jueves, 16 de octubre de 2025

CUANDO HABLAN DE “LOS SECRETARIOS”, ESTÁN HABLANDO DE MI PADRE

 CUANDO HABLAN DE “LOS SECRETARIOS”, ESTÁN HABLANDO DE MI PADRE


Tipo de alusión

Indirecta pero identificable. En esta entrada, Ríos no menciona el nombre de mi padre, pero sitúa a los “secretarios del Juzgado Militar de Prensa” como agentes activos de la acusación. Esa estrategia funcional vuelve a ubicarlo implícitamente como protagonista de la acción acusatoria: un cargo regulado que él transforma en acto voluntario.


Fragmentos clave de la entrada

Vistos numerosos sumarios seguidos contra periodistas republicanos, no me consta que esa información fuera explícitamente utilizada por los juzgados instructores.”
En el caso del Juzgado Militar de Prensa, las fuentes de su documentación eran más directas y los secretarios apenas necesitaron consultar esas relaciones de las plantillas.
El cuerpo jurídico de los sublevados disponía de la práctica totalidad de la prensa republicana y la utilizó para sustanciar numerosos sumarísimos de urgencia.”

 


Puntos discutibles y falaces

  1. Salto inferencial entre duda y certeza
    Ríos comienza con “no me consta” y, en la misma entrada, pasa a afirmar que “los secretarios apenas necesitaron” esas listas. Es un cambio de registro sin prueba documental que lo sustente.

  2. Afirmación maximalista no respaldada
    Decir que “la práctica totalidad de la prensa republicana” estaba en manos del cuerpo jurídico exige un respaldo documental fuerte. En la entrada no se proporciona.

  3. Desplazamiento de responsabilidad institucional a agente individual
    Se asume que “los secretarios” actuaban más allá de sus funciones formales, como si tuvieran agencia propia. Este trabajo de personificación prepara futuras insinuaciones, como las que involucran a mi padre.

  4. Relato emocional que favorece adhesión ideológica
    El lenguaje (“hordas”, “delación”, “práctica totalidad”) monta una estructura emocional que predispone al lector a aceptar la eficiencia acusatoria del aparato franquista. Pero eso no basta para probar autoría individual.


Réplica narrativa: Cuando hablan de “los secretarios”, están hablando de mi padre

Otra vez se repite el patrón: se parte de un tema legítimo (delaciones en Madrid), pero se termina atribuyendo iniciativa personal a los secretarios del Juzgado Militar de Prensa —y por extensión, a mi padre— como si operaran con voluntad propia, sin normas ni límites. Se pasa de “no me consta” a “algo apenas necesario” en un salto retórico sin prueba, que convierte incertidumbre en acusación.

Mi padre ocupó el cargo de secretario adscrito a un juez durante parte de su servicio militar. No fue por elección heroica ni por ambición perversa: fue una función administrativa dentro de un sistema. Convertir eso en autoría moral es lanzarse al terreno de la insinuación —y eso es lo que Ríos hace aquí.

Si el cuerpo jurídico manejó prensa republicana —lo cual es plausible en algún grado—, corresponde distinguir cuándo eso obedeció a órdenes institucionales, cuándo a procedimientos legales y cuándo, si acaso, a excesos individuales. Pero la entrada no hace esa distinción: todo se mezcla y se nombra a los secretarios como si fueran agentes voluntarios de persecución.

No puedo aceptar que, sin prueba alguna, se siga señalando a mi padre por voluntad propia en cada artículo que aborda los “secretarios”. Que quien quiera hacer esa afirmación la haga con documentos, no con giros retóricos.

lunes, 13 de octubre de 2025

CUANDO EL “RIGOR” SE CONVIERTE EN SILENCIO: LECTURA IRÓNICA DE UN PANFLETO ACADÉMICO


Ayer hice una entrada de fondo ( https://www.antonioluisbaenatocon.es/l/cuando-el-rigor-se-convierte-en-silencio-lectura-ironica-de-un-panfleto-academico/ ) y hoy la hago de actualidad)

 

Durante años, ciertas asociaciones y voces académicas han presentado falsedades sobre mi padre, Antonio Luis Baena Tocón, como si fueran hechos históricos incuestionables.
Mientras esas falsedades se amplificaban en medios y blogs, mi versión fue sistemáticamente silenciada.
Ahora, en lugar de rectificar, publican panfletos envueltos en solemnidad académica.

El 8 de octubre de 2025, la Asociación de Historia Contemporánea (AHC) difundió un comunicado titulado:
“UNA SENTENCIA A FAVOR DE LA HISTORIA: ‘Derecho al olvido’ vs derecho a la investigación y al conocimiento de los hechos del pasado” (1).


En apariencia, se trata de un texto institucional impecable, lleno de referencias a la “libertad de investigación” y al “rigor historiográfico”. Pero detrás de esa fachada no hay ni una sola línea sobre los hechos judiciales que
desmienten el relato que han defendido y amplificado durante años.

