jueves, 12 de febrero de 2026

IMPUTACIÓN OBJETIVA FALSA Y AUSENCIA DE RECTIFICACIÓN PROPORCIONAL: ¿NEGLIGENCIA GRAVE O DOLO EVENTUAL?

 

El 11 de febrero de 2026, en la entrada titulada “Tres jornaleros condenados a muerte”, publicada en el blog Varietés y República¹, Juan Antonio Ríos Carratalá escribe:

El 30 de noviembre tiene lugar la vista previa bajo la presidencia del comandante Pablo Alfaro, el firmante de la condena a muerte de Miguel Hernández…”

La afirmación es inequívoca: el firmante fue el comandante Pablo Alfaro.

Si eso es así —y lo es— la consecuencia jurídica también lo es:

Antonio Luis Baena Tocón no firmó ninguna condena a muerte.

Y, sin embargo, durante años su nombre quedó vinculado públicamente al proceso que terminó en la condena capital de Miguel Hernández.

En Derecho civil (art. 7.7 LO 1/1982), constituye intromisión ilegítima en el honor la imputación de hechos falsos susceptibles de menoscabar la reputación.

La atribución de responsabilidad en una condena a muerte es, por definición, gravemente lesiva.



I. No fue una palabra aislada: fue un encuadre sostenido

El problema no reside en una frase concreta, sino en un encuadre reiterado.

En diversas entradas de su blog y en su libro Nos vemos en Chicote, Ríos Carratalá integró a Antonio Luis Baena Tocón dentro de un relato más amplio sobre los llamados “funcionarios franquistas” de la posguerra: piezas de un engranaje que, según su tesis, actuaban voluntariamente en busca de ascensos, beneficios económicos o promoción profesional.

Ese es el “engranaje” al que aquí se alude: no el mecanismo técnico de una sentencia concreta, sino la construcción ideológica de una red voluntaria de colaboradores del régimen.

Los hechos documentales son otros:

  • No era funcionario civil en ese momento.

  • Cumplía servicio militar obligatorio.

  • No se ofreció voluntariamente.

  • No obtuvo ascensos derivados de esa función.

  • No recibió beneficio económico alguno.

  • No perteneció a tribunal alguno.

  • No tuvo competencia decisoria.

Fue secretario adscrito a un juez instructor durante parte de su servicio militar. Nada más.


II. Las publicaciones concretas

Entre las entradas en las que se mantuvo la asociación de su nombre con el proceso contra Miguel Hernández pueden citarse:

  • Una sentencia” (septiembre 2021)²

  • El TSJCV desestima el recurso de un hijo del alférez Baena Tocón” (13 junio 2024)³

  • La memoria de Miguel Hernández y la vista oral en Cádiz” (16 octubre 2024)⁴

En ellas se le presenta como secretario en el marco del proceso, se enlazan titulares que hablan de “participación en la condena” y se consolida la asociación entre su nombre y la pena capital sin una explicación competencial clara que evitara la confusión.

El resultado fue previsible: la identificación pública entre su nombre y la condena.


III. Amplificación mediática

El encuadre fue amplificado por distintos medios:

El Salto (20 marzo 2024):

el secretario judicial que firmó la pena de muerte de Miguel Hernández”⁵

ElDiario.es (14 junio 2024):

participó en el proceso franquista que condenó a muerte al poeta…”⁶

El País (14 junio 2024):

participó en la instrucción del proceso que acabó con una condena a muerte”⁷

Wikipedia:

participación en el tribunal que condenó a muerte al poeta Miguel Hernández”⁸

La secuencia es clara: participación → proceso → condena → muerte.

Para el lector medio, esa cadena no distingue entre secretario instructor y órgano decisor. La asociación queda fijada.


IV. La diferencia competencial no es un matiz

Desde el punto de vista jurídico:

  • El secretario instructor no dicta sentencia.

  • No preside consejo de guerra.

  • No firma penas capitales.

  • No integra órgano decisor.

La firma corresponde al presidente del tribunal.

Confundir función administrativa con competencia jurisdiccional no es un detalle técnico. Es una diferencia estructural.


V. Doctrina del Tribunal Supremo

El Tribunal Supremo ha reiterado que la protección del honor no se limita a afirmaciones literalmente falsas, sino también a aquellas imputaciones que, por su contexto, resulten inequívocamente lesivas.

Asimismo, ha señalado que la veracidad constitucionalmente exigible implica una diligencia razonable en la comprobación de los hechos cuando éstos pueden afectar gravemente a la reputación ajena.

En este caso:

  • La diferencia competencial era básica.

  • La carga simbólica del proceso de Miguel Hernández era evidente.

  • La previsibilidad del daño reputacional era elevada.

La diligencia exigible debía ser especialmente rigurosa.


VI. Negligencia grave: persistencia pese a la advertencia

No estamos ante una mera imprecisión inicial.

La atribución fue formalmente cuestionada y documentadamente refutada, aportándose archivos, documentación competencial y resoluciones judiciales que confirmaban la inexistencia de pertenencia a tribunal alguno.

Pese a ello, el encuadre se mantuvo en el tiempo y fue amplificado en publicaciones y medios.

Cuando una imputación potencialmente lesiva es advertida, acreditada su inexactitud y aun así se mantiene sin rectificación expresa y proporcional, la hipótesis de negligencia grave adquiere solidez jurídica.

No se trata aquí de atribuir intencionalidad subjetiva, sino de constatar que la persistencia en la difusión, pese a la advertencia y a la disponibilidad de documentos oficiales, refuerza la exigencia de responsabilidad.


VII. La rectificación pendiente

Ahora se identifica correctamente al comandante Pablo Alfaro como firmante.

Sin embargo, no consta:

  • rectificación formal,

  • reconocimiento explícito del error previo,

  • aclaración pública proporcional al alcance de la difusión anterior.

Cuando la difusión ha sido amplia y reiterada, la rectificación debe ser proporcional.


