viernes, 16 de enero de 2026

CUANDO EL APLAUSO SUSTITUYE A LOS HECHOS (IV)

 

Del aplauso acrítico al daño: falsedad, victimismo y desprecio institucional

En la entrega anterior vimos cómo, a partir de marzo de 2025, se organiza un aplauso sostenido en torno a una versión única del conflicto. En esta cuarta parte conviene observar qué ocurre cuando ese aplauso deja de ser retórico y empieza a producir efectos: persistencia en falsedades, victimismo reiterado, deslegitimación de la Justicia y cruce de límites personales.

No se trata de discrepancias de opinión. Se trata de daños concretos que se prolongan en el tiempo.



1. Del cierre de filas ideológico al rechazo de la sentencia

El 18 de marzo de 2025 se produce un salto cualitativo: la reacción deja de ser meramente académica o mediática y adopta un tono político explícito. El rechazo de la sentencia condenatoria de Cádiz se formula sin entrar en su contenido, sin analizar hechos ni fundamentos, y sin atender a la naturaleza real del conflicto.

Aquí el aplauso se transforma en deslegitimación: la resolución judicial es aceptable solo si confirma el relato previo; si lo contradice, pasa a ser “injusta”, “demencial” o producto de una persecución. El razonamiento desaparece; queda el alineamiento.


2. El victimismo reiterado como sustituto de la responsabilidad

A lo largo de marzo y los meses siguientes se repite una idea: el autor sería víctima de insultos, descalificaciones y ataques personales. Este marco emocional se amplifica por distintas voces y se presenta como explicación suficiente del conflicto.

Lo que no se menciona es lo esencial: el conflicto no nace de las críticas, sino de afirmaciones falsas atribuidas a personas reales y de la negativa a rectificarlas cuando se solicitó de forma limitada y razonada. El victimismo desplaza el foco desde la responsabilidad hacia el agravio percibido, sin reparar el daño causado ni explicar su origen.


3. La persistencia en falsedades concretas

En este punto el aplauso deja de ser genérico y se vuelve especialmente grave. Se reiteran afirmaciones falsas —ya desmentidas documentalmente— sobre la participación de mi padre en el proceso de Miguel Hernández tal y como ha dicho Ríos. No se aportan fuentes nuevas; se repite el error como si la reiteración pudiera convertirlo en verdad.

Esta persistencia prolonga el daño: no solo mantiene una falsedad, sino que la normaliza dentro del coro. Ya no hablamos de interpretación, sino de atribución errónea de hechos a una persona fallecida y de sus consecuencias familiares.


4. Cuando la Justicia deja de gustar

Otra deriva clara es el desprecio abierto a la Justicia. Calificar una sentencia de “demencial” o expresar “asco de Justicia” sin conocer el detalle de la causa ni sus fundamentos revela un criterio inquietante: la Justicia es válida solo cuando confirma la posición propia.

Este desprecio no nace del análisis jurídico, sino del desacuerdo con el resultado. Así, el aplauso acrítico termina erosionando la confianza institucional y reforzando un relato en el que cualquier límite legal se presenta como censura o autoritarismo.


5. Cuando el eco cruza límites personales

El último paso del proceso es el cruce de límites. La utilización de una imagen cuya difusión está prohibida, o la reiteración de contenidos sensibles sin legitimación alguna, muestra cómo el aplauso sin contraste puede derivar en conductas que ya no son solo discursivas.

Aquí el daño deja de ser abstracto. Se vuelve personal, concreto y acumulativo. El eco ya no repite solo palabras: invade ámbitos que deberían estar protegidos.


Conclusión

Lo que comenzó como un aplauso organizado terminó convirtiéndose en una cadena de consecuencias. La adhesión acrítica dio paso al cierre de filas; el cierre de filas, a la persistencia en falsedades; y esta, al desprecio de la Justicia y al cruce de límites personales.