Evidentemente, La AHC invoca el rigor y la libertad de investigación… mientras omite las sentencias y los hechos que desmienten el relato que ha apoyado.


I. El “rigor” que no existió

El comunicado arranca como un manifiesto académico: invoca el rigor, la ciencia y la memoria histórica.
Pero el primer rigor que deberían haber aplicado es
el de contrastar. El 08/10/2025 la AHC publica su comunicado (1). Palabras solemnes sobre “método” y “ciencia historiográfica”.

Pregunta sencilla: ¿dónde estaba ese rigor cuando se difundieron falsedades sobre mi padre?
La liturgia del “rigor” no la han hecho. Ni ahora, ni cuando comenzó esta historia (Solo de palabra).

Cuando Ríos Carratalá difundió falsedades sobre mi padre —presentándolas como hechos históricos— esta misma asociación no pidió contraste alguno, no cuestionó nada, no consultó documentos, no mostró prudencia.
Ahora, cuando hay resoluciones judiciales que desmontan su relato, se limitan a publicar un panfleto lleno de eslóganes.


II. El silencio como método

La sentencia contencioso-administrativa de Alicante acreditó hechos muy claros:

  • Mi padre era abogado.

  • No formó parte de ningún consejo de guerra.

  • No pidió condena para nadie.

La sentencia civil de Cádiz (marzo de 2025) reconoció, además, la intromisión ilegítima en el honor de mi padre, y ordenó rectificación e indemnización.

Nada de esto aparece en el comunicado de la AHC.
Ni una línea. Ni una referencia.
El “rigor” se convierte aquí en
silencio selectivo y en el rigor selectivo: lo que desmonta el relato, se calla.


III. Libertad de expresión… para unos pocos

La AHC habla del derecho a investigar y divulgar hechos históricos como si estuviera defendiendo una causa noble.
Pero omite cuidadosamente que esta historia no comenzó con un debate académico, sino con la
difusión de falsedades ideológicas sobre una persona fallecida, sin contraste ni prueba.

Mientras tanto, la voz de quien pide rectificación documentada —yo— ha sido sistemáticamente silenciada en medios y espacios académicos.
Libertad de expresión sí… pero para unos pocos.
¿Contrastar?, conlleva gastos, trabajo, esfuerzo, molestias y el corporativismo está por encima de la verdad en muchos casos, especialmente si hay ideologías por medio que nos pueden hacer la vida imposible...


IV. “Derecho al olvido” como cortina de humo

La asociación presenta el “derecho al olvido” como si fuese una amenaza a la investigación histórica. El verdadero antagonista de la historia es la falsedad.
Pero aquí no hay “olvido” alguno: lo que se ha reclamado es
veracidad, no censura.
Rectificar una falsedad no es borrar la historia.
Es dejar de
deformarla.

El argumento del “derecho al olvido” es, en realidad, una coartada retórica para blindar su relato y no rendir cuentas de lo que no han querido contrastar.


V. El megáfono final: Ríos Carratalá

Como viene siendo habitual, dos días después —el 10 de octubre de 2025— el comunicado fue amplificado por Juan Antonio Ríos Carratalá en su blog personal (2), en la posdata de su entrada titulada “El sumario colectivo de los periodistas alicantinos”.

Así funciona el engranaje desde hace años:

  1. Una asociación lanza un panfleto.

  2. Ríos lo amplifica desde su plataforma personal.

  3. Ciertos medios y sectores afines lo replican sin contraste.

¿Resultado? La falsedad vuelve a circular como si fuera un hecho histórico consolidado.


VI. Epílogo irónico (pero muy real): megáfonos en cadena.

Dos días después, 10/10/2025, Ríos lo difunde en su blog (2) -La cadena funciona: asociación escribe → catedrático amplifica → medios repiten. ¿Contraste? Ninguno.

Hablan de “rigor” los que callaron cuando debían contrastar.
Hablan de “libertad de investigación” quienes han
difundido un relato sin documentos o con manipulación interesada de los mismos y con mucha ficción ideológica.
Hablan de “historia” quienes han
ignorado sentencias que desmontan su discurso.

Lo que no les conviene, lo silencian.
Lo que les sirve, lo amplifican.
Y lo llaman libertad.

Enlaces:

(1) https://ahistcon.org/una-sentencia-a-favor-de-la-historia-derecho-al-olvido-vs-derecho-a-la-investigacion-y-al-conocimiento-de-los-hechos-del-pasado/
(2) https://varietesyrepublica.blogspot.com/2025/10/el-sumario-colectivo-de-los-periodistas.html


domingo, 12 de octubre de 2025

PANFLETOS, OMISIONES Y TRILERISMO ACADÉMICO (entrada de fondo)

 

la verdad que no cuentan ni la Asociación de Historia Contemporánea , ni el catedrático Ríos Carratalá



Hay historias que no nacen en los archivos, sino en las trincheras ideológicas. Y hay falsedades que no se sostienen con documentos, sino con altavoces mediáticos. La mía es una de ellas: desde 2019 el nombre de mi padre, Antonio Luis Baena Tocón, y el mío propio han sido arrastrados a una guerra de trincheras ideológicas iniciada por Juan Antonio Ríos Carratalá, no por ..

