Miércoles, 11 de marzo de 2026
Cuando la Guerra Civil se convierte en instrumento
De la política al aula: historia, propaganda y el eco del bulo
En una entrevista reciente, el periodista e
historiador Pedro Corral recordaba algo que debería parecer obvio, pero que
cada vez lo es menos en el debate público español.
— Declaraciones de Pedro Corral en
una interesante entrevista del periodista Segundo Sanz, de okdiario, sobre su
libro Cómicos en guerra y que puede verse completa en:
https://www.youtube.com/watch?v=G8ZKy3Tf0JQ
https://www.dailymotion.com/video/xa1l93e
La reflexión es pertinente. La memoria de
la Guerra Civil Española se ha convertido con frecuencia en un campo de batalla
retórico donde los hechos importan menos que su utilidad política.
Sin embargo, conviene añadir algo que rara
vez se menciona: esa utilización interesada de la historia no se limita al ámbito político.
También aparece —y a veces con especial
intensidad— en el ámbito educativo y universitario.
Cuando
la historia se convierte en herramienta
La utilización política de la Guerra Civil
es conocida. Cada generación ha reinterpretado el conflicto según sus intereses
ideológicos.
Pero existe una forma más sutil —y quizá
más preocupante— de instrumentalización: cuando determinadas interpretaciones
nacidas en ámbitos académicos se convierten en verdades incuestionables por simple repetición.
En ese proceso participan libros,
artículos, conferencias, programas universitarios y medios de comunicación.
Lo que comienza como una interpretación
termina convertido en “hecho histórico”.
El
problema menos visible: la universidad
La universidad debería ser precisamente el
lugar donde la crítica documental es más rigurosa.
Sin embargo, en las últimas décadas se ha
consolidado una corriente historiográfica en torno a la memoria de la guerra
civil que mezcla investigación legítima con narrativas ideológicas previamente construidas.
Autores como Ángel Viñas, Juan Antonio Ríos
Carratalá o José Luis Ferris, entre
otros…,
han contribuido a difundir determinadas
interpretaciones que, en ocasiones, se repiten en el ámbito universitario con
escaso contraste documental.
No siempre se trata de errores deliberados.
Muchas veces es simplemente el resultado de un fenómeno bien conocido en la
historiografía: el
efecto de citación en cadena.
Un autor cita a otro.
Otro lo reproduce.
Un tercero lo incorpora a sus clases (en otra entrada pondré algún ejemplo de
haberse producido).
Y la afirmación termina adquiriendo
apariencia de verdad histórica.
Cómo
nace un bulo académico
El mecanismo suele ser sencillo.
1.
Un investigador propone una interpretación.
2.
Esa interpretación se publica en un libro o
artículo.
3.
Otros autores la citan sin revisar las
fuentes originales.
4.
Los medios de comunicación amplifican el
relato.
5.
Finalmente, se enseña en universidades como
si fuera un hecho consolidado.
En ese momento el relato ya se ha
convertido en verdad
académica repetida.
Y desmontarlo resulta mucho más difícil que
haberlo creado.
Porque el bulo tiene una ventaja: viaja más rápido que el documento.
Cuando
el relato sustituye al documento
El caso que me ocupa personalmente ilustra
bien este problema.
Durante años se ha difundido una
determinada versión sobre la vida y actuación de mi padre, Antonio Luis Baena Tocón,
basada en interpretaciones y afirmaciones que no se sostienen cuando se
examinan los documentos completos del procedimiento judicial correspondiente o,
ni tan siquiera, examinando documentos porque son ficciones hechas a placer
sobre una persona fallecida y en pro de un sesgo ideológico de un “especialista
de ficción”....
Sin embargo, esas afirmaciones han sido
repetidas en artículos, libros, conferencias y clases universitarias.
El resultado es un fenómeno muy
característico de nuestro tiempo:
un relato construido que termina adquiriendo apariencia de historia
documentada.
El problema no es sólo el error.
El problema es el eco institucional que amplifica ese
error.
Universidades, medios y redes académicas
contribuyen involuntariamente a consolidar narrativas que, en ocasiones, nacen de
interpretaciones apresuradas o directamente equivocadas.
El
especialista de ficción
En este contexto aparece una figura cada
vez más frecuente: el especialista que convierte sus propias interpretaciones
en documentos aparentemente concluyentes.
El caso del catedrático Juan Antonio Ríos
Carratalá resulta especialmente ilustrativo.
A partir de determinados fragmentos
documentales y reconstrucciones narrativas, se elaboran relatos que luego son
presentados como hechos históricos sólidos.
El problema surge cuando esos relatos se
difunden sin el contraste crítico que debería caracterizar al trabajo
académico.
Lo que comenzó como interpretación termina
siendo enseñado como historia.
Historia
o militancia
La historia exige una disciplina
intelectual muy simple, pero muy exigente: leer los documentos completos.
No sólo los fragmentos útiles para sostener
una tesis.
No sólo las citas que encajan en una
narrativa previa.
Los documentos completos.
Cuando se hace ese ejercicio, muchas
historias espectaculares se vuelven de repente mucho más modestas.
Y muchas acusaciones rotundas se
transforman en simples interpretaciones discutibles.
Conclusión
El
ruido y los documentos
Quizá la mejor advertencia siga siendo la
que formulaba Pedro Corral.
La Guerra Civil debería pertenecer al
terreno del estudio y del conocimiento, no al de la utilización partidista.
Pero para que eso sea posible hay que
recordar algo elemental:
La historia no se escribe con relatos
repetidos.
Se escribe con documentos.
Y los documentos —a diferencia de los
bulos— exigen tiempo, lectura y rigor.










