miércoles, 11 de marzo de 2026

LA HISTORIA QUE ALGUNOS PREFIEREN RESUMIR EN “LO HAN TUMBADO X VECES”

 

Viernes, 6 de marzo de 2026

La historia que algunos prefieren resumir en “lo han tumbado x veces”

CUANDO LAS ETIQUETAS SUSTITUYEN A LOS DOCUMENTOS

Lo que aún queda por contar: juicios, falsedades, aplausos corporativos y una historia que algunos prefieren simplificar



Durante años se ha difundido una versión muy cómoda de esta historia: la de un investigador que publica sus trabajos y una familia que intenta reescribir el pasado.

Pero cuando se examinan los documentos, los procedimientos judiciales y las consecuencias reales de todo este proceso, la imagen resulta bastante distinta.

Quedan todavía muchas cosas por explicar: falsedades repetidas en publicaciones, simplificaciones interesadas de los procesos judiciales, insultos y amenazas recibidas, aplausos corporativos sin contraste documental y el uso indiscriminado de etiquetas ideológicas.

Y todo ello mientras el daño provocado por ciertos relatos continúa circulando en libros, artículos y redes sociales.

Por eso no he dejado de escribir. Porque todavía quedan documentos que leer.

 

Muchas piezas aún sin contar

Todavía quedan numerosos aspectos por abordar públicamente.

Entre ellos:

·      las falsedades difundidas en libros, artículos y entrevistas sobre mi padre, Antonio Luis Baena Tocón;

·      las imputaciones dirigidas también contra mí por el simple hecho de pedir rectificación;

·      afirmaciones incorrectas pronunciadas incluso durante las sesiones judiciales del procedimiento civil;

·      la repetición acrítica de determinadas versiones en algunos medios de comunicación;

·      y la facilidad con la que muchas personas opinan o escriben sobre este asunto sin haber leído los documentos.

Una vez que un relato se instala en el espacio público, corregirlo resulta mucho más difícil que difundirlo.

 

El ruido alrededor del caso

Otro aspecto del que apenas se habla es el clima que se ha generado alrededor de este asunto.

Durante estos años he recibido insultos, descalificaciones y amenazas, especialmente en redes sociales.

En algunos casos ha sido necesario incluso presentar denuncias en comisaría, porque determinadas conductas traspasan claramente los límites de la discrepancia legítima.

Ese ambiente es una consecuencia bastante frecuente cuando un relato muy polarizado se instala en el debate público.

Quien intenta matizarlo o contrastarlo con documentos pasa rápidamente de ser un interlocutor a convertirse en un objetivo.

 

La experiencia real de los procedimientos judiciales

Atravesar un procedimiento judicial largo produce también una experiencia difícil de explicar a quien no la ha vivido.

Muchos ciudadanos imaginan los tribunales como el lugar donde la verdad termina imponiéndose con claridad.
La realidad es bastante más compleja.

En los juzgados intervienen profesionales muy diversos: algunos actúan con enorme rigor, pero otros parecen preocuparse más por la estrategia procesal, el dinero o la afinidad ideológica que por el fondo de los hechos.

 

Cuando una frase sustituye a un procedimiento judicial

Los procedimientos judiciales rara vez se reducen a una frase simple.

Sin embargo, en este caso se ha difundido repetidamente una simplificación muy característica: que determinadas acciones judiciales “se han tumbado x veces”, a veces acompañada por la afirmación de que “lo han tumbado en el Constitucional”.

Esa expresión ha sido utilizada públicamente por el catedrático Juan Antonio Ríos Carratalá como forma de justificar su posición.

La frase fue pronunciada, por ejemplo, durante la sesión judicial del 14 de octubre de 2024, tal como puede comprobarse en el vídeo oficial elaborado por el propio juzgado.

El problema es que esa fórmula sugiere al lector o al oyente que existirían múltiples sentencias judiciales dictadas directamente contra quien la pronuncia.

