viernes, 2 de enero de 2026

DE LA ILUSIÓN AL BLINDAJE

 

(Crónica de un cuatrimestre que no fue académico, sino estratégico)

Hay textos que, leídos de manera aislada, parecen inofensivos. Incluso cordiales. Pero cuando se leen en secuencia, cuando se les permite dialogar entre sí, revelan algo muy distinto: no una reflexión, sino una arquitectura; no una evolución, sino una estrategia.
Eso ocurre con las dos entradas publicadas por Juan Antonio Ríos Carratalá en su blog Varietés y República:
“Un cuatrimestre ilusionante” (30 de agosto de 2025) y “Un cuatrimestre de objetivos cumplidos” (31 de diciembre de 2025).
No son textos sueltos. Son los dos actos de una misma puesta en escena.



1. El arranque: ilusión cuidadosamente dosificada

En la primera entrada, el tono es amable, casi entrañable. El verano se despide “sin necesidad de que nos lo recuerde el Dúo Dinámico” y el nuevo curso se anuncia como un tiempo fértil, lleno de proyectos, energía y vocación académica.

Nada perturba ese clima. No hay conflictos, no hay controversias, no hay memoria incómoda. Todo fluye con la serenidad de quien se sabe a salvo.

Las cuestiones delicadas —las relacionadas con la memoria— se posponen con elegancia para un futuro blog “que ilusiona especialmente”. La memoria, así presentada, no interpela: se administra. Se convierte en un proyecto más, convenientemente calendarizado.

Mientras tanto, se acumulan actividades, artículos, congresos, jóvenes investigadores “solidarios” y nuevas publicaciones. La enumeración funciona como un argumento en sí misma: la cantidad sustituye al análisis, y el movimiento permanente disimula cualquier pausa reflexiva.


2. Productividad como virtud moral

La hiperactividad intelectual se presenta como prueba de legitimidad. Quien produce tanto —parece decirnos el texto— no puede estar equivocado. O, al menos, no debería ser cuestionado.

Pero cuando la productividad sustituye al rigor, deja de ser mérito para convertirse en coartada. Especialmente cuando se confunden investigación, divulgación y opinión personal, y cuando esa mezcla se utiliza para construir relatos que afectan al honor de personas concretas, ya fallecidas, sin posibilidad de réplica.

La investigación, entonces, no indaga: decora.


3. El silencio como forma de gobierno

Lo más elocuente del primer texto es lo que omite.
Ni una palabra sobre las objeciones documentadas.
Ni una línea sobre el daño causado.
Ni un gesto de duda.

No se trata de desconocimiento. Se trata de control del relato.

Y ese control se vuelve plenamente visible en la segunda entrada.


4. El cierre del círculo

(“Un cuatrimestre de objetivos cumplidos”, 31 de diciembre de 2025)

La segunda entrega se abre con un símbolo inequívoco: el sello de calidad FECYT, ampliado, visible, casi ceremonial. No es información; es blindaje. Un gesto destinado a recordar al lector que aquí habla alguien legitimado, certificado, avalado.

Conviene recordar, además, que no es la primera vez que trabajos avalados con sellos de calidad han servido para difundir afirmaciones falsas sobre personas concretas, reescribiendo sus trayectorias vitales conforme a una narrativa ideológica previamente decidida.

Todo ha salido bien. Los objetivos se han cumplido. La trilogía —antes trilogía— ahora es tetralogía. La maquinaria no se detiene.

Y, sin embargo, es precisamente aquí donde aparece la grieta.

Porque entre los trabajos celebrados figura Nos vemos en Chicote, una obra en la que se atribuyen hechos falsos a personas fallecidas, incorporándolas a un supuesto engranaje represivo que nunca existió. No estamos ante una interpretación discutible, sino ante una construcción errónea sostenida pese a haber sido señalada y documentada como tal.

Lejos de corregir, se persevera. Se publica más. Se exhibe más. Se legitima más.


5. El doble rasero: engranajes ajenos y propios

Resulta llamativo que quien habla con tanta ligereza de “engranajes” ajenos —llegando incluso a incluir falsamente en ellos a mi padre— no aplique el mismo criterio a su propio entorno.

Porque si existe un engranaje que merezca una reflexión honesta, es el que opera dentro de la propia universidad: redes de influencia, legitimaciones cruzadas, trayectorias que se consolidan no siempre por excelencia contrastada, sino por cercanía, afinidad ideológica o pertenencia al mismo ecosistema académico.

Que su hijo sea talentoso no está en cuestión.
Pero ser progresista no convierte automáticamente en ajeno al privilegio, ni exime de examinar con el mismo rigor los vínculos propios que se exigen a los demás. La ejemplaridad no se proclama: se demuestra, y sobre todo se somete al mismo escrutinio que se aplica fuera.

