Grazalema no es para mí solo un punto en el mapa de la Sierra de Cádiz. Es un lugar donde el paisaje y la memoria se entrelazan con mi propia historia familiar. Sus calles blancas, pulcras y silenciosas al amanecer; su aire húmedo cargado de montaña; su gente sencilla, trabajadora y hospitalaria; su empeño colectivo por cuidar cada rincón del pueblo… Todo ello ha dejado en mí una huella imborrable.
Allí llevé a mis padres en más de una ocasión. Allí compartimos comidas, conversaciones y paseos que hoy guardo como tesoros. Grazalema forma parte de ese mosaico de pueblos serranos —Arcos, Bornos, Ubrique, Villaluenga del Rosario— que siempre estuvieron presentes en los relatos de mi familia. Mi abuela Isabel, nacida en Ubrique y criada entre Villaluenga y Grazalema, evocaba esos lugares como quien habla de una patria íntima. Recuerdo especialmente acompañar de joven a mi padre a visitar a unas señoras mayores en Arcos, entre ellas mi tía abuela Gertrudis, hermana de mi abuelo paterno. Eran encuentros llenos de dignidad, memoria y afecto.
Ese vínculo personal hace que lo ocurrido recientemente en Grazalema me haya conmovido de manera especial.
Un pueblo asentado sobre un mundo subterráneo
Grazalema descansa sobre una roca calcárea horadada por galerías subterráneas, cavidades y acuíferos que durante siglos han canalizado el agua de lluvia como un inmenso sistema oculto. Este rasgo geológico explica por qué es —y siempre ha sido— uno de los lugares más lluviosos de España.
Pero lo que ha sucedido en las últimas semanas ha desbordado toda previsión.
Durante días y meses de precipitaciones continuas, el agua fue infiltrándose en el subsuelo sin descanso, llenando hasta el límite esos gigantescos depósitos naturales. Nadie veía el proceso completo: todo ocurría bajo tierra, fuera de la vista, como una tensión silenciosa que crecía sin que se percibiera su magnitud real.
Hasta que el sistema colapsó.
Las cavidades ya no pudieron absorber más y la montaña “reventó” por lugares inesperados. El agua brotó por grietas, paredes y suelos; penetró en viviendas; transformó calles en torrentes; y corrió con fuerza hacia los pueblos situados aguas abajo hasta alcanzar finalmente el Atlántico. La evacuación total de Grazalema fue una decisión dura, pero necesaria para evitar tragedias mayores.
La naturaleza mostró su poder inmenso e indomable. Lo que parecía bello y acogedor se convirtió de pronto en peligro.
El símil: de la lluvia física a
la lluvia de falsedades
Este fenómeno natural me ha llevado inevitablemente a pensar en otra tormenta que llevo padeciendo desde hace más de una década y más concretamente desde 2019: la tormenta de falsedades, difamaciones e injurias iniciada por el señor Juan Antonio Ríos Carratalá, catedrático de Literatura Española de la Universidad de Alicante, contra mi familia, mi abuelo y, muy especialmente, mi padre.
Al principio, como la primera lluvia sobre Grazalema, solo detecté en 2019 una parte del daño. Presenté mi queja con respeto y fundamento, confiando en que bastaría señalar la existencia de falsedades para que se rectificara.
Sin embargo, lejos de corregir sus afirmaciones, el señor Ríos Carratalá me ofreció una versión aparentemente amable, conciliadora y educada, pero cínica y con claros intentos de engaño, muy distinta de la que casi al mismo tiempo trasladó a los medios de comunicación.
Ante mí, moduló su tono; ante la prensa, construyó un relato totalmente falso, presentándome como alguien supuestamente contrario a la libertad de expresión, favorable a la censura de épocas pasadas, empeñado en “reescribir la historia” y decidido a “borrar archivos históricos”, a lo que sucederían otras narrativas...
Con esa narrativa pública, multiplicó sus publicaciones, entrevistas y apoyos, expandiendo aún más un relato plagado de tergiversaciones. Lo que empezó como una filtración se convirtió en un torrente. Lo que parecía puntual se reveló estructural.
