sábado, 14 de marzo de 2026

HODIO y la democracia del algoritmo (II de II)

 

Sábado 14 de marzo de 2026

HODIO y la democracia del algoritmo (II de II)

Dos reflexiones sobre el odio digital, la libertad de expresión y el derecho al honor

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CUANDO EL ODIO SE MIDE… PERO LA DIFAMACIÓN SE IGNORA

Discurso de odio, derecho al honor y la otra cara del debate digital

 


En los últimos años el debate público se ha centrado cada vez más en el llamado “discurso de odio” en redes sociales.

Gobiernos, instituciones y organizaciones han impulsado diversas iniciativas para detectar y combatir este fenómeno.

Entre ellas se encuentra la herramienta HODIO, presentada recientemente como un sistema para analizar la presencia del odio y la polarización en internet.

Sin embargo, en este debate suele quedar en segundo plano otra cuestión igualmente importante:

la protección del derecho al honor.

Mientras el odio se monitoriza, la difamación y la mentira siguen sin un observatorio institucional.


Discurso de odio y derecho al honor

El discurso de odio suele referirse a expresiones que:

·    incitan a la violencia

·    promueven discriminación

·    atacan a colectivos vulnerables.

Estas conductas pueden estar relacionadas con delitos previstos en el artículo 510 del Código Penal.

Pero existe otro derecho fundamental igualmente protegido por la Constitución:

el derecho al honor.

Este derecho protege la reputación de las personas frente a:

·    afirmaciones falsas

·    difamaciones

·    injurias

·    calumnias.

Está reconocido en el artículo 18 de la Constitución española y regulado en la Ley Orgánica 1/1982.

Texto legal:

https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-1982-11196

 

Un desequilibrio evidente

En los últimos años se han creado observatorios, sistemas de monitorización y herramientas tecnológicas para analizar el discurso de odio en internet.

Sin embargo, no existe un sistema equivalente para detectar campañas de difamación o destrucción del honor personal.

La defensa del honor sigue dependiendo casi exclusivamente de procedimientos judiciales largos y costosos.

 

El caso de mi padre: cuando la difamación se multiplica

En mi caso, esta cuestión no es teórica.

Durante años la memoria de mi padre, a raíz de supuestos “rigurosos trabajos de investigación académica” del catedrático de Literatura Española de la Universidad de Alicante Juan Antonio Ríos Carratalá, ha sido objeto de afirmaciones falsas, tergiversaciones documentales y campañas de descrédito difundidas en medios de comunicación y amplificadas posteriormente en redes sociales.

Las publicaciones han incluido:

·    acusaciones históricas incorrectas

·    interpretaciones presentadas como hechos

·    miles de comentarios insultantes

·    amenazas y sugerencias de violencia, propias de un odio ideológico y fanatizado.

Muchos de estos contenidos han sido documentados en procedimientos judiciales, donde incluso se ha analizado:

·    el número de publicaciones

·    su repetición

·    su alcance en redes

·    su impacto reputacional.

Y muchos de los que lo han difundido lo niegan ahora, con la evidencia de peritaciones certificadas de expertos acreditados…

Sin embargo, quien intenta defender el honor de su familia frente a una campaña de este tipo descubre rápidamente una realidad muy distinta a la que sugieren los discursos institucionales.

No existe:

·    un observatorio del daño reputacional

·    un sistema público para detectar campañas de difamación

·    una herramienta que mida la propagación de falsedades en redes.


Una pregunta inevitable

Por eso, cuando se anuncian herramientas públicas para medir el odio en internet, surge inevitablemente una cuestión:

¿por qué se invierten recursos en analizar determinados discursos digitales mientras las víctimas de difamación prolongada siguen prácticamente solas frente a campañas de descrédito que pueden durar años?

 

Epílogo

Cuando el poder mide el odio… pero no la mentira

Combatir el odio real es necesario.

Pero una democracia madura no debería olvidar algo igualmente importante:

proteger la verdad y el honor de las personas.

Porque medir el odio puede ser útil.

Pero ignorar el daño de la mentira es mucho más peligroso.

 

Algoritmo de detección del odio: funcionando.
Detector de mentiras: todavía no instalado.