Este recorrido demuestra que el conflicto no es opinable ni ideológico. Es factual. Y cuando los hechos se sustituyen por consignas, la memoria deja de ser una herramienta de verdad para convertirse en coartada.

La responsabilidad no desaparece porque haya aplausos. Al contrario: se vuelve más exigible cuando el daño se prolonga en el tiempo y se reproduce sin contraste.


EPÍLOGO GENERAL 

El aplauso como coartada

Antes de que en 2025 se multiplicaran los apoyos públicos, manifiestos, adhesiones mediáticas y cierres de filas en torno a Juan Antonio Ríos Carratalá, ya hubo una toma de posición colectiva que recibió respuesta razonada. A quienes apoyaron el manifiesto de la Asociación de Historia Contemporánea, respondí en su momento con dos entradas publicadas en mi blog:

  • 12 de octubre de 2025“Panfletos, omisiones y trilerismo académico”

  • 13 de octubre de 2025“Cuando el rigor se convierte en silencio. Lectura irónica de un panfleto académico”

Aquellos textos no fueron rebatidos con documentos ni contrastados con hechos. Simplemente quedaron al margen. Y, pese a ello, en 2025 el aplauso continuó como si nada se hubiera contestado y como si el conflicto careciera de origen y de naturaleza concreta.

Esta serie de cuatro entradas no nace del afán de polemizar, sino de la necesidad de explicar por qué se dice lo que se dice. A lo largo de ellas se ha mostrado cómo distintas personas han intervenido reiteradamente sin conocer qué se solicitó inicialmente, cómo se actuó ante esas solicitudes ni qué afirmaciones falsas dieron origen al proceso judicial. Entre esas intervenciones figuran apoyos académicos y corporativos (como los de Quique Hervés o Martín González), amplificaciones mediáticas y elogios bibliográficos (como los de Paz Galache), rechazos políticos de una sentencia sin análisis jurídico previo (como el de David Becerra), reiteraciones del victimismo personal (por ejemplo, Ángel Luis López o Franziska Bertram), así como persistencias en falsedades concretas y deslegitimaciones abiertas de la Justicia (como las de José Blasco o Pepa Cárcel). A ello se suma la recurrencia de voces que repiten el mismo guion en distintas fechas y formatos, como Martín González Eduardo, y otros apoyos afines.

Las Partes I y II analizaron el aplauso personal y en redes; la Parte III explicó cómo se organiza ese aplauso (entrada matriz, manifiestos, lemas vacíos y prestigio como escudo); y la Parte IV mostró las consecuencias: persistencia en falsedades, victimismo reiterado, desprecio institucional y cruce de límites personales.

Mencionar a quienes intervinieron no busca personalizar el conflicto, sino dar contexto y claridad. No se trata de opiniones diversas, sino de intervenciones que reproducen una versión única, falsa y no contrastada, ignorando tanto los antecedentes como las respuestas ya publicadas. El problema no es apoyar; el problema es apoyar sin conocer la causa, sin verificar los hechos y sin asumir el daño causado a terceros.

Este epílogo no pretende cerrar un debate, sino dejar constancia. Cuando el aplauso sustituye al contraste, la memoria deja de ser una herramienta de verdad y se convierte en coartada. Sin hechos contrastados, sin rectificación de lo falso y sin responsabilidad por el daño prolongado, no hay investigación que salvar ni memoria que honrar.


NOTA FINAL DE AUTOR

Este conjunto de entradas se publica por responsabilidad cívica y personal. No cuestiona la investigación histórica ni la libertad académica; cuestiona la difusión de afirmaciones falsas, la negativa a rectificarlas y el aplauso acrítico que las perpetúa. Todo lo aquí expuesto se apoya en hechos, documentos y respuestas previas ya publicadas.