Esta doble versión —lo que me dijo en privado y lo que declaró públicamente— la expongo con detalle en mi entrada:
https://antonioluisbaenatocon.blogspot.com/2025/08/la-farsa-de-la-colaboracion-2019.html
Igual que el agua se fue acumulando en las galerías ocultas de la sierra, las falsedades se fueron acumulando en libros, artículos, conferencias, blogs y medios de comunicación. Y, como en Grazalema, cuando el sistema ya no pudo sostener tanto peso, todo terminó desbordándose sobre nosotros: sobre nuestro nombre, nuestra dignidad y nuestra memoria familiar.
Mientras la naturaleza descargaba rayos, truenos y granizo, el señor Ríos Carratalá desplegaba su propia tormenta discursiva, movida —a mi juicio— no solo por un ego narcisista incapaz de admitir error alguno, sino también por un fanatismo ideológico ciego que le impide mirar la realidad de frente. En su práctica pública, el rigor deja de ser un criterio universal de verdad y se convierte en un instrumento selectivo al servicio de su sectarismo guerracivilista: exigente con los demás, indulgente consigo mismo. Su estrategia no fue escuchar, verificar ni rectificar (sabía perfectamente el relato que había construido), sino avasallar: más textos, más descalificaciones, buscó más apoyos corporativos y más eco mediático.
Lo más doloroso no ha sido solo su conducta, sino la actitud de muchos medios que, pese a sus “bonitos códigos éticos”, reprodujeron sus afirmaciones sin contraste alguno. La desinformación se convirtió así en una corriente descontrolada que arrastró consigo matices, pruebas y verdad.
Las secuelas: agua y mentira dejan huella
También aquí el paralelismo con Grazalema es inquietante.
Aunque el temporal pase y el pueblo vuelva poco a poco a la normalidad, es evidente que quedarán secuelas difíciles de borrar: daños en viviendas, infraestructuras resentidas, recuerdos de miedo y desalojo, y una sensación de vulnerabilidad que acompañará a sus habitantes durante años.
Del mismo modo, en el caso de mi familia soy plenamente consciente de que las falsedades difundidas no se evaporan sin más. Aunque la verdad se abra camino, quedan rastros, dudas sembradas, ecos mediáticos y heridas morales que no se reparan fácilmente.
El daño, por tanto, es mucho mayor y más profundo de lo que a veces se expresa en frío: no es solo una disputa intelectual, sino una afectación real a la reputación, a la memoria de los nuestros y a nuestra vida personal.
Dos lecciones que convergen
Lo sucedido en Grazalema y lo sucedido con mi familia comparten una misma enseñanza:
Lo que se acumula sin vigilancia termina estallando.
En la sierra, fue el agua. En nuestro caso, fueron las mentiras mantenidas.La prevención exige mirar bajo la superficie.
No basta con ver la lluvia caer; hay que comprender lo que ocurre bajo tierra.
No basta con leer titulares; hay que verificar documentos y hechos.La reparación requiere responsabilidad.
En Grazalema, la reparación pasa por proteger a las personas y el territorio.
En nuestro caso, pasa por reconocer errores, rectificar públicamente y respetar la verdad.
Grazalema en mi memoria
Hoy, al pensar en Grazalema, donde aún tengo familiares, como en otros pueblos afectados y a los que me desplacé para contrastar con ellos y conocer mejor la parte de memoria familiar que desconocía, siento una mezcla de tristeza por lo vivido y de esperanza por su capacidad de recuperación.
Así como confío en que la sierra sanará con el tiempo, también confío en que la verdad sobre mi padre y mi abuelo acabará abriéndose paso frente a la marea de falsedades que hemos padecido.
Porque ni la montaña ni la memoria familiar merecen ser sepultadas por torrentes de agua o de mentira.
NOTA FINAL DE TRANSPARENCIA Y ENLACES RELACIONADOS
Para quien desee profundizar en el origen y desarrollo del conflicto:
La farsa de la colaboración (2019)
https://antonioluisbaenatocon.blogspot.com/2025/08/la-farsa-de-la-colaboracion-2019.htmlEl ofrecimiento fantasma: la manipulación en Facebook de Ríos Carratalá
https://antonioluisbaenatocon.blogspot.com/2025/08/el-ofrecimiento-fantasma-la.htmlEl fraude académico: manipulación documental y desinformación desde la cátedra
https://antonioluisbaenatocon.blogspot.com/2025/02/el-fraude-academico-manipulacion.html
Página
principal de documentación y archivo
familiar:
https://www.antonioluisbaenatocon.es


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