Conclusión

Si el firmante fue Pablo Alfaro, como ahora se afirma expresamente, Antonio Luis Baena Tocón no firmó ninguna pena de muerte.

No perteneció a tribunal alguno.
No fue funcionario voluntario para realizar tareas represivas.
No obtuvo beneficio alguno.
No ejerció competencia decisoria.

La historia admite interpretación.
El honor no admite imputaciones inexactas.

Cuando la diferencia competencial era elemental, cuando la advertencia fue expresa y cuando los documentos estaban disponibles, mantener la asociación lesiva no puede reducirse a un simple desacuerdo académico y mucho menos manteniendo lo .

La veracidad no es opcional.
Es una obligación.

Y la obligación, cuando se incumple, genera responsabilidad.


Notas

¹ https://varietesyrepublica.blogspot.com/2026/02/tres-jornaleros-condenados-muerte.html
² https://varietesyrepublica.blogspot.com/2021/09/una-sentencia.html
³ https://varietesyrepublica.blogspot.com/2024/06/el-tsjcv-desestima-el-recurso-de-un.html
https://varietesyrepublica.blogspot.com/2024/10/la-memoria-de-miguel-hernandez-y-la.html
https://www.elsaltodiario.com/memoria-historica/derecho-olvido-secretario-judicial-pena-muerte-miguel-hernandez
https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/alferez-participo-condena-muerte-miguel-hernandez-pierde-guerra-universidad-alicante_1_11447029.html
https://elpais.com/espana/comunidad-valenciana/2024-06-14/la-justicia-rechaza-de-nuevo-suprimir-un-articulo-sobre-un-alferez-que-participo-en-la-condena-a-miguel-hernandez.html
https://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_Luis_Baena_Toc%C3%B3n

lunes, 9 de febrero de 2026

GRAZALEMA: AGUA, MEMORIA Y VERDAD DESBORDADA

 

Grazalema no es para mí solo un punto en el mapa de la Sierra de Cádiz. Es un lugar donde el paisaje y la memoria se entrelazan con mi propia historia familiar. Sus calles blancas, pulcras y silenciosas al amanecer; su aire húmedo cargado de montaña; su gente sencilla, trabajadora y hospitalaria; su empeño colectivo por cuidar cada rincón del pueblo… Todo ello ha dejado en mí una huella imborrable.

Allí llevé a mis padres en más de una ocasión. Allí compartimos comidas, conversaciones y paseos que hoy guardo como tesoros. Grazalema forma parte de ese mosaico de pueblos serranos —Arcos, Bornos, Ubrique, Villaluenga del Rosario— que siempre estuvieron presentes en los relatos de mi familia. Mi abuela Isabel, nacida en Ubrique y criada entre Villaluenga y Grazalema, evocaba esos lugares como quien habla de una patria íntima. Recuerdo especialmente acompañar de joven a mi padre a visitar a unas señoras mayores en Arcos, entre ellas mi tía abuela Gertrudis, hermana de mi abuelo paterno. Eran encuentros llenos de dignidad, memoria y afecto.

Ese vínculo personal hace que lo ocurrido recientemente en Grazalema me haya conmovido de manera especial.

Un pueblo asentado sobre un mundo subterráneo

Grazalema descansa sobre una roca calcárea horadada por galerías subterráneas, cavidades y acuíferos que durante siglos han canalizado el agua de lluvia como un inmenso sistema oculto. Este rasgo geológico explica por qué es —y siempre ha sido— uno de los lugares más lluviosos de España.

Pero lo que ha sucedido en las últimas semanas ha desbordado toda previsión.

Durante días y meses de precipitaciones continuas, el agua fue infiltrándose en el subsuelo sin descanso, llenando hasta el límite esos gigantescos depósitos naturales. Nadie veía el proceso completo: todo ocurría bajo tierra, fuera de la vista, como una tensión silenciosa que crecía sin que se percibiera su magnitud real.

Hasta que el sistema colapsó.

Las cavidades ya no pudieron absorber más y la montaña “reventó” por lugares inesperados. El agua brotó por grietas, paredes y suelos; penetró en viviendas; transformó calles en torrentes; y corrió con fuerza hacia los pueblos situados aguas abajo hasta alcanzar finalmente el Atlántico. La evacuación total de Grazalema fue una decisión dura, pero necesaria para evitar tragedias mayores.

La naturaleza mostró su poder inmenso e indomable. Lo que parecía bello y acogedor se convirtió de pronto en peligro.



El símil: de la lluvia física a la lluvia de falsedades

Este fenómeno natural me ha llevado inevitablemente a pensar en otra tormenta que llevo padeciendo desde hace más de una década y más concretamente desde 2019: la tormenta de falsedades, difamaciones e injurias iniciada por el señor Juan Antonio Ríos Carratalá, catedrático de Literatura Española de la Universidad de Alicante, contra mi familia, mi abuelo y, muy especialmente, mi padre.

Al principio, como la primera lluvia sobre Grazalema, solo detecté en 2019 una parte del daño. Presenté mi queja con respeto y fundamento, confiando en que bastaría señalar la existencia de falsedades para que se rectificara.

Sin embargo, lejos de corregir sus afirmaciones, el señor Ríos Carratalá me ofreció una versión aparentemente amable, conciliadora y educada, pero cínica y con claros intentos de engaño, muy distinta de la que casi al mismo tiempo trasladó a los medios de comunicación.

Ante mí, moduló su tono; ante la prensa, construyó un relato totalmente falso, presentándome como alguien supuestamente contrario a la libertad de expresión, favorable a la censura de épocas pasadas, empeñado en “reescribir la historia” y decidido a “borrar archivos históricos”, a lo que sucederían otras narrativas...

Con esa narrativa pública, multiplicó sus publicaciones, entrevistas y apoyos, expandiendo aún más un relato plagado de tergiversaciones. Lo que empezó como una filtración se convirtió en un torrente. Lo que parecía puntual se reveló estructural.