Durante años he soportado en silencio que Juan Antonio Ríos Carratalá difundiera falsedades sobre mi padre, Antonio Luis Baena Tocón, presentándolas como si fueran “verdades históricas”. A eso lo llamó “investigación académica”. A mi protesta —documentada, razonada y fundada— la llamó “censura” y “ataque a la libertad de expresión”. Él tuvo todos los micrófonos y tribunas mediáticas; yo ninguno y fui censurado y silenciado.


I) El origen de una gran mentira mediática (2015–2019)

No empecé yo. Se impuso un relato ideológico de Ríos Carratalá y amplificado. Mientras a Ríos le abrían puertas, a mí me las cerraban. Que le pidan explicaciones de lo que alegó sobre mí para que nadie me diera voz, porque yo no tuve la oportunidad de pronunciarme… No pedí borrar archivos ni reescribir la historia: pedí rectificar falsedades documentales. Ese fue el “pecado imperdonable”. Véase (1) y (2).

No pedí borrar la historia; pedí que no mintieran sobre ella.

II) El altavoz: panfletos sin contraste

En octubre de 2025, la Asociación de Historia Contemporánea (AHC) publica un panfleto sobre una “sentencia a favor de la historia”, actuando como altavoz ideológico, difundiendo panfletos sin contrastar. Lo que no dicen es más importante que lo que repiten. Omiten resoluciones que desmontan la narrativa de Ríos y llenan el texto de consignas: “libertad de expresión”, “derecho a investigar”, “memoria histórica”. La AHC no contrasta, pontifica.
Ríos, como siempre, actúa de
altavoz. Véanse (3), (4) y (5).

III) Lo que dicen las sentencias (y ellos callan)

La contencioso-administrativa de Alicante dejó acreditado:
– que mi padre
era abogado,
– que
no formó parte de ningún consejo de guerra,
– que
no pidió condena para nadie.

Nada de esto aparece ni en el comunicado de la AHC ni en los textos de Ríos. Tampoco hablan de la sentencia civil de Cádiz (marzo de 2025). Prefieren el eslogan al documento. Sobre el “tengas pleitos y los ganes”, véase (6).


El silencio sobre las sentencias es tan elocuente como las falsedades que repiten.

IV) Cuando recurrir a la justicia se usa en tu contra

Recurrir tiene costes reales. A veces una instancia se inadmite por razones formales y sin explicación pública clara. Luego usan eso como arma (“no tenía razón de fondo”), aunque no se haya entrado al fondo. Y si los papeles se invirtieran, ya sabemos el escándalo. Cuando las insinuaciones vienen de ellos, silencio.

Si un ciudadano pierde una instancia, lo exhiben como trofeo.
Si un catedrático insinúa que una jueza es “franquista”,
ni un titular.

V) Trilerismo y retórica

Unos hablan de cinco procesos; otros, de tres. La cuenta da igual: lo crucial es el ruido para tapar el fondo. Se presentan como víctimas de censura quienes han gozado de todos los altavoces. “Libertad”, “investigación”, “memoria”… como escudo para esquivar los hechos.

VI) El coste humano y moral

No es una polémica académica: es una herida real. Años de difamación pública, silencio institucional y cobardía mediática. Mientras ellos jugaban con palabras, yo vivía las consecuencias. Véase (7).


VII) Conclusión

La historia no se defiende con consignas, sino con archivos y honestidad. La libertad de expresión no ampara la falsedad. El derecho al honor no es un capricho.
La repetición no convierte una falsedad en verdad. El silencio sobre una sentencia no la borra.

La verdad no necesita panfletos, solo documentos.




Enlaces

(1) https://www.antonioluisbaenatocon.es/l/el-origen-del-engano-2015-2016/
(2) https://www.antonioluisbaenatocon.es/l/la-farsa-de-la-colaboracion-2019/
(3) https://www.antonioluisbaenatocon.es/l/respuesta-a-la-asociacion-de-historia-contemporanea/
(4) https://www.antonioluisbaenatocon.es/l/el-catedratico-condenado-que-engano-a-la-opinion-publica-con-apoyo-academico-y-politico/
(5) https://ahistcon.org/una-sentencia-a-favor-de-la-historia-derecho-al-olvido-vs-derecho-a-la-investigacion-y-al-conocimiento-de-los-hechos-del-pasado/
(6) https://www.antonioluisbaenatocon.es/l/tengas-pleitos-y-los-ganes-refranero-gitano/
(7) https://www.antonioluisbaenatocon.es/l/nuevas-muestras-de-solidaridad/

viernes, 10 de octubre de 2025

CUANDO HABLAN DE “ESE SECRETARIO”, HABLAN DE MI PADRE...

