De una información periodística a decenas de publicaciones, reiteraciones y redes sociales
La entrada anterior terminaba el 18 de junio de 2019.
Aquella tarde escribí a Juan Antonio Ríos
Carratalá:
«Ahora
estoy tragándome el "efecto Streisand", que no sabía que se llamaba
así...»
No sabía todavía hasta dónde llegaría.
Lo que durante semanas había sido un asunto
circunscrito a un requerimiento, unos enlaces, la Universidad de Alicante y
algunos intercambios de correos acababa de entrar en un espacio completamente
distinto.
La
noticia comenzó a propagarse.
De
una información a muchas
Sería engañoso reconstruir ahora aquella
difusión citando solamente tres o cuatro periódicos.
El
País, El
Español, Público,
elDiario.es, El Confidencial y otros
medios publicaron informaciones sobre el asunto. También apareció en radio,
televisión y agencias de noticias y, desde allí, pasó a nuevas publicaciones y
a las redes sociales.
Los nombres anteriores son solamente ejemplos. No
constituyen una relación completa.
La dimensión alcanzada quedó expresada poco
después por el propio Ríos Carratalá. El 30 de julio de 2019, Información recogía
estas palabras suyas:
«Desde que sucedió, en apenas unos días se publicaron más de sesenta artículos sobre el tema en la prensa nacional y hasta en la extranjera».
La frase es suficientemente expresiva de la
velocidad inicial de propagación.
Pero conviene leerla con cuidado.
No
fueron solamente aquellos sesenta artículos
Esos «más de sesenta artículos» no deben interpretarse como el
balance final de la difusión.
Las propias palabras de Ríos Carratalá
dicen otra cosa: se habían publicado «en apenas unos días».
La publicación de informaciones continuó
durante las semanas siguientes. El asunto reapareció en diferentes fechas y
algunos medios volvieron sobre él en más de una ocasión, incorporando nuevos
comentarios, declaraciones o enfoques.
Por tanto, estamos ante dos fenómenos
distintos que conviene no confundir:
la
intensidad inicial de la propagación y su persistencia posterior.
Los «más de sesenta artículos» permiten
hacerse una idea de la primera.
La cronología de las semanas siguientes
permite comprobar la segunda.
Durante un tiempo, encontrar una nueva
publicación, una nueva referencia o una nueva circulación de la noticia se
convirtió prácticamente en algo cotidiano.
Y algunas informaciones no tuvieron una
sola vida.
Podían aparecer en el medio, volver a ser
mencionadas posteriormente, enlazarse desde otra publicación y circular de
nuevo a través de las redes sociales.
Por eso, contar únicamente artículos
tampoco permitiría reconstruir completamente lo ocurrido.
Cuando
una noticia se reproduce
La multiplicación tiene otra consecuencia
que me parece importante para esta serie.
Cuando decenas de medios hablan de un mismo
asunto en muy poco tiempo, el lector puede tener la impresión de estar
recibiendo muchas confirmaciones independientes.
Pero número de publicaciones y número de fuentes originales no son
necesariamente la misma cosa.
Una agencia puede distribuir una
información que después reproducen numerosos medios. Un periódico puede
convertirse en referencia para otros. Una declaración puede aparecer
sucesivamente en distintas publicaciones. Una noticia puede ser retomada días
después incorporando nuevos comentarios.
Y después están las redes sociales.
Las cuentas de los propios medios pueden
volver a difundir sus contenidos, añadir titulares, entradillas o comentarios y
generar nuevas cadenas de circulación. A ello se añaden las reacciones de los
usuarios, que constituyen un fenómeno diferente y que no deben confundirse
automáticamente con el contenido editorial del medio.
Tampoco afirmo que todas las publicaciones
de aquellos días procedieran de una única fuente ni que fueran idénticas.
Precisamente por eso interesa
reconstruirlas.
¿Qué
afirmaciones se repitieron? ¿Cuáles cambiaron? ¿Qué añadieron unas
publicaciones respecto de otras? ¿Qué términos aparecieron por primera vez? ¿Y
qué documentos había detrás de cada una?
Esas preguntas serán objeto de las
siguientes entregas.
Una
audiencia potencial enorme
Años después, al preparar el procedimiento
civil, fue necesario intentar medir también la dimensión de aquella difusión.