CUANDO EL APLAUSO SUSTITUYE A LOS HECHOS (III)

 

El aplauso organizado: manifiestos, medios y lemas vacíos

Las dos primeras entregas de esta serie mostraban cómo, a lo largo de 2025, se fue articulando un coro de apoyos públicos en torno a Juan Antonio Ríos Carratalá sin conocimiento del origen ni de la naturaleza real del conflicto. En esta tercera parte conviene dar un paso más y observar cómo se organiza ese aplauso, qué mecanismos utiliza y por qué adopta siempre los mismos lemas y silencios.

No estamos ante reacciones espontáneas ni ante una pluralidad de análisis independientes. Lo que aparece es un patrón reconocible, con textos de origen, consignas repetidas y una cadena de amplificaciones que sustituyen el contraste por la adhesión.


1. La entrada matriz del 12 de marzo de 2025

El punto de partida de este bloque es una entrada publicada en el propio blog Varietés y República el 12 de marzo de 2025. Ese texto funciona como entrada matriz: fija el marco interpretativo, define el conflicto en términos abstractos y ofrece una versión cerrada de lo ocurrido.

A partir de ahí, numerosas personas afines:

  • reproducen expresiones y enfoques del autor,

  • añaden comentarios en la misma línea,

  • y presentan esa versión como si fuera la única existente.

El rasgo común es claro: no hay contraste con documentos, no hay referencia a las peticiones iniciales de rectificación ni a la causa real del conflicto. Todo se articula desde lo que el propio autor decide contar.

En términos prácticos, no surgen voces distintas: surgen ecos.


2. El manifiesto como escudo académico

Pocos días después, el 18 de marzo de 2025, se difunden pronunciamientos de apoyo al manifiesto de la Asociación de Historia Contemporánea (MANÍA). Figuras como Quique Hervés o Martín González, junto con otros firmantes, expresan su respaldo sin aportar datos nuevos ni examinar los hechos que dieron lugar al proceso judicial.

Este tipo de adhesiones cumple una función muy concreta: convertir un conflicto factual en una causa corporativa. El manifiesto no discute afirmaciones concretas ni errores documentales; se limita a cerrar filas y a presentar cualquier crítica como una amenaza externa al rigor académico.

Lo significativo es que este apoyo se produce:

  • sin conocer qué se solicitó inicialmente,

  • sin analizar cómo se actuó ante esas solicitudes,

  • y sin cuestionar si hubo o no falsedades previas.

El manifiesto opera así como escudo, no como argumento.


3. “Salvar la libertad de investigación”: un lema sin hechos

En paralelo, varios apoyos reproducen una consigna que se repite de forma insistente: “salvar la libertad de investigación”. Aparece en entradas de los días 12 y 13 de marzo de 2025, tanto en comentarios de personas afines como en la difusión de declaraciones del propio Ríos Carratalá.

El problema de este lema no es su formulación, sino su uso vacío. Se invoca la libertad de investigación:

  • sin especificar qué investigación concreta estaría en peligro,

  • sin explicar qué afirmaciones motivaron el conflicto,

  • y sin distinguir entre investigar y atribuir hechos no probados a personas reales.

La consigna funciona como sustituto del análisis. En lugar de discutir documentos o errores, se eleva el debate a un plano abstracto que desactiva cualquier pregunta incómoda.


4. Medios y prestigio como sustitutos del contraste

Otro elemento clave del aplauso organizado es la apelación a los medios y al prestigio. La difusión de artículos en la Cadena SER o la reiteración de colaboraciones mediáticas se utilizan como aval moral, no como objeto de examen crítico.

Personas como Paz Galache reproducen y amplifican noticias y elogios, acompañándolos de comentarios que refuerzan la imagen del autor y la importancia de su obra, especialmente mediante la difusión de sus libros. De nuevo, el esquema es el mismo:

  • se alaba la trayectoria,

  • se difunde la obra,

  • y se evita entrar en la cuestión central: si determinadas afirmaciones fueron falsas y si se negó su rectificación.