 


Tipo de alusión

Indirecta pero identificable: En este artículo, Ríos no escribe el nombre de mi padre, pero lo señala sin disimulo al referirse al “secretario del Juzgado Militar de Prensa”.

Ese cargo, más precisamente definido como secretario de un juez adscrito a dicho Juzgado…, lo ocupó mi padre durante una parte de su servicio militar en la inmediata posguerra. El uso de este cargo no es neutro, sino claramente acusatorio y estigmatizante, al atribuirle prácticas inquisitoriales sin prueba alguna y funciones que, según el propio Ministerio de Defensa, no correspondían a ese puesto. Es su manera habitual de actuar: lanzar insinuaciones, no nombres. Pero todos los que conocemos la historia real sabemos a quién se refiere. Y esa insinuación es tan calculada como dañina.


Fragmentos clave de la entrada

El secretario del Juzgado Militar de Prensa hizo, a su manera, el mismo trabajo durante la inmediata posguerra, pero solo a la búsqueda de algunas pruebas aisladas con que inculpar a los procesados.”
[…] probar hasta qué punto los informes remitidos por ese secretario a veces se alejaban de la realidad documentada. La premura en la instrucción es obligatoria en los sumarísimos de urgencia y esta circunstancia suele inducir a notables errores, que en ocasiones derivan en condenas a muerte.”
Echea se hace eco de la luctuosa noticia el 10 de septiembre de 1936 y acierta cuando vislumbra hasta qué punto la sombra de esa muerte hará célebres a sus asesinos…”
La alternativa, mucho menos perjudicial para sus intereses, fue dejar morir al poeta de miseria en la cárcel alicantina.”

Puntos discutibles y falaces

1. Culpabilización sin pruebas

Presenta a “ese secretario” como si existieran documentos que demuestran tergiversaciones o falsificaciones, pero no muestra ninguno. La acusación queda flotando, cargada de sospecha moral, pero huérfana de prueba.

2. Doble vara de medir

En el mismo texto elogia la hemeroteca madrileña que consulta —que “le ha permitido escribir su ensayo”—, pero en otros escritos ha dicho que esa misma hemeroteca fue “expurgada” —¡por el mismo secretario!—… es decir, por mi padre. Una acusación que le resulta útil para reforzar su guion ideológico y acusador, incluso a costa de contradecirse.

3. Confusión narrativa deliberada

Mezcla la figura de Echea (caricaturista), el asesinato de Federico García Lorca, la detención de Miguel Hernández y la figura del secretario para crear un clima emocional donde se “sabe” quién es el villano aunque no se diga. Esa mezcla de ‘churras con merinas’ es un recurso retórico que sitúa implícitamente a mi padre del lado de los verdugos de poetas. No es un recurso historiográfico, sino un mecanismo de manipulación discursiva.

4. Bando bueno vs. bando malo

Se borra del mapa toda la violencia republicana (por ejemplo, el asesinato de mi abuelo, incluso cambiándolo de bando por la conveniencia de su relato). No hay una sola mención al terror republicano, ni a que también hubo víctimas, familias rotas y asesinatos brutales cometidos desde ese otro lado (objeto también de sumarios). Refuerza así el estereotipo de un franquismo sanguinario y unos republicanos benévolos. El relato es monocromo, y siempre con los mismos “malos”.

5. Sentimentalismo manipulador

La frase “dejar morir al poeta de miseria en la cárcel alicantina” está diseñada para agitar emociones y reforzar su discurso ideológico, no para informar con rigor. Afirmación falaz con lenguaje sentimental. Si el contexto fuera otro, el tono no sería tan melodramático. Este tipo de frases son las que transforman hechos complejos en relatos morales prefabricados.


Réplica narrativa:Cuando hablan de “ese secretario”, hablan de mi padre”...

No hace falta que lo nombre para que quede claro a quién apunta. Cuando habla del “secretario del Juzgado Militar de Prensa”, está hablando de mi padre. Hubo otros secretarios, pero en la sesión judicial del 14 de octubre de 2024 llegó a afirmar que mi padre era omnipresente: “aunque no figurara su firma, allí estaba” —según su propio relato— (declaración registrada en la grabación judicial a la que dedicaré otra entrada).” . Lo hace como siempre: con frases ambiguas, acusaciones envueltas en lirismo, pero sin argumentos sólidos y para activar el marco narrativo que lleva años construyendo, pero sin un solo documento que lo respalde.

