Cuando defenderse pasa a ser “censurar”
Hay
un momento especialmente revelador en cualquier controversia pública.
No
es cuando surge el error.
Ni siquiera cuando se difunde.
Es
cuando, al intentar corregirlo,
quien lo señala pasa a
ser señalado.
Ahí
es donde el problema deja de ser informativo.
Y
pasa a ser narrativo.
El giro
Hasta cierto punto, todo seguía una lógica
conocida:
·
se formula una interpretación
·
se difunde
·
se amplifica
Pero cuando aparecen objeciones
documentadas, cabría esperar otra reacción:
👉 revisión
👉 matización
👉 contraste
Sin embargo, en este caso ocurrió algo
distinto.
El relato no se corrigió.
Se transformó.
De cuestionado a cuestionador
A partir de ese momento, el foco dejó de
estar en el contenido de las afirmaciones.
Pasó a situarse en quien las cuestionaba.
Y así comenzó un proceso sutil, pero muy
eficaz:
·
pedir rigor o que se quiten artículos con
falsedades pasó a interpretarse como obstaculizar
·
solicitar rectificación pasó a considerarse
presión
·
defender el honor pasó a describirse como
intento de censura
La construcción del “censor”
En ese contexto, el papel de Juan Antonio
Ríos Carratalá adquiere una nueva dimensión.
No ya como autor de un relato discutido,
sino como protagonista de una narrativa distinta:
👉 la del investigador que se
presenta como amenazado
Y para que esa narrativa funcione, necesita
un elemento clave:
👉 la existencia de un supuesto
censor
Ese papel es el que se atribuye, de forma
implícita o explícita, a quien cuestiona las afirmaciones.
“Quiere borrar la historia”
Dentro de esa construcción aparecen
afirmaciones especialmente significativas:
·
que se pretende borrar archivos
·
que se quiere eliminar la memoria histórica
·
que se intenta silenciar la investigación
Son expresiones de gran carga simbólica.
Pero plantean una pregunta inevitable:
👉 ¿qué se ha solicitado realmente? (Aquellos que se han pronunciado
¿sabían qué se solicitó o se dejaron llevar por lo que dijera el autor del
relato?…)
Porque existe una diferencia esencial
entre:
·
cuestionar la veracidad de una afirmación
·
y pretender eliminar el conocimiento
histórico
Confundir ambos planos no es un error
menor.
Es un desplazamiento deliberado del debate.
La etiqueta como respuesta
Cuando el debate se desplaza, también
cambian las herramientas.
La argumentación deja paso a la etiqueta.
Y así aparecen calificativos que simplifican
y polarizan:
·
“fascista”
·
“franquista”
·
“enemigo de la memoria”
No importa tanto su precisión.
Importa su efecto:
👉 desactivar la crítica
👉 desacreditar al interlocutor
👉 evitar el fondo del asunto
El efecto sobre terceros
Este tipo de narrativa no solo afecta a las
partes directamente implicadas.
Tiene consecuencias más amplias.
Incluso resoluciones judiciales pueden ser
interpretadas o descalificadas en clave ideológica cuando no coinciden con el
relato dominante.
Y entonces ocurre algo preocupante:
👉 el criterio deja de ser jurídico
👉 para convertirse en identitario
De la defensa al ataque
En este punto, la inversión es completa.
Quien intenta aclarar:
👉 pasa a ser acusado
Quien plantea dudas:
👉 pasa a ser sospechoso
Quien aporta documentos:
👉 pasa a ser problemático
Y así, el debate deja de girar en torno a
los hechos.
Y empieza a girar en torno a las personas.
El mecanismo
El proceso, observado en conjunto, sigue
una lógica clara:
1. Se
formula un relato
2. Se
amplifica
3. Se
cuestiona
4. Se
redefine la crítica como ataque
5.
Se construye una figura de “amenaza”
Y con ello, el relato inicial queda
protegido.
No porque se haya demostrado.
Sino porque se ha blindado.
Libertad de expresión… ¿para quién?
En todo este proceso aparece de forma
recurrente una idea:
👉 la defensa de la libertad de
expresión
Pero conviene detenerse un momento.
Porque la libertad de expresión no consiste
solo en poder afirmar.
También implica aceptar la posibilidad de
ser cuestionado.
Cuando una de esas dos partes desaparece,
el equilibrio se rompe.
Y entonces ya no hablamos de libertad.
Hablamos de privilegio.
Conclusión
El problema no es que existan relatos.
Ni siquiera que se defiendan.
El problema surge cuando:
👉 cuestionarlos se convierte en
delito simbólico
👉 y defenderse se interpreta como agresión
Porque en ese punto, la verdad deja de ser
el objetivo.
Y pasa a serlo la protección del relato.