El prestigio, en este contexto, actúa como sustituto del contraste. No se discute lo que se dijo, sino quién lo dijo y dónde apareció.


5. Un coro sin conocimiento de causa

Vistos en conjunto, estos apoyos no constituyen un debate plural. Constituyen un coro organizado, aunque no necesariamente coordinado, que comparte tres rasgos fundamentales:

  1. Parte de una versión única, difundida desde el propio autor.

  2. Repite lemas y marcos sin analizar hechos ni documentos.

  3. Omite de forma sistemática el origen y la naturaleza real del conflicto.

No es casualidad que las expresiones se repitan, que los tiempos coincidan y que las omisiones sean siempre las mismas. El aplauso no surge del conocimiento de causa, sino de la adhesión previa.


Cierre

Esta tercera entrega no pretende discutir intenciones ni cuestionar afinidades personales. Señala algo más simple y más grave: cómo se construye un aplauso organizado cuando se renuncia al contraste.

Antes de llegar al daño concreto, a las falsedades reiteradas o al desprecio institucional, hay un paso previo imprescindible: la fabricación de un marco en el que los hechos dejan de importar. Ese marco ya estaba completo en marzo de 2025.

En la próxima entrega veremos qué ocurre cuando ese aplauso acrítico no se queda en palabras, sino que deriva en consecuencias reales: persistencia en falsedades, victimismo, deslegitimación de la Justicia y cruce de límites personales.

domingo, 11 de enero de 2026

CUANDO EL APLAUSO SUSTITUYE A LOS HECHOS (II)

 

Cuatro apoyos en Facebook (2025), promovidos por Sandra Sutherland (*), y un mismo patrón de silencios

Las dinámicas descritas en la entrada anterior se concretan con claridad en cuatro publicaciones de Facebook realizadas a lo largo de 2025. Todas ellas proceden de Sandra Sutherland, cuyos comentarios son copiados, amplificados o difundidos por el propio Juan Antonio Ríos Carratalá.
Estas entradas se analizan no por la identidad de quien las escribe, sino porque reproducen un esquema que también aparece en otros apoyos afines: personas que toman partido sin conocer qué se solicitó inicialmente ni cómo procedió el catedrático ante esas peticiones, y que dan por válida una versión absoluta y falsa del conflicto.



1. 10 de enero de 2025


En esta fecha se copian y amplifican comentarios en los que se habla de honor, orgullo y de la necesidad de “limpiar nombres”, a propósito de la conmemoración del nacimiento de un abuelo. El tono es celebratorio y moralizante. La memoria se presenta como un bien incuestionable… pero solo en una dirección.

Nada se dice de las biografías que han sido falseadas ni de las personas a las que se ha atribuido un papel histórico sin base documental. El honor se reclama para unos mientras se ignora el daño causado a otros.

Fuente: Entrada de Facebook del 10 de enero de 2025Copia y amplificación de comentarios ajenos sobre “honor” y “limpieza de nombres”.


2. 22 de abril de 2025

La publicación de este día muestra un apoyo explícito al libro Perder la guerra y una adhesión pública tras una sentencia condenatoria en primera instancia. El respaldo se expresa sin una sola referencia a qué se pidió inicialmente, ni a cómo se respondió a esa petición, ni a las afirmaciones concretas que dieron origen al conflicto.

El libro y la trayectoria se invocan como aval moral suficiente, sustituyendo el análisis de hechos por la lealtad al relato difundido.


Fuente: Entrada de Facebook del 22 de abril de 2025. Apoyo público al libro Perder la guerra y adhesión al autor tras una sentencia condenatoria en primera instancia, sin referencia al origen ni a la naturaleza del conflicto.


3. 18 de septiembre de 2025

Fuente de la imagen: Entrada de Facebook del 18 de septiembre de 2025. Invocación de colaboraciones en RTVE como aval de rigor, omitiendo la difusión peritada de contenidos sobre el caso y la demanda interpuesta contra el propio medio. que manifiesta no haber emitido lo que está debidamente peritado y acreditado .