Mi padre fue secretario adscrito a un juez durante parte de su servicio militar. No eligió ese destino —aunque Ríos ha repetido en más de una ocasión que todos los que estaban allí eran voluntarios que buscaban “beneficiarse personalmente”—. No era un inquisidor con vocación de cazador de poetas. Era un joven que había estado exiliado por haber sido extremadamente perseguido con grave riesgo para su vida y que, al regresar, no tuvo más remedio que cumplir con la obligación que le impusieron. Esta circunstancia —que Ríos negará en futuras entradas suyas “con el rigor que le caracteriza”— se la podría contar a mi abuela, a mis tíos paternos, a otros familiares y personas allegadas que tanto sufrieron con ello y, por supuesto, a la memoria viva que tenemos sus descendientes (hijos y sobrinos) de lo que tuvo que padecer en Marsella antes de volver a España (“ese sufrimiento familiar no ha existido según el rigor académico de Ríos Carratalá”).

Nada de esto aparece en su relato. No interesa. Lo que sí aparece es la insinuación de que mi padre “buscaba pruebas para inculpar”, por supuesto por afición, voluntarismo e iniciativa propia según el catedrático y que “sus informes se alejaban de la realidad documentada”. Palabras vacías de prueba. Lo suyo no es demostrar, sino contar historias a medida…, con héroes y villanos asignados de antemano.

A esto se suma su ejercicio de equilibrismo: ensalza la hemeroteca que utiliza, pero acusa a mi padre de haberla manipulado. Y por si no bastara, asocia ese escenario con García Lorca y Miguel Hernández, nombres sagrados en la memoria antifranquista. Es como si dijera: “yo, que defiendo a los poetas asesinados, estoy contra los que los persiguieron”, para dotar su relato de solemnidad emocional. Y a mi padre lo sitúa, sin nombrarlo, en el lado oscuro de una escenografía que él mismo ha construido.

Mientras tanto, silencio absoluto sobre mi abuelo, republicano asesinado por republicanos por negarse a participar en el asesinato de inocentes y razones de fe. Silencio también sobre la persecución posterior que sufrió mi padre, a quien intentaron darle el mismo destino que a su padre. Esas víctimas no encajan en su guion. No hay espacio para ellas.

La frase final sobre ‘dejar morir al poeta de miseria’ es tan efectista como simplista: un golpe emocional, no un argumento histórico. Ríos Carratalá no hace historia: hace guion ideológico. Y cuando ese guion salpica a personas reales —como mi padre— sin pruebas, deja de ser historiografía para convertirse en difamación envuelta en lirismo.

Por eso, cada vez que Ríos vuelve a recurrir a la sombra de ese “secretario” anónimo, no está haciendo historia. Está construyendo un relato maniqueo, útil para su causa y rentable para su imagen pública.
Y yo no pienso quedarme callado ante esa manipulación.


SILENCIOS SELECTIVOS: PODER, ABUSO Y PROTOCOLOS DE PAPEL

 



Fragmento destacado de Ríos Carratalá

Hace unas semanas, el periodista Íñigo Domínguez publicó un par de artículos en El País sobre las supuestas andanzas del escritor José Luis Martín Vigil (1919-2011) en el marco de los abusos sexuales encubiertos por la jerarquía católica. El tema, por obvio desde mi juventud, apenas me interesa, pero en esta ocasión leí con atención lo publicado el 20 de marzo de 2023 y el pasado 5 de abril. Los testimonios de las víctimas eran tan dramáticos como concretos…”

Comentario crítico inicial

  1. Generalización como dogma
    R
    íos Carratalá parte de un caso individual —Martín Vigil, exjesuita— para generalizar contra toda la Iglesia. Un clásico de su método: convertir anécdota en categoría y sospecha en verdad histórica.

  2. El vicio de las etiquetas
    Lo mismo que hizo con el Juzgado de Prensa: “todos voluntarios”, “todos represores”, “todos trepadores del funcionariado”. Ahora: “todos los curas” culpables de abusos.

  3. Silencios selectivos
    Denuncia los silencios de la Iglesia, pero ignora otros: los de la universidad donde trabaja y los de la política, donde también hay abusos, encubrimientos y complicidades.

  4. La viga y la paja
    Es más cómodo señalar siempre a la Iglesia —colectivo amplio y fácil de demonizar— que reconocer silencios y fraudes en casa propia.

Este patrón de generalizaciones y silencios selectivos se repite en demasiados textos de Ríos Carratalá. Y este no es una excepción.

Réplica narrativa crítica

El 10 de mayo de 2023, RC publicó una entrada sobre José Luis Martín Vigil. Lo que podía ser un análisis literario se convierte, una vez más, en sermón ideológico:
👉 “abusos sexuales = jerarquía católica”.

El resultado es una generalización sectaria que estigmatiza a un colectivo entero.
Porque los abusos de poder no son exclusivos de la Iglesia: surgen allí donde alguien tiene poder y otro depende de él. En familias, en el deporte, en hospitales, en universidades y, por supuesto, en política.
El problema no es la sotana: es el abuso de poder, el silencio y la hipocresía institucional.