Y aquí aparece una paradoja difícil de ignorar:
los mismos sellos de calidad que hoy se exhiben como garantía de rigor han amparado también textos en los que se ha falseado la vida de mi padre, integrándolo —sin base documental— en un engranaje represivo inexistente (al menos en lo referente a su persona). Textos avalados institucionalmente, difundidos sin contraste, y utilizados para fijar una versión ideológica de los hechos.

De modo que el problema no es el sello, sino el uso que se hace de él.
No es la institución, sino la instrumentalización de su autoridad para legitimar relatos previamente decididos.

Cuando la calidad certificada sirve para reescribir biografías ajenas con fines ideológicos, deja de ser garantía y se convierte en coartada.




6. Dignidad, jubilación y magisterio perpetuo

Cuando se invoca la “dignidad” para justificar la no jubilación, el argumento roza lo paradójico. Más aún cuando se reúnen desde hace años los requisitos para hacerlo.

Cabe preguntarse si no se trata, más bien, de preservar una posición desde la que seguir ejerciendo influencia, dictando cátedra moral y ofreciendo —como se vio incluso en sede judicial— lecciones destinadas a justificar lo injustificable.

La producción constante, casi mecánica, recuerda más a una cadena de montaje que a una reflexión pausada. Una maquinaria editorial donde el ritmo sustituye al escrúpulo.


7. Epílogo: cuando la autoridad suplanta a la verdad

Leídas conjuntamente, estas dos entradas no describen un cuatrimestre académico. Describen una estrategia de autopreservación.

No hay rectificación.
No hay escucha.
No hay reparación.

Solo una narrativa cuidadosamente construida para mantener intacta una posición de autoridad mientras se diluye, por saturación, la voz de quien fue injustamente señalado.

Pero los archivos permanecen.
Los documentos hablan.
Y la verdad —por mucho que se intente amortiguar bajo capas de prestigio— no se diluye con el tiempo.

Porque hay algo que ni los sellos, ni los cargos, ni las publicaciones en serie pueden garantizar:
la razón moral de quien ha dicho la verdad cuando resultaba incómodo hacerlo.

JUBILARSE EN DIFERIDO (Y DEJAR PASO… SIN APARTARSE)

 

Hay quien escribe memorias.
Y hay quien cultiva un género más moderno: la jubilación por entregas, con calendario variable y prólogo eterno.

Desde antes de 2024, Juan Antonio Ríos Carratalá va dejando constancia —en su propio blog— de que está “casi jubilado”, “en el límite”, “cerca”, de que “ya cumple los requisitos” y de que el relevo generacional está en marcha. Pero lo interesante no es que quiera seguir (cada cual decide su ritmo).
Lo verdaderamente significativo es el contraste entre lo que predica —“dar paso a los jóvenes”— y lo que hace: permanecer en el umbral, con la mano en el pomo, explicando una y otra vez que ya se va… pero sin irse nunca.


1. La “casi jubilación” como coartada elegante

El 9 de febrero de 2024, en una entrada que mezcla reflexión cultural y autorretrato moral, escribe:

“A estas alturas de mi casi jubilación…”
“Solo me resta jubilarme como emérito y ya cumplo los requisitos.”

Entrada: “Andrés Trapiello y Las armas contra las letras”
https://varietesyrepublica.blogspot.com/2024/02/andres-trapiello-y-las-armas-contra-las.html

No habla simplemente de jubilarse. Habla de jubilarse con título, con rango, con medalla.
No “me retiro”; me retiro con distinción.


2. El calendario oficial… que se mueve cuando conviene

El 22 de mayo de 2024 deja por escrito un calendario aparentemente definitivo:

  • en 2029 estará jubilado;

  • en junio de 2028 lo hará como catedrático emérito.

Entrada: “La ANECA me concede el sexto sexenio de investigación”
https://varietesyrepublica.blogspot.com/2024/05/la-aneca-me-concede-el-sexto-sexenio-de.html

Meses después, insiste en la misma idea: los jóvenes ya “toman el relevo”.

Entrada: “Tres nuevos libros a la vista” (29/12/2024)
https://varietesyrepublica.blogspot.com/2024/12/tres-nuevos-libros-la-vista.html?m=1

Y en octubre de ese mismo año vuelve a aparecer la jubilación como horizonte sereno, casi espiritual:

Entrada: “De Miguel Hernández a Guillermo Sautier Casaseca” (16/10/2024)
https://varietesyrepublica.blogspot.com/2024/10/de-miguel-hernandez-guillermo-sautier.html

Hasta aquí, nada extraño: cualquiera puede planificar su jubilación.
Lo llamativo es que la jubilación se usa como argumento moral, como prueba de autoridad, mientras el gesto real se aplaza una y otra vez.