En esta entrada se recurre a la colaboración en RTVE como argumento legitimador. La presencia en un medio público se presenta implícitamente como prueba de rigor, solvencia y corrección del trabajo realizado.

Sin embargo, se omite un dato esencial: RTVE ha sido igualmente demandada por publicaciones y emisiones relacionadas con este caso. Dichos contenidos han sido peritados por personal acreditado, con referencia expresa a su difusión, alcance y cobertura, que constan documentalmente en el procedimiento.

Resulta especialmente llamativo que, pese a esa peritación, RTVE haya negado ante el Juzgado haber realizado apenas difusión alguna sobre el asunto. Esta contradicción no se menciona en la entrada, ni se explica cómo puede conciliarse la invocación del medio como aval moral con la negativa posterior a reconocer su propia participación en la propagación de los contenidos cuestionados.

De nuevo, el foco se desplaza: ya no importa qué se afirmó, sobre quién y con qué base, sino el prestigio del canal que lo difundió. La autoridad mediática se utiliza como escudo, mientras se elude la cuestión central: que la difusión existió, fue relevante y está documentada, con independencia de que luego se intente minimizar o negar.


4. 30 de septiembre de 2025

La última publicación cierra el círculo mediante la difusión de una web dedicada a periodistas y escritores represaliados y la referencia a Miguel Hernández como símbolo. Se afirma que todo ello “le ha costado disgustos”, consolidando la imagen de víctima.

Pero los disgustos no proceden de investigar ni de hacer memoria, sino de no rectificar cuando se ha construido un relato falso sobre personas concretas y se ha difundido públicamente.

Fuente: Entrada de Facebook del 30 de septiembre de 2025. Difusión de un proyecto web y construcción de un relato de agravio personal en torno a Miguel Hernández, desplazando el foco desde los hechos hacia el victimismo simbólico.



Epílogo: El aplauso como coartada

Las publicaciones analizadas a lo largo de estas dos últimas entradas del blog de Juan Antonio Ríos Carratalá no son episodios aislados ni expresiones espontáneas de apoyo. Como otras similares procedentes de personas afines, no discuten documentos ni contrastan hechos. Reproducen una versión única, falsa y no verificada del conflicto, desconocen qué se solicitó inicialmente y omiten cómo se actuó ante esa solicitud.

Estas publicaciones forman parte de una dinámica reconocible en la que el aplauso sustituye al contraste y la adhesión emocional reemplaza al examen de los hechos. No se trata de simples gestos de solidaridad, sino de una secuencia coherente destinada a:

  • legitimar moralmente al autor;

  • blindarlo mediante apoyos personales, libros, medios y símbolos;

  • desplazar el debate desde los hechos verificables hacia la emoción;

  • y ocultar el origen real y la verdadera naturaleza del conflicto.

Quienes participan en esta dinámica —por cercanía personal, afinidad ideológica o simple simpatía— no verifican afirmaciones ni revisan documentos. Repiten una versión del conflicto construida desde una sola voz, que oculta tanto su origen como su auténtico contenido: no un debate historiográfico, sino una serie de afirmaciones concretas, no probadas, sobre personas reales, seguidas de una negativa a rectificarlas cuando fueron impugnadas.

Cuando el aplauso ocupa el lugar de la comprobación, la memoria se vacía de verdad. Deja de ser reparación para convertirse en coartada, y el prestigio, los libros o los símbolos funcionan como escudos que desvían la atención de lo esencial: qué se dijo, sobre quién y con qué base.

Este epílogo no pide silencio ni censura. Pide algo mucho más simple y exigente: que la memoria se construya sobre hechos contrastados y que la verdad no sea sustituida por el relato más cómodo. Porque, sin ese mínimo, la memoria deja de iluminar el pasado y pasa a oscurecer el presente.