Medir el odio puede ser necesario.

Pero una democracia madura no debería olvidar algo aún más importante: medir también el daño de la mentira.

viernes, 13 de marzo de 2026

HODIO y la democracia del algoritmo (I de II)

Viernes 13 de marzo de 2026 

Serie: HODIO y la democracia del algoritmo (I de II)

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Dos reflexiones sobre el odio digital, la libertad de expresión y el derecho al honor

Esta entrada abre una breve reflexión en dos partes sobre la nueva herramienta anunciada por el Gobierno para medir el discurso de odio en redes sociales y sobre las preguntas democráticas que inevitablemente suscita la monitorización institucional del debate público digital.


HODIO: EL NUEVO MEDIDOR DEL ODIO DEL GOBIERNO

Tecnología pública para analizar el discurso en redes y las preguntas que plantea


El Gobierno ha anunciado la creación de HODIO, una herramienta destinada a medir la presencia del discurso de odio y la polarización en redes sociales.

Según la información oficial, el sistema analizará conversaciones públicas en internet para identificar tendencias de hostilidad y elaborar informes periódicos.

Sobre el papel, la iniciativa responde a una preocupación legítima: combatir el odio en el espacio digital.

Sin embargo, su anuncio suscita también algunas preguntas inevitables.

¿Quién decide qué es odio y qué es crítica política?
¿Con qué criterios se analizarán millones de mensajes?
¿Quién supervisará a quienes supervisan?

Porque cuando el poder comienza a medir el clima del discurso público, surge siempre la misma cuestión de fondo:

¿se pretende proteger a los ciudadanos… o proteger al poder?

 



“Cuando el poder empieza a medir el odio… la primera pregunta debería ser quién controla el medidor.”


Qué es HODIO

La herramienta denominada HODIO (Huella del Odio y la Polarización) se presenta como un sistema para analizar la presencia del discurso hostil en redes sociales.

La iniciativa se impulsa desde el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, a través del Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia (OBERAXE).

Según la información oficial, el sistema permitirá monitorizar conversaciones públicas en redes sociales y elaborar informes periódicos sobre la evolución del discurso de odio.

Fuentes institucionales:

https://www.lamoncloa.gob.es/presidente/actividades/paginas/2026/110326-sanchez-foro-contra-odio.aspx

https://www.inclusion.gob.es/web/oberaxe/hodio

 

El origen del sistema: FARO

HODIO forma parte de un conjunto de herramientas de monitorización del discurso en internet desarrolladas en los últimos años.

Entre ellas destaca el sistema FARO, presentado como una metodología para analizar el discurso de odio racista y xenófobo en redes sociales mediante inteligencia artificial y análisis semántico.

Más información sobre el sistema FARO:

https://www.inclusion.gob.es/web/oberaxe/w/el-oberaxe-y-laliga-presentan-la-nueva-metodologia-de-monitorizacion-del-discurso-de-odio-racista-y-xenofobo-en-tiempo-real-sistema-faro

La metodología incluye:

·    análisis automatizado de conversaciones públicas

·    identificación de patrones lingüísticos

·    clasificación semántica del lenguaje

·    revisión humana posterior.

 

Cinco preguntas que HODIO debería responder

Antes de celebrar la creación de una herramienta pública para medir el “odio” en redes sociales, convendría responder a algunas cuestiones básicas.

1. ¿Quién define exactamente qué es “odio”?

En derecho penal el concepto está relativamente claro: incitación a la violencia o discriminación contra colectivos protegidos.

Pero en el debate político actual el término se utiliza con frecuencia para calificar críticas duras o discursos incómodos.

¿Con qué criterios concretos se aplicará esta etiqueta?

 

2. ¿Quién supervisa a quienes supervisan?

Si un sistema público analiza millones de mensajes en redes sociales, la transparencia es imprescindible.

¿Habrá auditorías independientes?
¿Se publicará la metodología completa?
¿Existirá revisión académica externa?

 

3. ¿Se medirá el odio de todos o solo el de algunos?

El lenguaje político en España se ha endurecido notablemente en los últimos años.

Insultos y descalificaciones han circulado desde todos los espacios ideológicos.