Esta doble versión —lo que me dijo en privado y lo que declaró públicamente— la expongo con detalle en mi entrada:
https://antonioluisbaenatocon.blogspot.com/2025/08/la-farsa-de-la-colaboracion-2019.html

Igual que el agua se fue acumulando en las galerías ocultas de la sierra, las falsedades se fueron acumulando en libros, artículos, conferencias, blogs y medios de comunicación. Y, como en Grazalema, cuando el sistema ya no pudo sostener tanto peso, todo terminó desbordándose sobre nosotros: sobre nuestro nombre, nuestra dignidad y nuestra memoria familiar.

Mientras la naturaleza descargaba rayos, truenos y granizo, el señor Ríos Carratalá desplegaba su propia tormenta discursiva, movida —a mi juicio— no solo por un ego narcisista incapaz de admitir error alguno, sino también por un fanatismo ideológico ciego que le impide mirar la realidad de frente. En su práctica pública, el rigor deja de ser un criterio universal de verdad y se convierte en un instrumento selectivo al servicio de su sectarismo guerracivilista: exigente con los demás, indulgente consigo mismo. Su estrategia no fue escuchar, verificar ni rectificar (sabía perfectamente el relato que había construido), sino avasallar: más textos, más descalificaciones, buscó más apoyos corporativos y más eco mediático.

Lo más doloroso no ha sido solo su conducta, sino la actitud de muchos medios que, pese a sus “bonitos códigos éticos”, reprodujeron sus afirmaciones sin contraste alguno. La desinformación se convirtió así en una corriente descontrolada que arrastró consigo matices, pruebas y verdad.

Las secuelas: agua y mentira dejan huella

También aquí el paralelismo con Grazalema es inquietante.

Aunque el temporal pase y el pueblo vuelva poco a poco a la normalidad, es evidente que quedarán secuelas difíciles de borrar: daños en viviendas, infraestructuras resentidas, recuerdos de miedo y desalojo, y una sensación de vulnerabilidad que acompañará a sus habitantes durante años.

Del mismo modo, en el caso de mi familia soy plenamente consciente de que las falsedades difundidas no se evaporan sin más. Aunque la verdad se abra camino, quedan rastros, dudas sembradas, ecos mediáticos y heridas morales que no se reparan fácilmente.

El daño, por tanto, es mucho mayor y más profundo de lo que a veces se expresa en frío: no es solo una disputa intelectual, sino una afectación real a la reputación, a la memoria de los nuestros y a nuestra vida personal.


Dos lecciones que convergen

Lo sucedido en Grazalema y lo sucedido con mi familia comparten una misma enseñanza:

  1. Lo que se acumula sin vigilancia termina estallando.
    En la sierra, fue el agua. En nuestro caso, fueron las mentiras
    mantenidas.

  2. La prevención exige mirar bajo la superficie.
    No basta con ver la lluvia caer; hay que comprender lo que ocurre bajo tierra.
    No basta con leer titulares; hay que verificar documentos y hechos.

  3. La reparación requiere responsabilidad.
    En Grazalema, la reparación pasa por proteger a las personas y el territorio.
    En nuestro caso, pasa por reconocer errores, rectificar públicamente y respetar la verdad.

Grazalema en mi memoria

Hoy, al pensar en Grazalema, donde aún tengo familiares, como en otros pueblos afectados y a los que me desplacé para contrastar con ellos y conocer mejor la parte de memoria familiar que desconocía, siento una mezcla de tristeza por lo vivido y de esperanza por su capacidad de recuperación.

Así como confío en que la sierra sanará con el tiempo, también confío en que la verdad sobre mi padre y mi abuelo acabará abriéndose paso frente a la marea de falsedades que hemos padecido.

Porque ni la montaña ni la memoria familiar merecen ser sepultadas por torrentes de agua o de mentira.



NOTA FINAL DE TRANSPARENCIA Y ENLACES RELACIONADOS

Para quien desee profundizar en el origen y desarrollo del conflicto:

Página principal de documentación y archivo familiar:
https://www.antonioluisbaenatocon.es



martes, 3 de febrero de 2026

“1936: LA GUERRA QUE TODOS PERDIMOS —Y LA RETÓRICA DE QUIENES PREFIEREN LA FÁBULA AL ARCHIVO”

 

La polémica sobre las jornadas “1936: La guerra que todos perdimos”, organizadas por Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra en Sevilla, ha transcurrido no tanto en torno a hechos o documentos históricos, sino en el terreno pantanoso de la descalificación personal y las metáforas culturales.


En ese clima, el catedrático Juan Antonio Ríos Carratalá publicó en su blog una entrada titulada Los matones también mueren, que lejos de aportar análisis historiográfico sobre la Guerra Civil Española se queda en la descripción moral de personajes y en el recurso continuado al lenguaje figurado.


Este artículo desmonta esas estrategias retóricas y sitúa la discusión donde debe estar: en la evidencia documental, la memoria histórica y el respeto a quienes sufrieron la tragedia de 1936-39.





1) La controversia de las jornadas y mi posición

Las jornadas buscaban abrir un espacio plural de reflexión sobre el legado de la guerra de 1936. El título —“La guerra que todos perdimos”— fue interpretado por algunos como equidistancia moral. Sin embargo, esa formulación tiene sentido si se entiende desde la dimensión humana: España perdió más de lo que ganó, y mi familia lo sabe porque vivió pérdidas irreparables de seres queridos, ruina y estigma.

Esa interpretación humana no borra responsabilidades políticas ni relativiza el conflicto militar; nombra el daño que la sociedad sufrió en su conjunto.


2) ¿Qué hace Ríos Carratalá?