3. El “perrito”: el símbolo perfecto del retiro ajeno

El 17 de junio de 2025 aparece por fin la imagen reveladora:

“La inmensa mayoría de mis amigos ya están jubilados. Al verlos paseando un perrito…”
“El profesor ronda la edad de jubilación…”

Entrada: “La suerte de tener alumnos como Luis”
https://varietesyrepublica.blogspot.com/2025/06/la-suerte-de-tener-alumnos-como-luis.html

La escena es casi simbólica:
los demás pasean al perro; él observa.
Ellos ya han salido; él sigue dentro.

Lectura irónica posible (solo como lectura):
«Qué bien viven ellos… pero yo sigo aquí, porque aún soy necesario, porque el aula rejuvenece, porque todavía no es el momento.»


4. “Estoy en el límite”… pero sigo

Un mes después, vuelve la idea:

“Cuando estás en el límite de la jubilación…”

Entrada: “La gallardía del fiscal Ricardo Gullón” (18/07/2025)
https://varietesyrepublica.blogspot.com/2025/07/la-gallardia-del-fiscal-ricardo-gullon.html

El límite aparece una y otra vez.
Lo que nunca aparece es el paso definitivo.


5. Diciembre de 2025: la confesión completa

Aquí ya no hay insinuaciones. Hay fechas, razones y relato:

“Mi propósito inicial era jubilarme en enero de 2026…”
“Estoy cansado y creo merecer un retiro…”
“Seguiré en activo hasta junio de 2028 y me jubilaré entonces como catedrático emérito…”
“Reúno los requisitos desde hace nueve años.”
“Vamos dejando paso a los jóvenes profesores…”

Entrada: “Un cuatrimestre de objetivos cumplidos” (31/12/2025)
https://varietesyrepublica.blogspot.com/2025/12/un-cuatrimestre-de-objetivos-cumplidos.html

Aquí el patrón se completa:
el “dejar paso” se formula como proceso, nunca como decisión.
La puerta se abre… pero nadie cruza el umbral.


6. Cuando “dejar paso” es solo una fórmula

Decir que se deja paso no es dejarlo.
Hablar de generaciones no equivale a retirarse.

Y aquí surge la pregunta inevitable:
¿se aplaza la jubilación porque aún hay libros por presentar, tribunas que ocupar, estructuras universitarias que sostienen visibilidad y prestigio?

No hace falta afirmarlo como hecho. Basta con observar el contexto que él mismo describe.


7. Sueldo, beneficios y la doble vara del “engranaje”

Conviene recordarlo: no hablamos de un retiro humilde ni simbólico. Hablamos de una posición con salario, recursos, red institucional y proyección pública. Nada ilegítimo en sí mismo.

Lo llamativo es que, desde ese lugar, se haya permitido insinuar beneficios en puestos de trabajo y económicos en otros, como hizo con mi padre, cuando nuestra realidad está documentada y fue muy distinta.

Y aquí encaja la frase que resume el mecanismo:

“Piensa el ladrón que todos son de su condición.”

No como insulto, sino como diagnóstico moral:
proyectar en otros lo que uno normaliza para sí.

De ahí la pregunta inevitable:
¿se trata de dejar paso a los jóvenes… o de dejar bien engrasado el relevo propio, incluso dentro del mismo engranaje universitario?


8. El emérito como escudo

No se trata solo de jubilarse, sino de hacerlo como emérito. Él mismo lo repite: cumple los requisitos desde hace años.

Y además exhibe apoyos. En octubre de 2024 citó como respaldo a Alberto Ramos Santana, catedrático emérito de la Universidad de Cádiz, junto a otros colegas solidarios.

Entrada: “La solidaridad de los compañeros de la Universidad de Cádiz…”
https://varietesyrepublica.blogspot.com/2024/10/la-solidaridad-de-los-companeros-de-la.html?m=1

El problema no es ser emérito.
El problema es usar ese estatus como escudo moral, como si blindara frente al error o la falsedad.

Y aquí hablo con claridad:
en lo que respecta a mi padre, mi veredicto personal es claro.
Emérito, sí.
Pero emérito en difundir falsedades.

Lo digo así, acotado, responsablemente: al menos en lo que a mi padre se refiere.


9. Resumiendo

Puede jubilarse cuando quiera.
Puede seguir escribiendo, opinando y publicando.

Pero no puede exigir autoridad moral desde un lugar que se resiste a abandonar, ni utilizar su posición para construir relatos que dañan a otros mientras se protege tras el prestigio académico.

Yo ya he perdido bastante con sus actuaciones.
Nada me devolverá ese daño.
Pero sí puedo dejar constancia de mi verdad.

Y esta lo es.


Listado de enlaces citados



DE LA ILUSIÓN AL BLINDAJE

  (Crónica de un cuatrimestre que no fue académico, sino estratégico) Hay textos que, leídos de manera aislada, parecen inofensivos. Inclu...