Ríos Carratalá denuncia el “fraude” de curas modernos, pero él mismo ha cometido fraude historiográfico contra mi padre, Antonio Luis Baena Tocón: falseando, generalizando y difamando con apoyo de medios que repiten su relato sin contrastar.
¿Dónde termina el “fraude clerical” y empieza el académico? ¿Qué diferencia hay entre callar ante un abuso y manipular un documento para justificar un bulo?

Mientras tanto, en los pasillos y despachos de la universidad, el silencio no era una abstracción: tenía rostro, miedo y protocolos de cartón.

Mi experiencia universitaria

No hablo de oídas. En mi etapa universitaria, varias compañeras me pidieron que las acompañara a exámenes orales para no estar a solas con el profesor. Yo inventaba excusas para entrar, porque la sola presencia de alguien ya les daba seguridad.
Ese miedo era el mejor indicador de que la institución no protegía.

Los protocolos contra el acoso existían… en PDFs bien maquetados. En la práctica eran humo: burocracia decorativa que no impedía el abuso ni ofrecía amparo real.

Por eso me resulta cínico leer a Ríos Carratalá hablar de “silencios encubridores” como si fueran patrimonio exclusivo de la Iglesia. Esos silencios yo los vi —y otros los sufrieron— en las aulas y despachos universitarios.


El espejo universitario

La universidad española tiene su propio historial:

Casos documentados

  • Universidad de Barcelona: 14 mujeres denunciaron por carta al rector coerción y abuso de poder del catedrático Ramón Flecha (El País, 2025).

  • Complutense de Madrid: investigación a Carlos Monedero por denuncia de acoso sexual (Infobae, 2025).

  • Universidad de Salamanca: profesor expedientado tras una década de denuncias de alumnas extranjeras (El País, 2019).

  • Universidad de La Laguna: un profesor admitió abusos a siete alumnas y aceptó 21 meses de cárcel (El Día, 2021).

  • Cataluña: 28 docentes suspendidos por acoso sexual o laboral en cinco años (Ara, 2024).

Cifras y patrones

  • Entre un 8 % y un 23 % del alumnado español reconoce haber sufrido acoso en la universidad (Scielo, 2021).

  • Si esos protocolos funcionaran de verdad, esas cifras bajarían. Pero no bajan.

  • Patrones recurrentes:

    • Despachos cerrados = riesgo abierto.

    • Dependencia académica = arma de coerción.

    • Protocolos bonitos = silencios feos.

    • Justicia penal = archivo fácil.

    • Justicia universitaria = sanción leve.

¿Dónde están los editoriales de Ríos Carratalá denunciando este silencio académico?

El ámbito político

Y si miramos más allá de la universidad, el silencio no desaparece: cambia de traje.

  • Íñigo Errejón: denunciado por acoso sexual por la actriz Elisa Mouliaá (HuffPost, 2025) y por tocamientos en Castellón (Cadena SER, 2024).

  • Cristina Fallarás lo definió como “la punta del iceberg” de un patrón de impunidad (AS, 2025).

  • José Luis Ábalos, en otro plano, usó su tribuna pública para difamar a mi padre, repitiendo sin contraste las falsedades académicas de RC. La alianza entre política y academia se convierte así en fábrica de bulos con sello institucional.

No me sorprende: sé de casos en el Ayuntamiento de Córdoba, protagonizados por políticos electos, algunos mencionados y alabados por Ríos Carratalá—que no detallo aquí por respeto y posible implicación de personas conocidas—, “voz populi” en la ciudad, donde también hubo abusos de poder, encubrimientos y silencios cómplices.
Nadie levantó la voz. Los “protocolos de integridad” tampoco sirvieron.
La política, igual que la universidad, tampoco está libre de manchas, aunque algunos prefieran mirar solo hacia la Iglesia.


Conclusión

Si Ríos Carratalá quiere hablar de silencios encubridores, que tenga la valentía de mirar también al espejo universitario y político (además de a sí mismo, ¿seguro que no silencia nada?).
La pederastia y el acoso no tienen monopolio clerical:
son abusos de poder que se repiten donde hay jerarquías y miedo.

Pero claro, señalar a la Iglesia es rentable: da titulares, refuerza ideologías y evita incomodidades.
Denunciar la universidad propia o a los políticos afines sería más arriesgado.
Su “rigor” es selectivo, su crítica parcial y sus silencios tan cómplices como los que denuncia.


📚 Fuentes consultadas

  • Scielo (2021). El acoso sexual en la universidad: la visión del alumnado.

  • Infobae (2025). La Fiscalía archiva una segunda denuncia contra Monedero.

  • El País (2025). 14 mujeres denuncian abuso de poder en la Universidad de Barcelona.