El catedrático de Literatura Española de la universidad de Alicante, Juan Antonio Ríos Carratalá, ha publicado una nueva entrada en su blog, titulada Los matones también mueren

En otras ocasiones ha afirmado que su blog sirve de “investigación” y apoyo para la elaboración de futuros libros suyos (tal y como declaró en sesión judicial en Cádiz, el 14 de octubre de 2024), su texto del 30 de enero de 2026 no contiene análisis de fuentes históricas sobre 1936. En cambio, lo que encontramos son descripciones, metáforas y calificativos dirigidos al novelista Pérez-Reverte y a otros personajes del debate cultural contemporáneo.


3) Citas literales de Ríos Carratalá

A) Metáforas cinematográficas

En lugar de trabajar con documentos o hechos, Ríos recurre a una película del Oeste:

“El desigual enfrentamiento ... me ha recordado un episodio de la magnífica película Little Big Man (1970) (…).”

Esto sitúa a la polémica en una narración imaginaria donde los personajes se asemejan a vaqueros legendarios —no como actores reales de un proceso histórico— y enrarece cualquier intento de análisis serio.

B) Calificativos hacia Pérez-Reverte

Ríos Carratalá no discute ideas; etiqueta y personaliza. Algunas de sus frases textuales:

“Ahora, después de acusar al colega como ignorante, sectario e infantiloide…”
“… Viejo, incluso viejuno, es el argumento de autoridad cuartelaria.”
“… La coherencia de un papel monocorde y previsible le lleva a una dureza que, superada una cierta edad, es patética…”

Estas no son observaciones analíticas, sino juicios personales convertidos en evidencia retórica. No hay referencia a una sola fuente documental de la Guerra Civil Española en todo el texto.

C) Lógica del western moral

Ríos Carratalá describe a Pérez-Reverte como un pistolero vetusto que reparte “mandobles verbales”:

“Algo similar le ha sucedido a Arturo Pérez Reverte, acostumbrado a repartir mandobles verbales a diestro y siniestro…”

Ese tipo de lenguaje —más propio de la literatura del Oeste que del estudio histórico— revela una elección deliberada: sustituir análisis por metáforas y personajes por caricaturas.


4) Historiografía vs retórica

La historia seria opera con documentos, archivos, hemerotecas, testimonios y métodos críticos. Lo que Ríos Carratalá ofrece en su blog es una novela moral encubierta, donde los interlocutores se convierten en arquetipos —el pistolero viejo, el matón venido a menos, el dignatario legionario— y donde la Guerra Civil es meramente el telón de fondo de un duelo imaginario.

Ese enfoque puede tener valor literario o humorístico, pero no puede sustituir al análisis histórico riguroso.


5) Sobre la expresión “la guerra que todos perdimos”

Pérez-Reverte y Vigorra pretendían generar un espacio de debate, Ríos optó por desacreditar antes de escuchar: se caricaturiza al adversario y se construye una versión moral de la historia. Este patrón se repite en otros debates culturales contemporáneos: primero se etiqueta, luego se pontifica.

La frase no niega que hubo vencedores y vencidos. Lo que señala es que el coste humano y moral del conflicto afectó a toda la sociedad. Esta interpretación no es equidistancia moral barata, sino un reconocimiento del daño colectivo.

Que algunos pretendan apropiarse de esa idea para atacarla desde lugares morales o culturales sin entrar a fondo en la historia es parte del problema que estamos viviendo: el ruido sirve de coartada para evitar el rigor.


6) Resumen crítico

La memoria histórica no se reconcilia con insultos ni con metáforas de vaqueros. Se reconstruye con pruebas, documentos, testimonios y, sobre todo, con respeto por quienes vivieron el horror de la violencia política.

Reducir ese trabajo a una lucha de personajes imaginarios o a calificativos personales no solo es impropio de una investigación: es intimidatorio, distractor y profundamente miope.

Los adjetivos no sustituyen a los hechos.
Y la historia no se honra con fábulas;
se honra con verdad.


FUENTES Y ENLACES

1) Entrada de Ríos Carratalá, Los matones también mueren

Publicado el 30 de enero de 2026 en el blog Varietés y República.

👉 https://varietesyrepublica.blogspot.com/2026/01/los-matones-tambien-mueren.html?m=1

2) Mi propia entrada anteriormente publicada

👉 https://www.antonioluisbaenatocon.es/l/cuando-decir-la-verdad-se-castiga-de-perez-reverte-a-mi-propio-linchamiento-mediatico/


viernes, 30 de enero de 2026

CUANDO DECIR LA VERDAD SE CASTIGA: DE PÉREZ-REVERTE A MI PROPIO LINCHAMIENTO MEDIÁTICO

 En estos días hemos visto cómo las jornadas sobre la Guerra Civil organizadas por Arturo Pérez-Reverte (1936: la guerra que todos perdimos) han sido suspendidas tras presiones, amenazas y campañas de descrédito desde sectores de la izquierda y del activismo memorialista.

Más allá de la figura de Pérez-Reverte —con quien se puede discrepar legítimamente— el episodio revela algo inquietante: la tendencia a sustituir el contraste de ideas por la intimidación, la descalificación moral y la cancelación.

Un espacio incómodo se transforma en un “acto intolerable”.
Una discrepancia se convierte en “ofensa ética”.
Y quien no se somete al marco ideológico dominante es señalado como revisionista, reaccionario o enemigo de la democracia.

 No es un caso aislado: es un clima

La reacción contra el acto ha seguido un guion reconocible:

  • Renuncias públicas con alto contenido moralizante.

  • Campañas en redes sociales para deslegitimar el evento.

  • Presión institucional y mediática.

  • Y finalmente, la cancelación de un espacio legítimo.

Algunos lo celebran como una victoria política. Otros lo justifican como “responsabilidad democrática”. Pero el resultado práctico es claro: menos pluralismo, menos contraste y más miedo a salirse del guion.

Cuando la izquierda no debate: silencia

Paradójicamente, quienes se presentan como defensores de la libertad, la memoria y la justicia histórica reproducen dinámicas de señalamiento y linchamiento simbólico.

No refutan argumentos: deslegitiman personas.
No contrastan datos: imponen relatos.
No aceptan el disenso: lo penalizan.

