Viernes, 6 de marzo de 2026
La historia que algunos prefieren resumir en “lo han
tumbado x veces”
CUANDO
LAS ETIQUETAS SUSTITUYEN A LOS DOCUMENTOS
Lo que aún queda por contar: juicios,
falsedades, aplausos corporativos y una historia que algunos prefieren
simplificar
Pero cuando se examinan los documentos, los
procedimientos judiciales y las consecuencias reales de todo este proceso, la
imagen resulta bastante distinta.
Quedan todavía muchas cosas por explicar:
falsedades repetidas en publicaciones, simplificaciones interesadas de los
procesos judiciales, insultos y amenazas recibidas, aplausos corporativos sin
contraste documental y el uso indiscriminado de etiquetas ideológicas.
Y todo ello mientras el daño provocado por
ciertos relatos continúa circulando en libros, artículos y redes sociales.
Por eso no he dejado de escribir. Porque todavía quedan documentos que leer.
Muchas piezas aún sin contar
Todavía quedan numerosos aspectos por
abordar públicamente.
Entre ellos:
·
las falsedades difundidas en libros,
artículos y entrevistas sobre mi padre, Antonio Luis Baena Tocón;
·
las imputaciones dirigidas también contra
mí por el simple hecho de pedir rectificación;
·
afirmaciones incorrectas pronunciadas
incluso durante las sesiones judiciales del procedimiento civil;
·
la repetición acrítica de determinadas
versiones en algunos medios de comunicación;
·
y la facilidad con la que muchas personas
opinan o escriben sobre este asunto sin haber leído los documentos.
Una vez que un relato se instala en el
espacio público, corregirlo
resulta mucho más difícil que difundirlo.
El ruido alrededor del caso
Otro aspecto del que apenas se habla es el
clima que se ha generado alrededor de este asunto.
Durante estos años he recibido insultos, descalificaciones y
amenazas, especialmente en redes sociales.
En algunos casos ha sido necesario incluso presentar denuncias en comisaría,
porque determinadas conductas traspasan claramente los límites de la
discrepancia legítima.
Ese ambiente es una consecuencia bastante
frecuente cuando un relato muy polarizado se instala en el debate público.
Quien intenta matizarlo o contrastarlo con
documentos pasa rápidamente de ser un interlocutor a convertirse en un
objetivo.
La experiencia real de los procedimientos
judiciales
Atravesar un procedimiento judicial largo
produce también una experiencia difícil de explicar a quien no la ha vivido.
Muchos ciudadanos imaginan los tribunales
como el lugar donde la verdad termina imponiéndose con claridad.
La realidad es bastante más compleja.
En los juzgados intervienen profesionales
muy diversos: algunos actúan con enorme rigor, pero otros parecen preocuparse
más por la estrategia
procesal, el dinero o la afinidad ideológica que por el fondo
de los hechos.
Cuando una frase sustituye a un
procedimiento judicial
Los procedimientos judiciales rara vez se
reducen a una frase simple.
Sin embargo, en este caso se ha difundido
repetidamente una simplificación muy
característica: que determinadas acciones judiciales “se han tumbado x veces”,
a veces acompañada por la afirmación de que “lo han tumbado en el Constitucional”.
Esa expresión ha sido utilizada
públicamente por el catedrático Juan Antonio Ríos Carratalá como forma de
justificar su posición.
La frase fue pronunciada, por ejemplo,
durante la sesión
judicial del 14 de octubre de 2024, tal como puede comprobarse
en el vídeo oficial
elaborado por el propio juzgado.
El problema es que esa fórmula sugiere al
lector o al oyente que existirían múltiples sentencias judiciales dictadas
directamente contra quien la pronuncia.
Sin embargo, algunos de los procedimientos
mencionados ni
siquiera estaban dirigidos contra él.