  • El Día (2021). Profesor de La Laguna admite abusos a siete alumnas.

  • Ara (2024). 28 docentes suspendidos en universidades catalanas por acoso sexual o laboral.

  • HuffPost (2025). Elisa Mouliaá denuncia acoso sexual de Íñigo Errejón.

  • Cadena SER (2024). Errejón investigado por tocamientos en Castellón.

  • AS (2025). Fallarás: el caso Errejón es solo la punta del iceberg.


miércoles, 8 de octubre de 2025

CALABUCH, LOS TOROS Y EL SESGO DE UN ARTICULISTA MEDIOCRE

 


Fragmento destacado de RC

“Vista la tauromaquia en las tres películas, rodadas casi simultáneamente en pleno franquismo, es obvio que quienes rechazamos la «fiesta nacional» por múltiples razones también podemos encontrar referentes en este pasado de hambre y miseria, donde hacerse torero, boxeador o algo similar era la única forma de «triunfar»… La alternativa a ese triunfo, a menudo imposible, era ser un hambrientito, aguantar las burlas de quienes acudían a las corridas bufas o, en el mejor de los casos, ir de pueblo en pueblo con una vaquilla que corría el riesgo de caer resfriada.”

Comentario crítico inicial

Fuente: www.almendron.com
  1. De catedrático a articulista mediocre
    Lo que se anuncia como reseña cinematográfica acaba en sermón moralizante, de trazo grueso, donde todo se explica desde la “España franquista de hambre y miseria”. La dictadura, sí, pero sin una palabra sobre lo que la antecedió.

  2. El tópico del “triunfo imposible”
    Convertir el hambre de posguerra en caricatura social es cómodo, pero ignora la pluralidad de trayectorias vitales: unos fracasaron, otros emigraron y construyeron futuro, y otros progresaron en España a base de sacrificio y pluriempleo.

  3. El uso oportunista de la tauromaquia
    Hoy es rentable presentarse como anti-taurino para parecer progresista. Ríos usa esa moda como lente retroactiva para leer películas de Berlanga y condenar una época entera.

  4. El olvido del caso Miguel Hernández
    Resulta llamativo que se use la tauromaquia como metáfora de miseria, cuando Miguel Hernández fue un gran aficionado a los toros: escribió biografías para la obra de Cossío, firmaba cartas como “su taurino y gran amigo”, y llegó a comenzar una obra de teatro titulada El torero más valiente. El toro fue en su poesía símbolo de amor, pasión y destino humano. Retorcer ahora esa afición para que encaje con la sensibilidad actual es puro trilerismo cultural.


Réplica narrativa crítica: Calabuch, los toros y el sesgo de un articulista mediocre”

El 25 de abril de 2023, Ríos Carratalá publicó su entrada sobre Calabuch de Berlanga. Bajo el pretexto de analizar la tauromaquia en el cine, la pieza termina siendo un panfleto más contra el franquismo. Lo hemos visto repetido en casi todos sus artículos de ese año: el catedrático ha abandonado la investigación seria para convertirse en articulista personal y mediocre, obsesionado en subrayar las miserias de la dictadura sin preguntarse jamás qué condujo a aquella tragedia.

En su esquema binario, los españoles de la época parecen reducidos a dos papeles: toreros de hambre o boxeadores sin futuro. Una caricatura que ignora realidades mucho más complejas. Mi propio padre sacó adelante a su familia con esfuerzo, pluriempleo y estudio, no con favores del Régimen como inventa Ríos. Mi abuelo pagó con su vida por ser discordante con los que se proclamaban demócratas. Y tantos otros marcharon al exilio y prosperaron, como un primo hermano de mi padre que, sin ayuda de nadie, levantó en Caracas una fábrica de alpargatas. ¿Dónde queda todo eso en el relato plano del catedrático?

El colmo es usar la tauromaquia como símbolo de atraso, cuando Miguel Hernández —su poeta fetiche— fue un gran aficionado y partícipe en la obra monumental de Cossío. Su amistad con él, sus biografías de toreros y sus poemas con el toro como emblema lo confirman. Hoy, como esa afición “no cuadra” con la narrativa progre, algunos reinterpretan sus versos para que signifiquen lo contrario. Eso no es historia ni literatura: es manipulación al servicio de la moda.

Así, Calabuch se convierte en excusa para un sermón ideologizado, donde el rigor brilla por su ausencia y la crítica cultural degenera en propaganda.



📚 Referencias sobre Miguel Hernández y la tauromaquia



lunes, 6 de octubre de 2025

LA REPRESIÓN FRANQUISTA Y NOS VEMOS EN CHICOTE (II): RETINA SELECTIVA Y MEMORIA SESGADA

 

Título original de RC: El fusilamiento del maestro y poeta Jesús Menchén (1912-1939)
Fecha: viernes, 17 de enero de 2025
Enlace: https://varietesyrepublica.blogspot.com/2025/01/el-fusilamiento-del-maestro-y-poeta.html


Comentario crítico inicial

  1. La objetividad proclamada y la parcialidad practicada
    RC predica que el historiador debe mantener distancia, pero su práctica demuestra lo contrario: distancia con unas víctimas y militancia con otras.