Y eso —lo diga quien lo diga— no es cultura democrática: es cultura de la cancelación.


Por qué esto me resulta dolorosamente familiar

Lo ocurrido con Pérez-Reverte no me sorprende.

Llevo años sufriendo ataques, silenciamientos y campañas de descrédito, especialmente desde ámbitos ideológicos de izquierda, alimentados por la versión falsa difundida por Juan Antonio Ríos Carratalá en libros, blogs y medios de comunicación.

Falsedad doble en el caso Ríos Carratalá, catedrático de Literatura Española de la Universidad de Alicante:

  • Falsedad histórica: versión “incorrecta” (falsa) sobre Antonio Luis Baena Tocón.

  • Falsedad mediática: tergiversación pública de mi solicitud inicial (presentándola como “censura” o “borrado”), sin darme voz, “sin contraste y sin derecho a réplica”...

La falsedad no fue solo histórica. También fue mediática.

Conviene precisarlo: la falsedad no se limitó al relato sobre mi padre. También fue falsa —y decisiva— la versión que Ríos Carratalá trasladó a los medios sobre lo que yo pedí en un principio.

Yo no solicité “borrar” a nadie, ni “limpiar” nombres por motivos ideológicos, ni reescribir la historia.
Lo que pedí fue algo mucho más simple y legítimo: la retirada o rectificación de publicaciones concretas con afirmaciones falsas, y un tratamiento riguroso basado en contraste de fuentes.

Sin embargo, esa petición fue tergiversada mediáticamente —sin darme voz— y presentada como un supuesto intento de censura.
Rectificar falsedades pasó a interpretarse como “borrar la historia”.

Así se construyó un marco interesado que distorsionó el asunto desde su origen: se convirtió a quien pedía verdad en enemigo de la libertad, se sustituyó la discusión de los hechos por una caricatura moral y se legitimó el señalamiento público.

No solo se falsificó una biografía: se falsificó también mi posición, mi intención y mi derecho a réplica.


El patrón es el mismo

En mi caso:

  • Se difundió una versión falsa.

  • Se creó un clima hostil.

  • Se justificó el señalamiento en nombre de la “memoria”, la “ética” o la “democracia”.

  • Y se intentó que callara, me retirara o aceptara la humillación.

En el caso de Pérez-Reverte:

  • Se caricaturiza el acto como provocación.

  • Se presiona a los participantes.

  • Se siembra miedo reputacional.

  • Y se logra cerrar un espacio incómodo.

Distintas escalas. Misma lógica.

El problema no es Pérez-Reverte. Es el método.

Hoy es un escritor famoso.
Ayer fue un ciudadano defendiendo la memoria de su padre y de su abuelo.
Mañana será cualquiera que no repita el relato oficial.

El verdadero debate pendiente no es solo sobre la Guerra Civil.
Es sobre si aceptamos vivir en un país donde la izquierda más dogmática decide qué se puede decir, quién puede hablar y qué versión de la historia es tolerable.

Defender la verdad no debería convertirte en un enemigo

Yo no pedí privilegios. Pedí verdad, rigor y rectificación.
La respuesta fue hostilidad, tergiversación y ataques ideológicos.

Por eso lo de estos días no es solo una polémica cultural:
es un síntoma de un ecosistema donde la mentira útil se protege y la verdad incómoda se castiga.

Y ese ecosistema —lo sé por experiencia propia— hace daño real a personas reales.



Nota final de transparencia

Este texto se basa en experiencia personal, documentación histórica, resoluciones judiciales previas y un compromiso explícito con el rigor y la rectificación de errores factuales.

La defensa de la memoria no es censura. La verdad no es provocación.




Enlaces y fuentes periodísticas utilizadas


domingo, 25 de enero de 2026

CUANDO LA DELIMITACIÓN SE CONVIERTE EN COARTADA

 

Respuesta a “Los verdugos y las víctimas, de Laurence Rees” (20/01/2026)


FICHA DE ENTRADA

Entrada comentada: Los verdugos y las víctimas, de Laurence Rees
Fecha: martes, 20 de enero de 2026
Autor: Juan Antonio Ríos Carratalá
Enlace:
https://varietesyrepublica.blogspot.com/2026/01/los-verdugos-y-las-victimas-de-laurence.html

Tema: Justificación metodológica del reparto de víctimas y verdugos.
Objeto de la réplica: Examinar si la delimitación alegada funciona como criterio académico legítimo o como coartada retórica para un sesgo estructural.




1️. LA ESTRATEGIA: BLINDAJE METODOLÓGICO CON TONO DE SUPERIORIDAD MORAL

El autor despliega un blindaje preventivo: se presenta como investigador prudente, consciente de sus límites, respetuoso con la complejidad y ajeno a todo sesgo.

Por ejemplo:

“La tarea presupone delimitar la materia objeto de estudio, seleccionar los materiales accesibles y abarcar lo viable…”

Nada objetable en abstracto.
Pero lo relevante no es la declaración de principios, sino el resultado efectivo.

La neutralidad no se proclama.
Se demuestra en la práctica.


2️. CUANDO LA DELIMITACIÓN SIRVE PARA REPARTIR CULPAS

El autor insiste en que excluir ciertas víctimas no es ignorancia, sino coherencia metodológica:

“Aquello que queda fuera de un objetivo de investigación trazado con coherencia no es ignorado.”

El problema es que, mientras restringe el objeto factual, expande el juicio moral.

En otras palabras:

  • limita el campo empírico,

  • pero no limita la distribución de culpas,

  • ni la asignación estructural de verdugos y víctimas.

Se trata de una delimitación selectiva:
prudente con los hechos incómodos,
pero extraordinariamente amplia con las conclusiones morales.


3️. FALSO BUENISMO ACADÉMICO: MODESTIA DECLARADA, SESGO OPERATIVO

El autor adopta el tono de quien “no quiere entrar en polémicas”, “no niega evidencias” y “reconoce límites”.
Pero acto seguido construye un marco moral binario estable.