Durante el propio procedimiento civil la
jueza dejó claro que se
trataba de procedimientos distintos e independientes, que no
podían presentarse como si fueran resoluciones acumuladas contra una misma
persona.
Reducir procesos jurídicos complejos a una
frase repetida muchas veces puede resultar eficaz como argumento retórico.
Pero no equivale necesariamente a explicar
lo ocurrido.
Los procedimientos judiciales tienen fases, resoluciones parciales,
recursos y cuestiones procesales que rara vez se mencionan
cuando se utiliza esa simplificación.
Precisamente por eso resulta necesario
explicar con detalle qué
procedimientos se han seguido realmente, qué resoluciones se han dictado y qué
aspectos siguen abiertos o pendientes de aclaración.
El daño que permanece
Las falsedades, una vez publicadas, no desaparecen fácilmente.
Quedan en:
·
artículos de prensa,
·
libros y publicaciones académicas,
·
entrevistas radiofónicas o audiovisuales,
·
blogs y redes sociales.
Y siguen circulando durante años.
Por eso el daño no es algo puntual:
se prolonga en el
tiempo.
El uso indiscriminado de etiquetas
Otro fenómeno preocupante es el uso banal de determinadas etiquetas ideológicas.
Palabras
como fascista
se utilizan con una ligereza sorprendente para descalificar a cualquiera que no
comparta una determinada interpretación histórica o política.
Ese recurso tiene una función clara: evitar el debate sobre los
documentos.
Si alguien queda previamente etiquetado, ya
no es necesario responder a sus argumentos.
Basta con la descalificación.
Lo más grave es que ese mecanismo no se
aplica sólo a los vivos.
También se utiliza contra personas fallecidas,
que ya no pueden defenderse ni responder a las acusaciones.
Ese ha sido el caso de mi propio padre.
Y cuando un familiar intenta corregir una
falsedad o pedir rigor documental, la etiqueta se extiende inmediatamente
también a él.
Así, el debate histórico desaparece y queda
sustituido por una simple operación de etiquetado ideológico.
Los aplausos corporativos
En este proceso también se ha podido
observar algo bastante conocido en determinados ámbitos académicos: el corporativismo automático.
Algunos colegas aplauden o respaldan
determinados relatos sin
haber examinado los documentos ni conocer realmente el caso.
Ese comportamiento revela algo preocupante:
para algunos profesionales parece pesar más la afinidad ideológica o la defensa del propio grupo
que el examen riguroso de los hechos.
En ese contexto, la historia —que debería
basarse en documentos y contrastes— queda a veces en un segundo plano.
Cuando los funcionarios hablan como
activistas
Otro aspecto que merece reflexión es el
comportamiento de algunos profesionales vinculados a instituciones públicas.
Personas que trabajan en archivos, museos o
centros de investigación —instituciones que deberían caracterizarse por la
neutralidad institucional— manifiestan en ocasiones opiniones personales muy
contundentes en redes sociales o en espacios públicos.
Todo ciudadano tiene derecho a expresar sus
ideas.
Pero conviene recordar que las opiniones personales no
representan necesariamente a las instituciones públicas en las
que trabajan.
Y cuando se habla desde determinadas
posiciones profesionales, esa distinción resulta especialmente importante.
Tiempo al tiempo
Todo esto no se resolverá en un solo
artículo.
Quedan aún muchas cuestiones por explicar:
los procedimientos judiciales, las afirmaciones realizadas en determinadas
sesiones del juicio, las falsedades difundidas en distintos textos y
entrevistas, el impacto personal y familiar de todo este proceso, etc.
Ese trabajo continuará.
Parte de este material se está preparando
para publicaciones más
amplias, posiblemente en forma de libro, además de conferencias, presentaciones y
exposiciones donde se podrán mostrar los documentos con calma.
**Las etiquetas circulan rápido. Los
documentos permanecen.
Y cuando finalmente se leen completos, la
historia suele resultar bastante distinta.**


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