La pregunta es sencilla:

¿HODIO analizará el discurso de todos los actores políticos por igual?

 

4. ¿Cuánto cuesta realmente este sistema?

El desarrollo de herramientas de análisis masivo de redes sociales implica:

·    tecnología

·    contratos públicos

·    desarrollo de inteligencia artificial.

Los ciudadanos tienen derecho a conocer:

·    el coste del sistema

·    qué empresas participan

·    qué contratos se han firmado.

 

5. ¿Dónde termina el odio y dónde empieza la crítica?

En una democracia la crítica política puede ser dura.

Confundir crítica con odio es un riesgo evidente para el pluralismo.

Por eso la frontera entre ambos conceptos debe estar muy claramente definida.

 

Reacciones satíricas en redes sociales

Tras el anuncio del sistema HODIO, numerosos usuarios en redes sociales reaccionaron con ironía y escepticismo, interpretando la iniciativa como una posible herramienta de control del discurso político.

Las siguientes capturas, difundidas en redes sociales, ilustran ese clima de sátira y desconfianza ciudadana ante el llamado “medidor del odio”.

   



Continuará

Combatir el odio real es una obligación democrática.

Pero también lo es proteger otros derechos fundamentales, como la libertad de expresión y el derecho al honor.

En la próxima entrada abordaré una cuestión que rara vez aparece en este debate:

qué ocurre cuando la mentira, la difamación y las campañas de descrédito se multiplican en redes… sin que exista ningún “medidor institucional” para ellas.

Mañana publicaré la segunda parte.

miércoles, 11 de marzo de 2026

CUANDO LA GUERRA CIVIL SE CONVIERTE EN INSTRUMENTO

 

Miércoles, 11 de marzo de 2026

Cuando la Guerra Civil se convierte en instrumento


De la política al aula: historia, propaganda y el eco del bulo

En una entrevista reciente, el periodista e historiador Pedro Corral recordaba algo que debería parecer obvio, pero que cada vez lo es menos en el debate público español.



“La Guerra Civil está para los estudiosos, para los aficionados, gente que verdaderamente sentimos pasión por descubrirla y conocerla. Hay que apartar la Guerra Civil de esa utilización partidista, interesada, cortoplacista y oportunista que muchos hacen, sobre todo en el mundo de la política.”

— Declaraciones de Pedro Corral en una interesante entrevista del periodista Segundo Sanz, de okdiario, sobre su libro Cómicos en guerra y que puede verse completa en: 

https://www.youtube.com/watch?v=G8ZKy3Tf0JQ 

https://www.dailymotion.com/video/xa1l93e

La reflexión es pertinente. La memoria de la Guerra Civil Española se ha convertido con frecuencia en un campo de batalla retórico donde los hechos importan menos que su utilidad política.

Sin embargo, conviene añadir algo que rara vez se menciona: esa utilización interesada de la historia no se limita al ámbito político.

También aparece —y a veces con especial intensidad— en el ámbito educativo y universitario.

 


Cuando la historia se convierte en herramienta

La utilización política de la Guerra Civil es conocida. Cada generación ha reinterpretado el conflicto según sus intereses ideológicos.

Pero existe una forma más sutil —y quizá más preocupante— de instrumentalización: cuando determinadas interpretaciones nacidas en ámbitos académicos se convierten en verdades incuestionables por simple repetición.

En ese proceso participan libros, artículos, conferencias, programas universitarios y medios de comunicación.

Lo que comienza como una interpretación termina convertido en “hecho histórico”.

 

El problema menos visible: la universidad

La universidad debería ser precisamente el lugar donde la crítica documental es más rigurosa.

Sin embargo, en las últimas décadas se ha consolidado una corriente historiográfica en torno a la memoria de la guerra civil que mezcla investigación legítima con narrativas ideológicas previamente construidas.

Autores como Ángel Viñas, Juan Antonio Ríos Carratalá o José Luis Ferris, entre otros…,

han contribuido a difundir determinadas interpretaciones que, en ocasiones, se repiten en el ámbito universitario con escaso contraste documental.

No siempre se trata de errores deliberados. Muchas veces es simplemente el resultado de un fenómeno bien conocido en la historiografía: el efecto de citación en cadena.