Incluso cuando menciona víctimas fuera de su foco:

“Cabe interesarse por lo sucedido con Pedro Muñoz Seca…”

la concesión es retórica, no estructural:
no modifica el reparto moral,
no altera la jerarquía de víctimas,
no cuestiona el eje principal del relato.

Se concede la existencia de otras víctimas…
pero solo para no integrarlas realmente.


4️. LA AUTORIDAD PRESTADA: REES COMO COARTADA ÉTICA

La invocación de Laurence Rees cumple una función clara:
aportar prestigio moral externo a un marco interpretativo ya decidido.

“Laurence Rees… me enseña a entenderlos porque en los mismos intervienen víctimas y verdugos.”

Sin embargo, Rees analiza la violencia sin asignar culpabilidades por conveniencia ideológica
y sin convertir individuos concretos en símbolos funcionales.

Invocar su nombre para blindar un reparto moral selectivo es una operación de autoridad por transferencia, no un argumento.


5️. EL PROBLEMA NO ES LO QUE NO SE ESTUDIA, SINO LO QUE SÍ SE AFIRMA

Nadie exige que un investigador lo abarque todo.
Lo exigible es que no convierta su delimitación en sentencia moral previa.

El problema no es que deje cosas fuera.
El problema es que lo que deja dentro aparece ya juzgado,
clasificado,
ordenado en categorías morales estables.

En su marco, los papeles parecen repartidos antes de abrir los archivos.

Eso no es solo un sesgo interpretativo.
Es una arquitectura narrativa de culpabilidad.


6️. POR QUÉ ESTA CRÍTICA NO ES CAPRICHO NI MANÍA

Conviene subrayarlo:
esta crítica no nace del gusto por polemizar,
ni de una discrepancia ideológica superficial.

Se apoya en un patrón previo ya documentado (2019–2025):
lenguaje binario víctima/verdugo,
rechazo de simetría moral,
centralidad exclusiva de unas víctimas,
concesiones meramente decorativas a otras.

Esta entrada no es una excepción.
Es una pieza más de un patrón reconocible.


7️. DEL SESGO ABSTRACTO AL DAÑO HUMANO CONCRETO (MI PADRE Y MI ABUELO)

Este debate no es teórico.

Un argumento recurrente sostiene que Ríos Carratalá no escribe sobre víctimas asesinadas por republicanos porque “no es su objeto de estudio”, y que por tanto mi abuelo no sería su “objetivo”.

Pero la coartada se derrumba en los hechos.

➤ Mi abuelo

Francisco Baena Jiménez, republicano,

asesinado por milicias republicanas en 1936,
ha sido desplazado, reinterpretado o instrumentalizado para encajar en un relato moral prefabricado.

Aunque “no sea objeto”,
su vida sí ha sido narrativamente deformada cuando conviene al esquema.

➤ Mi padre

Antonio Luis Baena Tocón ha sido:

  • convertido en símbolo de verdugo,

  • presentado como engranaje represivo,

  • cargado con atribuciones falsas,

  • utilizado como pieza funcional de un relato ideológico,
    sin respaldo documental suficiente y manipulación interesada de los documentos existentes..

Aquí la delimitación deja de ser método
y se convierte en coartada para manipular biografías reales.


8️. CONCLUSIÓN: LA DELIMITACIÓN NO ABSUELVE DEL RIGOR

Delimitar un objeto de estudio es legítimo.
Utilizar esa delimitación como coartada para mantener un reparto moral asimétrico no lo es.

La historia no es un tribunal con sentencia previa.
La metodología no es licencia para repartir culpas por anticipado.
La modestia declarada no compensa un sesgo operativo persistente.

Cuando la delimitación sirve para blindar un relato,
ya no estamos ante rigor académico,
sino ante ideología con aparato crítico… y pretensión de neutralidad.

sábado, 24 de enero de 2026

EPÍLOGO FINAL DE LA SERIE - LA VERDAD NO ES NEGOCIABLE

 

Declaración sobre memoria, responsabilidad histórica y defensa del honor

He escrito esta serie como acto de legítima defensa moral, documental y cívica.
No como ejercicio de opinión, ni como polémica ideológica, sino como respuesta fundada a la difusión de atribuciones falsas, tergiversaciones documentales y reconstrucciones interesadas de biografías reales.

Cuando se alteran hechos verificables,
cuando se atribuyen responsabilidades inexistentes,
cuando se reescriben vidas para ajustarlas a un marco ideológico predeterminado,
ya no estamos ante un desacuerdo historiográfico:
estamos ante un daño objetivo, verificable y éticamente grave, con potencial relevancia jurídica.


1. La memoria histórica no suspende el deber de veracidad

La memoria histórica no exonera del principio básico de fidelidad a los hechos.
La libertad académica no ampara la invención, la manipulación ni la difusión de falsedades.
El prestigio institucional no sustituye a la prueba documental.

En cualquier ámbito responsable —histórico, académico o judicial—, la carga de la prueba corresponde a quien afirma.
Y cuando los documentos contradicen el relato, el relato debe ceder.


2. La tergiversación biográfica como forma de daño moral

Convertir a una persona real en verdugo simbólico,
atribuirle cargos que no desempeñó,
responsabilidades que no tuvo
o intenciones que no constan en ningún archivo
no constituye una interpretación:
constituye una alteración de su honor póstumo y una afectación directa a sus familiares.

La dignidad de los fallecidos no es un recurso narrativo,
ni un instrumento para legitimar discursos políticos o académicos.


3. Ideología y verdad: jerarquía innegociable

Ningún marco ideológico —por legítimo que se proclame— puede situarse por encima de los hechos.
Ninguna causa, por noble que se autodefina, justifica la omisión de pruebas relevantes ni la reescritura interesada del pasado.

Cuando la ideología sustituye a los archivos,
la historia deja de ser disciplina científica
y pasa a ser ingeniería narrativa con pretensión moral.