Sin embargo, algunos de los procedimientos mencionados ni siquiera estaban dirigidos contra él.

Durante el propio procedimiento civil la jueza dejó claro que se trataba de procedimientos distintos e independientes, que no podían presentarse como si fueran resoluciones acumuladas contra una misma persona.

Reducir procesos jurídicos complejos a una frase repetida muchas veces puede resultar eficaz como argumento retórico.

Pero no equivale necesariamente a explicar lo ocurrido.

Los procedimientos judiciales tienen fases, resoluciones parciales, recursos y cuestiones procesales que rara vez se mencionan cuando se utiliza esa simplificación.

Precisamente por eso resulta necesario explicar con detalle qué procedimientos se han seguido realmente, qué resoluciones se han dictado y qué aspectos siguen abiertos o pendientes de aclaración.

 

El daño que permanece

Las falsedades, una vez publicadas, no desaparecen fácilmente.

Quedan en:

·      artículos de prensa,

·      libros y publicaciones académicas,

·      entrevistas radiofónicas o audiovisuales,

·      blogs y redes sociales.

Y siguen circulando durante años.

Por eso el daño no es algo puntual:
se prolonga en el tiempo.

 

El uso indiscriminado de etiquetas

Otro fenómeno preocupante es el uso banal de determinadas etiquetas ideológicas.

Palabras como fascista se utilizan con una ligereza sorprendente para descalificar a cualquiera que no comparta una determinada interpretación histórica o política.

Ese recurso tiene una función clara: evitar el debate sobre los documentos.

Si alguien queda previamente etiquetado, ya no es necesario responder a sus argumentos.

Basta con la descalificación.

Lo más grave es que ese mecanismo no se aplica sólo a los vivos.

También se utiliza contra personas fallecidas, que ya no pueden defenderse ni responder a las acusaciones.

Ese ha sido el caso de mi propio padre.

Y cuando un familiar intenta corregir una falsedad o pedir rigor documental, la etiqueta se extiende inmediatamente también a él.

Así, el debate histórico desaparece y queda sustituido por una simple operación de etiquetado ideológico.

 

Los aplausos corporativos

En este proceso también se ha podido observar algo bastante conocido en determinados ámbitos académicos: el corporativismo automático.

Algunos colegas aplauden o respaldan determinados relatos sin haber examinado los documentos ni conocer realmente el caso.

Ese comportamiento revela algo preocupante:
para algunos profesionales parece pesar más la afinidad ideológica o la defensa del propio grupo que el examen riguroso de los hechos.

En ese contexto, la historia —que debería basarse en documentos y contrastes— queda a veces en un segundo plano.

 

Cuando los funcionarios hablan como activistas

Otro aspecto que merece reflexión es el comportamiento de algunos profesionales vinculados a instituciones públicas.

Personas que trabajan en archivos, museos o centros de investigación —instituciones que deberían caracterizarse por la neutralidad institucional— manifiestan en ocasiones opiniones personales muy contundentes en redes sociales o en espacios públicos.

Todo ciudadano tiene derecho a expresar sus ideas.

Pero conviene recordar que las opiniones personales no representan necesariamente a las instituciones públicas en las que trabajan.

Y cuando se habla desde determinadas posiciones profesionales, esa distinción resulta especialmente importante.

 

Tiempo al tiempo

Todo esto no se resolverá en un solo artículo.

Quedan aún muchas cuestiones por explicar: los procedimientos judiciales, las afirmaciones realizadas en determinadas sesiones del juicio, las falsedades difundidas en distintos textos y entrevistas, el impacto personal y familiar de todo este proceso, etc.

Ese trabajo continuará.

Parte de este material se está preparando para publicaciones más amplias, posiblemente en forma de libro, además de conferencias, presentaciones y exposiciones donde se podrán mostrar los documentos con calma.

 

**Las etiquetas circulan rápido. Los documentos permanecen.

Y cuando finalmente se leen completos, la historia suele resultar bastante distinta.**

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