Un autor cita a otro.
Otro lo reproduce.
Un tercero lo incorpora a sus clases (en otra entrada pondré algún ejemplo de haberse producido).

Y la afirmación termina adquiriendo apariencia de verdad histórica.

 

Cómo nace un bulo académico

El mecanismo suele ser sencillo.

1.    Un investigador propone una interpretación.

2.    Esa interpretación se publica en un libro o artículo.

3.    Otros autores la citan sin revisar las fuentes originales.

4.    Los medios de comunicación amplifican el relato.

5.    Finalmente, se enseña en universidades como si fuera un hecho consolidado.

En ese momento el relato ya se ha convertido en verdad académica repetida.

Y desmontarlo resulta mucho más difícil que haberlo creado.

Porque el bulo tiene una ventaja: viaja más rápido que el documento.

 


Cuando el relato sustituye al documento

El caso que me ocupa personalmente ilustra bien este problema.

Durante años se ha difundido una determinada versión sobre la vida y actuación de mi padre, Antonio Luis Baena Tocón, basada en interpretaciones y afirmaciones que no se sostienen cuando se examinan los documentos completos del procedimiento judicial correspondiente o, ni tan siquiera, examinando documentos porque son ficciones hechas a placer sobre una persona fallecida y en pro de un sesgo ideológico de un “especialista de ficción”....

Sin embargo, esas afirmaciones han sido repetidas en artículos, libros, conferencias y clases universitarias.

El resultado es un fenómeno muy característico de nuestro tiempo:
un relato construido que termina adquiriendo apariencia de historia documentada.

El problema no es sólo el error.

El problema es el eco institucional que amplifica ese error.

Universidades, medios y redes académicas contribuyen involuntariamente a consolidar narrativas que, en ocasiones, nacen de interpretaciones apresuradas o directamente equivocadas.

 

El especialista de ficción

En este contexto aparece una figura cada vez más frecuente: el especialista que convierte sus propias interpretaciones en documentos aparentemente concluyentes.

El caso del catedrático Juan Antonio Ríos Carratalá resulta especialmente ilustrativo.

A partir de determinados fragmentos documentales y reconstrucciones narrativas, se elaboran relatos que luego son presentados como hechos históricos sólidos.

El problema surge cuando esos relatos se difunden sin el contraste crítico que debería caracterizar al trabajo académico.

Lo que comenzó como interpretación termina siendo enseñado como historia.

 

Historia o militancia

La historia exige una disciplina intelectual muy simple, pero muy exigente: leer los documentos completos.

No sólo los fragmentos útiles para sostener una tesis.

No sólo las citas que encajan en una narrativa previa.

Los documentos completos.

Cuando se hace ese ejercicio, muchas historias espectaculares se vuelven de repente mucho más modestas.

Y muchas acusaciones rotundas se transforman en simples interpretaciones discutibles.

 

Conclusión

El ruido y los documentos

Quizá la mejor advertencia siga siendo la que formulaba Pedro Corral.

La Guerra Civil debería pertenecer al terreno del estudio y del conocimiento, no al de la utilización partidista.

Pero para que eso sea posible hay que recordar algo elemental:

La historia no se escribe con relatos repetidos.

Se escribe con documentos.

Y los documentos —a diferencia de los bulos— exigen tiempo, lectura y rigor.

MIGUEL HERNÁNDEZ EN EL FRENTE: DOCUMENTO, POESÍA Y MITO BLINDADO

 

Lunes, 9 de marzo de 2026

MIGUEL HERNÁNDEZ EN EL FRENTE

Hablar de Miguel Hernández exige algo más que admiración: exige precisión.

Fue un gran poeta.
Fue víctima de la represión franquista.
Y fue combatiente incorporado voluntariamente a las milicias republicanas.

Las tres afirmaciones son históricamente compatibles.

Lo que ya no es compatible con el rigor es seleccionar solo una de ellas según convenga al relato contemporáneo.

 

I. El documento: ficha de alistamiento

La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes conserva digitalizada la:

*Ficha de alistamiento en el 5.º Regimiento de Milicias Populares (septiembre de 1936)*¹

En ella consta su incorporación en septiembre de 1936 al 5.º Regimiento.