4. Responsabilidad intelectual y consecuencias públicas

Quien publica afirmaciones falsas sobre personas reales
no solo incurre en negligencia intelectual:
asume una responsabilidad pública por los efectos de esa difusión.

La repetición mediática de una falsedad
no la convierte en verdad:
la convierte en bulo institucionalizado.

Y cuando ese bulo afecta al honor de una familia,
ya no estamos ante un error académico:
estamos ante un perjuicio real y continuado.


5. El silencio no es neutralidad

Callar ante la tergiversación no equivale a prudencia.
Equivale a consentimiento tácito,
a normalización de la falsedad,
a legitimación indirecta del daño.

Responder con documentos, pruebas y argumentos
no es revancha ni resentimiento:
es ejercicio legítimo de defensa de la verdad y del honor.


6. No se trata de bandos, sino de hechos verificables

Defender la verdad histórica no implica negar otros sufrimientos,
ni justificar abusos,
ni reabrir heridas colectivas.

Implica una exigencia mínima en cualquier sociedad democrática:
que nadie sea declarado culpable por conveniencia narrativa,
que ninguna biografía sea sacrificada para sostener un relato,
que los hechos prevalezcan sobre las consignas.

La historia no necesita veredictos ideológicos.
Necesita pruebas.


7. Advertencia pública: hoy ha sido un caso, mañana puede ser otro

Aceptar que:

  • los archivos pueden ignorarse,

  • las biografías pueden reescribirse,

  • las falsedades pueden normalizarse,

significa aceptar que cualquier persona puede convertirse mañana en personaje útil de un relato dominante.

Hoy el daño ha recaído sobre mi familia.
Mañana puede recaer sobre cualquier otra.

Porque cuando la memoria deja de ser búsqueda de verdad,
se convierte en mecanismo de señalamiento.


8. Declaración final

Esta serie deja constancia formal de tres hechos esenciales:

  1. Que existieron atribuciones falsas y tergiversaciones documentales.

  2. Que dichas falsedades causaron daño moral real y continuado.

  3. Que alguien exigió pruebas cuando otros ofrecían relatos.

No sé si este trabajo cambiará opiniones.
Pero sí establece un registro.
Un registro de resistencia documental,
de defensa de la verdad,
de respeto por los hechos y por los nombres propios.

La verdad no pertenece a ningún bando.
No prescribe.
No se negocia.
No se somete a votación.

Y mientras exista alguien dispuesto a exigir rigor, documentos y responsabilidad,
la mentira no podrá presentarse como historia sin ser contestada.


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P.D.: 

ACLARACIÓN: Cuatro entregas sobre memoria, verdad y manipulación histórica

He publicado una serie de cuatro entradas (ésta es la última de la serie) sobre el uso ideológico de la memoria histórica, el sectarismo en determinados relatos y el daño real que puede causar la tergiversación de vidas concretas.

No es una polémica improvisada, sino un trabajo ordenado, documentado y progresivo, dividido en cuatro partes:

1️⃣ Tabla probatoria (2019–2025)
Un archivo con citas literales, enlaces y fuentes verificables, donde se documentan patrones de memoria selectiva y reparto moral asimétrico.

2️⃣ Artículo principal — Memoria selectiva y guerra civil permanente
Un análisis crítico sobre cómo el pasado puede convertirse en relato ideológico, tribunal moral o herramienta de división.

3️⃣ Artículo hermano — Mi padre, mi abuelo y la historia reescrita
El paso de la teoría al daño humano concreto: biografías reales tergiversadas, bulos historiográficos, archivos ignorados y resoluciones judiciales.

4️⃣ Epílogo final — La verdad no es negociable
Un cierre jurídico, solemne y combativo sobre responsabilidad histórica, rigor, honor y derecho a la verdad.

Antes de opinar, he publicado las pruebas.
Antes de acusar, he citado fuentes.
Antes de indignarme, he documentado.

No escribo para reabrir heridas.
Escribo para que la memoria no se convierta en propaganda
y para que los muertos no sean utilizados como piezas de un relato.


CUANDO EL RELATO NECESITA UN CULPABLE

 

Mi padre, mi abuelo y la historia reescrita

Memoria selectiva, daño moral y manipulación documental 

en un caso real



1. Del debate intelectual al perjuicio concreto

En una entrada anterior analicé cómo determinados discursos convierten la memoria histórica en un reparto moral previo, con víctimas oficiales y culpables estructurales.

Ese fenómeno no es una abstracción académica.
Tiene consecuencias reales, cuantificables y documentadas.

En mi caso, ha afectado directamente a la memoria de mi padre, Antonio Luis Baena Tocón, y de mi abuelo, Francisco Baena Jiménez, mediante atribuciones falsas, relatos tergiversados y usos ideológicos del pasado.

No hablo de interpretaciones discutibles.
Hablo de hechos comprobables, documentos oficiales, archivos públicos y resoluciones judiciales.


2. Mi abuelo: republicano, asesinado… y convertido en la víctima equivocada

Mi abuelo paterno, Francisco Baena Jiménez, fue republicano.
Fue asesinado en 1936 por milicias republicanas, debido a sus actos consecuentes con sus convicciones religiosas y a su negativa a participar en actos criminales.

Este hecho consta en:

  • testimonios familiares concordantes

  • documentación civil

  • archivos históricos

  • investigación propia contrastada

Sin embargo, en determinados relatos públicos (Juan Antonio Ríos Carratalá, catedrático de Literatura Española de la Universidad de Alicante) su historia ha sido invertida o deformada, presentándolo implícita o explícitamente como víctima del franquismo, porque esa versión encaja mejor en un esquema narrativo prefabricado.

Se altera así la verdad histórica no por error inocente, sino por conveniencia ideológica.

La muerte de una persona real se convierte en materia prima para un relato.


3. Mi padre: de ciudadano real a “verdugo simbólico”

El caso de Antonio Luis Baena Tocón resulta aún más grave (por parte del autor mencionado en el apartado anterior).

