La onda expansiva sobre familia,
salud y vida cotidiana
Hay relatos que se escriben en
libros.
Otros, en artículos o entrevistas.
Pero hay relatos que no se quedan en
el papel.
Se cuelan en las casas.
En las conversaciones.
En las llamadas inesperadas.
En la mirada de quienes creen haber entendido algo… sin haberlo comprobado.
Y entonces dejan de ser relato.
Se convierten en daño.
1. Cuando la historia sale de la
pantalla
Todo empezó como empiezan muchas cosas hoy:
con una publicación, una interpretación, una afirmación repetida.
El problema no fue solo lo que se dijo.
El problema fue dónde empezó a decirse y cómo se amplificó.
Desde intervenciones en Cadena SER¹, pasando por espacios informativos como
Canal 24 Horas (RTVE)², hasta su reproducción en prensa escrita y digital³, el
relato fue extendiéndose con una rapidez que ningún documento histórico podría
igualar.
Y en ese proceso, el nombre de Antonio Luis Baena Tocón dejó de ser el de
una persona concreta para convertirse en pieza de una narrativa
impulsada desde el ámbito académico por Juan Antonio Ríos Carratalá.
2. La onda expansiva: cuando el
relato entra en casa
Lo que desde fuera podía parecer un debate académico, dentro tenía otro nombre.
Era:
- familiares
escuchando la radio y reconociendo un nombre inesperado
- amigos
viendo la televisión y preguntando con desconcierto
- periódicos
con titulares que no encajaban con la realidad vivida
- llamadas
a horas imprevistas
- mensajes
que obligaban a dar explicaciones constantes
No era una polémica.
Era una irrupción.
3. Cuando el relato te alcanza
El
relato no se limitó a circular.
Entró.
Entró
en la vida cotidiana, en el entorno cercano, en los círculos personales y profesionales.
Y
con él llegaron preguntas que no eran neutras, excepto de aquellos que desde
el minuto 1 sabían que eran falsedades, sino cargadas de una premisa ya
aceptada:
“¿Esto
es verdad?”
Pero
la pregunta real no era esa.
La
pregunta implícita era otra:
“¿Por
qué no nos lo habías contado?”
Ahí
es donde el daño deja de ser mediático.
Y
pasa a ser personal.
4. El coste invisible: defender lo
evidente
Mientras el relato crecía hacia fuera, hacia dentro empezaba otra historia:
- horas
de recopilación documental
- consultas
en archivos
- adquisición
de bibliografía
- desplazamientos
- reprografía
- asesoramiento
jurídico
- elaboración
de informes
Todo ello con un coste económico real.
Pero hay otro coste que no aparece en ninguna factura:
- el
tiempo sustraído a la vida
- la
energía desviada
- el
desgaste acumulado
- la
tensión constante
En muchos casos, ese dinero no es sobrante.
Es el futuro.
5. Salud: el impacto real
Cuando una situación así se prolonga, deja de ser un episodio.
Se convierte en un estado.
El estrés no es abstracto.
La preocupación no es literaria.
Y cuando existe incluso un informe de psiquiatría forense que acredita ese
impacto, ya no hablamos de percepciones.
Hablamos de consecuencias.
6. Tensión, amenazas y deterioro del
entorno
A todo lo anterior se añade un elemento especialmente grave:
- difamaciones
- descalificaciones
- presión
social
- amenazas,
incluso personales
- afectación
a familiares
- tensión
en el entorno profesional
Y surge una pregunta inevitable:
¿Cómo se responde a algo así sin que la vida entera quede condicionada?
7. El altavoz mediático y el
ecosistema del bulo
Este proceso no fue casual.
Sigue un patrón reconocible:
- afirmación
inicial
- difusión
en medios legitimados
- repetición
- amplificación
- aceptación
social
A partir de 2019, la participación de medios como El País y otros generó un
verdadero ecosistema de amplificación³.
En ese proceso:
- el
matiz desaparece
- el
contexto se simplifica
- la
repetición sustituye a la prueba
Y el resultado es conocido:
Lo que se repite, se cree.
Y lo que se cree, se convierte en verdad pública.
8. De la investigación al relato
victimista
Con
el paso del tiempo, además, ese relato no solo se difundía:
empezaba a blindarse.
Cualquier intento de aclaración o
rectificación era presentado por Ríos Carratatalá no como una defensa legítima,
sino como un intento de censura.
Así,
quien pedía rigor documental pasaba a ser descrito igualmente por Ríos
Carratalá como una amenaza para la libertad de investigación.
Paradójicamente,
mientras todo esto ocurría, el discurso público gestionado por el mencionado
catedrático, buscando apoyo corporativista, insistía en otra idea:
que
la investigación estaba siendo atacada
que la libertad académica estaba en peligro
Ese
giro —convertir la crítica documentada en amenaza— no solo desplazaba el foco.
Lo
invertía.
La
persona afectada dejaba de ser víctima para convertirse, en el relato, en
problema.
9. Más de mil publicaciones
En sede judicial (Juzgado nº 5 de Cádiz) se aportó un volumen significativo
de material:
👉 más de mil
publicaciones
No opiniones, no impresiones.
Publicaciones.
Muchas
de ellas, posteriormente, minimizadas, reinterpretadas o incluso negadas en
cuanto a su alcance o contenido.
Pero
estaban ahí.
Y
además, peritadas.
10. Cuando el daño ya está hecho
El problema de estos relatos no es solo que puedan discutirse.
Es que cuando se discuten, ya han
producido efecto.
Porque:
- la
corrección nunca tiene la misma difusión que la afirmación inicial
- la duda
ya ha sido sembrada
- el
tiempo el tiempo
invertido en desmontar es infinitamente mayor que el empleado en
construir.
Conclusión
Esto no fue una polémica digital.
No fue un debate académico o historiográfico.
Fue otra cosa.
Fue el momento en que un relato público, construido y amplificado, empezó a
reescribir -no documentos-
sino vidas.
Notas
¹ Intervenciones en Cadena SER (Radio Alicante, 2016), analizadas en:
https://antonioluisbaenatocon.blogspot.com/2025/04/nos-vemos-en-chicote-2016-y-2025-i.html
² Referencias en Canal 24 Horas (RTVE) en el contexto de difusión mediática
del caso
³ Cobertura en distintos medios de prensa escrita y digital (incluyendo El
País), documentadas y aportadas en sede judicial

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