Entre la documentación aportada figuraba el
que denominamos Documento
154, una recopilación de datos de audiencia procedentes, entre
otras fuentes, de Comscore, EGM y OJD.
Los datos permiten hacerse una idea de la
escala de algunos de los medios que estaban interviniendo.
En junio de 2019, por ejemplo, la
documentación recoge para El
País 21,312
millones de usuarios; para El Mundo, 20,074 millones; para La Vanguardia, 20,649 millones;
para El Confidencial,
15,611 millones,
y para ABC, 18,121
millones. También aparecen datos de audiencia de la Cadena SER,
RTVE, La Sexta y de agencias como EFE y Europa Press.
4f486888-5ea8-4247-97ff-671f069…
Pero aquí resulta imprescindible introducir
una cautela.
Esas
cifras no representan el número de personas que leyeron, vieron o escucharon
las informaciones relativas a Antonio Luis Baena Tocón.
Son cifras generales de audiencia, usuarios
o visitas de aquellos medios y periodos.
No deben sumarse entre sí —las audiencias
pueden solaparse— ni permiten afirmar que una determinada noticia fuera leída
por decenas de millones de personas.
Su utilidad aquí es más limitada, pero
suficientemente expresiva: muestran que la controversia había alcanzado medios y canales con una capacidad
de difusión muy considerable.
De
los medios a sus redes, y de allí a otras redes
La historia tampoco terminaba en
periódicos, radios y televisiones.
Las informaciones comenzaron a circular por
las redes sociales.
En unos casos eran los propios medios
quienes difundían o volvían a difundir sus contenidos a través de sus cuentas.
En otros, eran periodistas, profesores, historiadores, asociaciones o
particulares quienes compartían noticias, titulares y comentarios.
Y ahí se producía una nueva transformación.
Un artículo relativamente extenso podía
terminar reducido a un titular, una frase o unas pocas palabras.
La publicación inicial podía recibir nuevos
comentarios.
Una noticia de días anteriores podía
reaparecer ante una audiencia nueva.
Y una afirmación repetida en distintos
lugares podía terminar separándose para muchos lectores de la fuente de la que
había partido.
Para entonces, el lenguaje inicial de mi
requerimiento —supresión
de determinados datos personales contenidos en unos enlaces concretos—
convivía públicamente con expresiones mucho más contundentes:
derecho
al olvido, borrado, censura, borrar o reescribir la Historia.
Más adelante aparecerían también
referencias a la libertad
de expresión, libertad de cátedra y libertad de investigación.
No voy a analizarlas todavía.
Antes quiero dejar establecida una cuestión
más elemental: la
velocidad, la continuidad y la escala del escenario en el que aquellas
expresiones empezaron a circular y reiterarse.
Y
hubo que conservarlo
Existe además una circunstancia menos
visible.
Internet parece conservarlo todo, pero no
siempre es así.
Las páginas cambian. Algunos contenidos
desaparecen. Los enlaces dejan de funcionar. Determinadas publicaciones se
modifican o dejan de estar disponibles.
Por eso fue necesario ir conservando una
enorme cantidad de material.
Años después, durante el procedimiento
judicial, una parte importante de esos materiales digitales fue sometida a un análisis pericial informático.
Su finalidad era técnica: examinar los
archivos aportados, sus datos y su integridad y comprobar si habían sufrido
manipulaciones.
Conviene precisar también lo que eso
significa y lo que no significa.
Una pericial informática puede comprobar
técnicamente la integridad
de determinados archivos.
No determina por ello si lo que afirma una
noticia es históricamente verdadero o falso, ni sustituye la valoración
jurídica que corresponde a los tribunales.
Su interés para esta historia es otro:
hubo
que conservar técnicamente lo que había sucedido en Internet para poder
documentarlo años después.
No reproduciré aquí ese informe pericial.
No es necesario para el propósito de esta entrada.
Basta dejar constancia de su existencia y
de la función que desempeñó en la preservación y comprobación técnica del
material incorporado al procedimiento.
Detrás
de las cifras había una familia
Existe finalmente otra dimensión que
ninguna estadística de audiencia puede medir.
Durante aquellos días yo veía multiplicarse
las noticias mientras intentaba comprender qué estaba ocurriendo.