Durante años, en:

  • libros,

  • artículos académicos,

  • entradas de blog y Facebook,

  • entrevistas radiofónicas y de otros medios,

  • publicaciones digitales y hemerográficas,

  • conferencias con una única versión, haciendo una huida hacia adelante con las falsedades vertidas; buscando colegas que aplaudan y dando testimonio de esos apoyos para intentar desacreditar a quien le puso en entredicho, etc

se ha difundido un bulo historiográfico que lo presenta como:

  • secretario de consejos de guerra que no lo fue,

  • pieza decisoria de un aparato represivo,

  • funcionario represor por convicción ideológica,

  • beneficiario directo de la represión,

  • otras expresiones con falta de veracidad, de menor calibre, pero no menos graves...

Estas afirmaciones han sido y serán desmentidas, entre otras, por documentos oficiales, entre ellos:

📄 Archivos militares y administrativos

  • Archivo General e Histórico de Defensa.

  • Archivo Militar de Segovia,

  • legajos de instrucción que acreditan su papel real y forzoso, limitado y no decisorio,

  • documentación que prueba que no era funcionario durante la etapa militar, y que accedió posteriormente por oposición en etapa civil.

📄 Resoluciones judiciales

  • Sentencia Contencioso-Administrativa (Alicante, 2021).

  • Sentencia Civil (Cádiz, 2025),
    que reconocen la existencia de inexactitudes, atribuciones falsas y daño moral.

📄 Difusión mediática del bulo

  • Publicaciones del mencionado catedrático de Literatura Española de la UA,

  • entrevista en Cadena SER (Radio Alicante, 2016),

  • reproducción posterior en prensa nacional,

  • más de 1.000 publicaciones derivadas de la misma falsedad, con sus correspondientes añadidos, entregadas en Juzgado.

Mi padre ha sido convertido en personaje, caricaturizado como símbolo y utilizado como ejemplo funcional de un relato ideológico.

No se le ha investigado con rigor.
Se le ha instrumentalizado narrativamente.


4. El método: primero el veredicto, luego los hechos

El patrón aplicado es jurídicamente reconocible:

  1. Se decide previamente el papel moral (represor, engranaje, verdugo).

  2. Se seleccionan los datos compatibles con esa conclusión.

  3. Se omiten o relativizan los documentos que la contradicen.

  4. Se presenta el resultado como reconstrucción objetiva.

Se trata de una forma de acusación sin garantías, equivalente a un juicio con sentencia anticipada.

La historia deja de ser investigación y pasa a funcionar como imputación retrospectiva.


5. Manipulación documental y licencia narrativa

Entre las prácticas detectadas figuran:

  • atribución de cargos inexistentes,

  • ampliación artificial del papel real,

  • supresión del contexto coercitivo y personal,

  • reinterpretación ideológica de documentos primarios,

  • uso acrítico de fuentes secundarias,

  • repetición mediática de datos falsos hasta convertirlos en “verdad pública”,

  • desacreditar la trayectoria de toda una vida como apoyo al bulo ideológico.

El resultado no es historiografía rigurosa.
Es narrativa moral con apariencia académica.

O, dicho con ironía sobria:
ficción con aparato crítico.


6. El daño moral: cuando la memoria deja de reparar

Falsear la historia de una persona fallecida no es un ejercicio teórico.
Produce un daño real:

  • vulnera su honor póstumo,

  • perjudica la memoria familiar,

  • expone a descendientes a sospecha pública continuada,

  • convierte una vida real en material simbólico reutilizable, con otros graves daños de diversa índole (social, físico-psíquico, económico, etc)

La memoria histórica debería reparar injusticias.
Aquí se ha empleado para simplificar, estigmatizar y legitimar un relato previo.


7. El doble rasero: sensibilidad selectiva

Se exige empatía absoluta hacia determinadas víctimas.
Pero se tolera —e incluso se normaliza— la deshumanización de otras personas, siempre que encajen en el papel de culpables convenientes.

Se proclama rigor histórico.
Se practica rigor selectivo.

Se denuncia la manipulación…
cuando manipulan otros.


8. No es negar la historia: es exigir verdad verificable

Defender la memoria de mi padre y de mi abuelo no equivale a negar la represión ni a relativizar el sufrimiento ajeno.

Equivale a exigir que:

  • los documentos prevalezcan sobre la ideología,

  • las biografías reales no se conviertan en piezas de un guion político,

  • los muertos no sean instrumentalizados para justificar relatos.

No reclamo indulgencia para nadie.
Reclamo verdad verificable y respeto por los hechos.


9. Cuando la memoria se convierte en advertencia pública

Este caso es personal, pero también ejemplar.

Demuestra qué ocurre cuando:

  • el relato precede a los hechos,

  • la ideología sustituye a los archivos,

  • la historia se convierte en arma moral.

Hoy el daño ha recaído sobre mi familia. No sé de cuántas más...
Mañana puede recaer sobre cualquier otra.

Porque cuando la memoria deja de ser búsqueda de verdad, se convierte en industria de culpables.


10. Conclusión: la dignidad de los nombres propios

Los muertos no son comodines ideológicos.
Las familias no deberían verse obligadas a defenderse de la historiografía.
Y la memoria histórica no es justicia cuando falsea, simplifica o instrumentaliza vidas reales.

La verdad histórica no necesita bandos.
Necesita archivos, rigor, honestidad y respeto.

Y cuando eso falla, callar no es neutralidad:
es permitir que la mentira se consolide como versión oficial.

IMPUTACIÓN OBJETIVA FALSA Y AUSENCIA DE RECTIFICACIÓN PROPORCIONAL: ¿NEGLIGENCIA GRAVE O DOLO EVENTUAL?

  El 11 de febrero de 2026, en la entrada titulada “Tres jornaleros condenados a muerte” , publicada en el blog Varietés y República ¹, Jua...