Los estudios biográficos coinciden en que Hernández figuraba administrativamente como “exento de cupo”, es decir, no estaba sometido al llamamiento ordinario por reemplazo en ese momento².

La conclusión historiográfica prudente es clara:

No fue movilizado por reemplazo obligatorio; se incorporó por decisión propia.

Eso, históricamente, se llama voluntariedad.

 

II. Las “lomas de Boadilla” y la fuente literaria


En febrero de 2026, Miguel Ángel García Valero publicó en SoloBoadilla un artículo donde aparece la frase:

“Las encinas de las lomas de Boadilla del Monte temblaban a nuestro paso enloquecido.”³

La cita suele atribuirse al texto “No dejar solo a ningún hombre”, publicado en Nuestra Bandera en noviembre de 1937⁴.

Conviene precisar:

·      Es un texto literario-periodístico.

·      Describe paisaje de combate.

·      No es un parte militar.

·      No certifica acción concreta, pero sí presencia en zona activa.

Es fuente histórica válida. Pero en su género propio.

 

III. La poesía como movilización

El libro Viento del pueblo (1937) es inequívocamente un instrumento de moral combativa⁵.

“Vientos del pueblo me llevan”

“Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta…”

No es elegía privada.
Es exhortación pública.

“Sentado sobre los muertos”

“Que mi voz suba a los montes
y baje a la tierra y truene…”

No es contemplación neutral.
Es retórica de combate.

“Memoria del 5.º Regimiento”

Texto publicado en prensa de milicias en 1937⁶.
Literatura y propaganda no eran compartimentos estancos en aquel contexto.

 

IV. La pregunta incómoda


¿Disparó Miguel Hernández?

No existe documentación que lo pruebe.
¿Puede afirmarse que jamás disparó?

Tampoco.

Lo que sí consta:

·      Incorporación voluntaria.

·      Presencia en frente activo.

·      Integración en milicias.

·      Producción literaria movilizadora.

Eso basta para hablar de participación activa en guerra.

No es condena moral. Es descripción histórica.

 

V. El blindaje del icono

Aquí empieza la zona sensible.

Cuando se habla de Miguel Hernández:

·      Todo se contextualiza.

·      Todo se explica.

·      Todo se humaniza.

Cuando se habla de otros jóvenes de la misma generación:

·      Todo se simplifica.

·      Todo se etiqueta.

·      Todo se absolutiza.

Parece que la comprensión histórica funciona por afiliación simbólica.

Si el combatiente es poeta universal, hablamos de “compromiso”.
Si el combatiente es un joven anónimo atrapado en su tiempo, hablamos de “engranaje”.

Curiosa alquimia moral.

La historia no puede convertirse en un altar donde unos reciben incienso retrospectivo y otros expediente sumario.

Si aplicamos contexto, que sea para todos.
Si aplicamos indulgencia histórica, que sea simétrica.

 

VI. Epílogo preventivo

Este texto no pretende:

·      rebajar la figura literaria de Miguel Hernández,

·      ni abrir competiciones de sufrimiento,

·      ni practicar un “y tú más” guerracivilista.

Pretende algo mucho más modesto:

Que la memoria histórica no funcione como tribunal selectivo.

Porque la guerra civil no fue una novela moral de héroes puros contra villanos absolutos.
Fue una tragedia humana donde casi nadie eligió el tablero completo.

Y quien crea que hubo pureza intacta en medio de aquella violencia, quizá esté leyendo devocionarios, no archivos.

 

📚 Notas

¹ Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Ficha de alistamiento en el 5.º Regimiento de Milicias Populares (septiembre de 1936).
² Ferris, José Luis, Miguel Hernández. Pasiones, cárcel y muerte de un poeta.
³ García Valero, Miguel Ángel, “La Guerra Civil en Boadilla del Monte (IV): personajes”, SoloBoadilla, febrero 2026.
Nuestra Bandera, nº 112, noviembre de 1937.
⁵ Hernández, Miguel, Viento del pueblo, 1937.
⁶ Hernández, Miguel, “Memoria del 5.º Regimiento”, prensa de milicias, 1937.

HODIO y la democracia del algoritmo (II de II)

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