(*) No son las únicas entradas vistas de esta señora. Su admirado catedrático estaría supuestamente presto a decir que soy un mediocre por no haber visto otras (más de lo mismo), tal y como hizo con mi padre (aunque lo que diga sobre mí es algo que me resulta indiferente y no me quita el sueño). Es fácil descalificar a personas fallecidas y más si se opta por el fanatismo ideológico...

CUANDO EL APLAUSO SUSTITUYE A LOS HECHOS (I)

 

Apoyos, palmeros y opiniones sin conocimiento del origen y de la naturaleza del conflicto






Durante 2025 se ha producido en Facebook una secuencia continuada de publicaciones favorables a Juan Antonio Ríos Carratalá. No se trata de comentarios aislados ni de reacciones espontáneas, sino de un patrón reconocible: apoyos públicos, aplausos reiterados y tomas de posición que se construyen sin contrastar hechos ni conocer cómo comenzó realmente el conflicto que dicen defender ni cuál es su verdadera naturaleza.

El rasgo común de estas intervenciones no es la discusión de documentos, ni el análisis de afirmaciones concretas, ni la revisión crítica de lo ocurrido. El rasgo común es otro: la sustitución del contraste por la adhesión emocional, del conocimiento de causa por un relato previo que se da por válido.

Una constante de estas publicaciones es el gesto de copiar, amplificar o difundir comentarios ajenos como si fueran propios. Ese gesto no es neutral. Convertir un comentario en publicación implica asumir su contenido, su enfoque y su carga moral. Y lo que se asume, una y otra vez, es un discurso que habla de honor, memoria, persecución injusta y reparación moral, pero guarda silencio sobre los hechos que originaron la controversia.

Conviene subrayar que este fenómeno no se limita a una sola persona ni a una voz concreta. El caso de quienes comentan o apoyan públicamente es solo un ejemplo visible de algo más amplio y llamativo: la cantidad de personas —por amistad, afinidad ideológica, cercanía profesional, compañerismo académico o simple familiaridad— que opinan, aplauden y toman partido sin conocer no solo cómo comenzó el conflicto, sino cuál es su verdadera naturaleza.

Ese desconocimiento no es casual. La versión difundida públicamente ha sido, de forma casi exclusiva, la del propio interesado, que ha tenido voz ante los medios y ha presentado el conflicto como un ataque a la libertad de expresión, un intento de censura o una reescritura interesada de la historia. Esa versión es falsa, porque el conflicto no nace de una discrepancia historiográfica ni de una voluntad de borrar archivos, sino de afirmaciones concretas, no probadas, sobre personas reales, y de la negativa posterior a rectificarlas cuando se solicitó de forma limitada y razonada.

En estas intervenciones se invocan conceptos nobles —honor, dignidad, memoria, prestigio—, pero siempre de forma selectiva. Se habla de proteger nombres y limpiar biografías, mientras se ignora que otras han sido falseadas públicamente mediante relatos ideológicos presentados como hechos.

Cuando la solidaridad se ejerce desde una versión única, falsa y no contrastada, deja de ser un acto de justicia y se convierte en coartada moral. Y cuando el aplauso sustituye a los hechos, la memoria deja de ser responsabilidad para convertirse en relato.

viernes, 2 de enero de 2026

DE LA ILUSIÓN AL BLINDAJE

 

(Crónica de un cuatrimestre que no fue académico, sino estratégico)

Hay textos que, leídos de manera aislada, parecen inofensivos. Incluso cordiales. Pero cuando se leen en secuencia, cuando se les permite dialogar entre sí, revelan algo muy distinto: no una reflexión, sino una arquitectura; no una evolución, sino una estrategia.
Eso ocurre con las dos entradas publicadas por Juan Antonio Ríos Carratalá en su blog Varietés y República:
“Un cuatrimestre ilusionante” (30 de agosto de 2025) y “Un cuatrimestre de objetivos cumplidos” (31 de diciembre de 2025).
No son textos sueltos. Son los dos actos de una misma puesta en escena.