A las publicaciones se añadían su
reiteración, su circulación por las redes sociales y los comentarios que
generaban. Entre estos últimos hubo también insultos y expresiones que
alcanzaron el ámbito familiar.
No quiero convertir esta serie en un relato
sentimental ni utilizar aquella experiencia como argumento para decidir quién
tenía razón.
Pero tampoco sería fiel a lo sucedido
reducir aquellas semanas a una colección de enlaces y cifras.
Detrás
de cada resultado de una búsqueda aparecía el nombre de mi padre.
Y detrás de aquel nombre había una familia
que estaba descubriendo, prácticamente al mismo tiempo que miles de lectores,
la dimensión pública que acababa de adquirir el asunto.
Después
de la pólvora, las palabras
Esta tercera entrega pretende fijar
principalmente la
dimensión y la persistencia de la propagación.
No demuestra por sí misma que todas las
informaciones fueran iguales.
No demuestra que todos los periodistas
conocieran los mismos documentos.
No demuestra que todos quienes se
pronunciaron sobre el asunto partieran de la misma información.
Tampoco permite atribuir automáticamente a
un medio los comentarios escritos por terceros en una red social.
Y, sobre todo, no convierte una afirmación en
verdadera por el hecho de haber sido repetida muchas veces.
Ese será precisamente el siguiente paso.
Porque una vez reconstruido cómo se propagó y cómo siguió
circulando la noticia, podemos regresar a las palabras
utilizadas para explicarla.
El 15 de mayo había un requerimiento que
hablaba de supresión
de datos personales.
Después apareció el derecho al olvido.
Luego llegaron borrado, censura, borrar o reescribir la Historia,
libertad de cátedra
y libertad de
investigación.
La pregunta ya no será cuántas veces se
publicó.
Será otra:
¿Cómo
fue cambiando la descripción pública de lo que yo había pedido?
Continuará.
Como la pólvora
Notas
y fuentes
1.
Correspondencia de 17 y 18 de junio de 2019.
Véase la entrada anterior de esta serie. El correo dirigido a Juan Antonio Ríos
Carratalá a las 20:31 del día 18 contiene la referencia contemporánea al
«efecto Streisand».
2.
Información, 30 de julio de 2019.
Información titulada «No se puede borrar la Historia». Recoge la declaración de
Juan Antonio Ríos Carratalá según la cual «en apenas unos días se publicaron
más de sesenta artículos sobre el tema en la prensa nacional y hasta en la
extranjera». La expresión temporal —«en apenas unos días»— resulta importante:
la cifra describe la difusión alcanzada muy pronto, no necesariamente el número
total de publicaciones que acabaría generando la controversia.
3.
Publicaciones periodísticas de junio y meses posteriores de 2019.
Entre otros medios, la documentación incorporada al procedimiento reunió
informaciones aparecidas en El
País, El Mundo,
La Vanguardia,
El Confidencial,
El Español, Público, elDiario.es, Información, RTVE, La
Sexta y Cadena SER. La enumeración es meramente ilustrativa y no pretende
constituir un inventario completo.
4.
Reiteraciones y redes sociales. La difusión de una misma controversia
mediante nuevas publicaciones, enlaces, comentarios y cuentas sociales debe
estudiarse individualmente. En esta entrada se distingue expresamente entre el
contenido publicado o difundido por los propios medios y los comentarios
realizados por terceros.
5.
Documento 154 aportado al procedimiento civil.
Recopilación documental de datos generales de audiencia y difusión procedentes
de fuentes como Comscore, EGM y OJD correspondientes a periodos relevantes de
2019. No constituye
una medición del número de lectores concretos de las noticias objeto del
procedimiento.
6.
Informe pericial informático aportado al procedimiento civil.
Análisis técnico de materiales digitales conservados e incorporados al
procedimiento. Su alcance debe entenderse exclusivamente en su ámbito técnico y
no como pronunciamiento acerca de la verdad histórica de las afirmaciones
contenidas en las publicaciones.
7.
Demanda civil. Se utiliza aquí como fuente para localizar
y reconstruir la documentación reunida y la extensión temporal de las
publicaciones incorporadas al procedimiento. Las alegaciones contenidas en una
demanda expresan la posición procesal de una parte y no se presentan por ese
solo hecho como hechos judicialmente establecidos.