  2. Retina encallecida… solo para un lado
    Confiesa la fatiga emocional tras leer centenares de sumarios militares franquistas, pero ignora la retina desgarrada de quienes revisan las atrocidades cometidas en la retaguardia republicana.

  3. El victimismo de parte
    Transforma su emoción personal en bandera académica, pero solo para un bando. Así fomenta un relato maniqueo: unos buenísimos y legales frente a otros malísimos y arbitrarios.

  4. El efecto social del sesgo
    Lo que publica un catedrático no se queda en el aula: su relato parcial alimenta a fanáticos que en medios y redes sociales se sienten legitimados para lanzar insultos y amenazas, reproduciendo el odio que él mismo selecciona y blanquea.


Réplica narrativa crítica: Retina selectiva y memoria sesgada”

El 17 de enero de 2025, Ríos Carratalá publicó la entrada El fusilamiento del maestro y poeta Jesús Menchén. Allí volvió a presumir de haber leído centenares de sumarios militares franquistas, de haber forjado una “retina encallecida” y de emocionarse todavía ante los documentos de aquella represión.

Nadie discute la brutalidad de la represión franquista ni el derecho de sus víctimas a ser recordadas. Lo indignante es la asimetría con que maneja esa emoción académica. Porque mientras exhibe su sensibilidad hacia unas víctimas, despacha con silencio, relativización o simple olvido las atrocidades cometidas en la retaguardia republicana.

¿No merecen atención el martirio de miles de religiosos asesinados entre 1936 y 1939? ¿No cuentan los testimonios de sacerdotes, monjas y laicos fusilados, vejados o “paseados” sin juicio alguno? ¿No estremecen las matanzas de Paracuellos, con centenares de presos ejecutados sin proceso? ¿No desgarran, entre otras, las pruebas de las “checas” de Madrid y Barcelona, con torturas, saqueos y asesinatos sumarios? (A mí sí me produce estremecimiento todo ello en general, pero irremediablemente ver cuanto padeció mi familia, sin estar metidos en política… y, tras mis investigaciones, ahora conocer la realidad que vivieron y comprender muchas de sus actuaciones en vida).

Todo eso está documentado: en la Causa General, en estudios de Julius Ruiz sobre Madrid, en el clásico de Antonio Montero, en las síntesis de Paul Preston o Beevor, que reconocen la ferocidad de la violencia republicana. El problema no es la falta de fuentes: el problema es la voluntad selectiva de quien se presenta como objetivo.

Lo más grave es que ese sesgo no se queda en un simple debate académico: tiene consecuencias muy reales. Cuando un catedrático lanza la piedra de un relato parcial, pronto aparecen fanáticos que la recogen. Yo mismo lo he padecido. Ríos Carratalá presentó sus falsedades y manipulaciones sectarias como si fueran “documentos históricos”, y cuando señalé que no coincidían con la verdad de esos mismos documentos, él lo convirtió en una campaña contra mí, afirmando que yo pretendía “borrar documentos históricos” y “reescribir la historia”. Nada más lejos: lo único que hice fue protestar contra sus tergiversaciones. A raíz de esa maniobra y de su eco en algunos medios, he recibido insultos y amenazas en prensa y en redes, incluso con alusiones explícitas a repetir las mismas barbaridades que en su día cometieron los llamados “buenistas” republicanos, hechos que he tenido que denunciar ante los Tribunales de Justicia. Así funciona la coartada académica: legitima odios antiguos y reactiva trincheras que deberían haber quedado cerradas hace mucho.

Eso es lo que Ríos Carratalá nunca reconoce: que su “historia comprometida” no es inocua. Que al elegir qué víctimas merecen emoción y cuáles silencio, alimenta un sectarismo que prolonga el trauma y da munición a quienes sueñan con ejercer la revancha.

En definitiva: la represión franquista fue brutal, pero no convierte a la República en ejemplo de bondad legalista. El dolor no tiene dueño, ni ideología, ni bandera. Y con sesgos como los de Ríos Carratalá, en vez de educar para la reconciliación, se alimenta el guerracivilismo de trinchera que tanto daño ha hecho y hace a este país… y a familias como la mía, que ya sufrieron aquellas barbaridades en carne propia.

CUANDO HABLAN DE “LOS SECRETARIOS”, ESTÁN HABLANDO DE MI PADRE

 CUANDO HABLAN DE “LOS SECRETARIOS”, ESTÁN HABLANDO DE MI PADRE Título original: Una delación contra los periodistas republicanos en Madr...