabricación sonora del relato.


NOTAS

¹ Entrevista de Radio Alicante (Cadena SER), 7 de enero de 2016.
Intervención radiofónica de Juan Antonio Ríos Carratalá sobre Miguel Hernández y la cultura franquista.

² José Francisco Baena González, “Nos vemos en Chicote 2016 y 2025 (I)”, 5 de abril de 2025.
Transcripción comentada del audio con análisis crítico de sus afirmaciones.

³ Sentencia 311/2021, JCA nº 3 de Alicante.
Delimitación documental y jurídica de la función de Antonio Luis Baena Tocón.

ESTAMPA 13: LA SONRISA DE LA CALVICIE

  ESTAMPA 13 : La sonrisa de la calvicie Serie: Mi padre, sin etiquetas . “Pequeñas historias de una vida corriente. Porque una persona ...