1. El arranque: ilusión cuidadosamente dosificada

En la primera entrada, el tono es amable, casi entrañable. El verano se despide “sin necesidad de que nos lo recuerde el Dúo Dinámico” y el nuevo curso se anuncia como un tiempo fértil, lleno de proyectos, energía y vocación académica.

Nada perturba ese clima. No hay conflictos, no hay controversias, no hay memoria incómoda. Todo fluye con la serenidad de quien se sabe a salvo.

Las cuestiones delicadas —las relacionadas con la memoria— se posponen con elegancia para un futuro blog “que ilusiona especialmente”. La memoria, así presentada, no interpela: se administra. Se convierte en un proyecto más, convenientemente calendarizado.

Mientras tanto, se acumulan actividades, artículos, congresos, jóvenes investigadores “solidarios” y nuevas publicaciones. La enumeración funciona como un argumento en sí misma: la cantidad sustituye al análisis, y el movimiento permanente disimula cualquier pausa reflexiva.


2. Productividad como virtud moral

La hiperactividad intelectual se presenta como prueba de legitimidad. Quien produce tanto —parece decirnos el texto— no puede estar equivocado. O, al menos, no debería ser cuestionado.

Pero cuando la productividad sustituye al rigor, deja de ser mérito para convertirse en coartada. Especialmente cuando se confunden investigación, divulgación y opinión personal, y cuando esa mezcla se utiliza para construir relatos que afectan al honor de personas concretas, ya fallecidas, sin posibilidad de réplica.

La investigación, entonces, no indaga: decora.


3. El silencio como forma de gobierno

Lo más elocuente del primer texto es lo que omite.
Ni una palabra sobre las objeciones documentadas.
Ni una línea sobre el daño causado.
Ni un gesto de duda.

No se trata de desconocimiento. Se trata de control del relato.

Y ese control se vuelve plenamente visible en la segunda entrada.


4. El cierre del círculo

(“Un cuatrimestre de objetivos cumplidos”, 31 de diciembre de 2025)

La segunda entrega se abre con un símbolo inequívoco: el sello de calidad FECYT, ampliado, visible, casi ceremonial. No es información; es blindaje. Un gesto destinado a recordar al lector que aquí habla alguien legitimado, certificado, avalado.

Conviene recordar, además, que no es la primera vez que trabajos avalados con sellos de calidad han servido para difundir afirmaciones falsas sobre personas concretas, reescribiendo sus trayectorias vitales conforme a una narrativa ideológica previamente decidida.

Todo ha salido bien. Los objetivos se han cumplido. La trilogía —antes trilogía— ahora es tetralogía. La maquinaria no se detiene.

Y, sin embargo, es precisamente aquí donde aparece la grieta.

Porque entre los trabajos celebrados figura Nos vemos en Chicote, una obra en la que se atribuyen hechos falsos a personas fallecidas, incorporándolas a un supuesto engranaje represivo que nunca existió. No estamos ante una interpretación discutible, sino ante una construcción errónea sostenida pese a haber sido señalada y documentada como tal.

Lejos de corregir, se persevera. Se publica más. Se exhibe más. Se legitima más.


5. El doble rasero: engranajes ajenos y propios

Resulta llamativo que quien habla con tanta ligereza de “engranajes” ajenos —llegando incluso a incluir falsamente en ellos a mi padre— no aplique el mismo criterio a su propio entorno.

Porque si existe un engranaje que merezca una reflexión honesta, es el que opera dentro de la propia universidad: redes de influencia, legitimaciones cruzadas, trayectorias que se consolidan no siempre por excelencia contrastada, sino por cercanía, afinidad ideológica o pertenencia al mismo ecosistema académico.

Que su hijo sea talentoso no está en cuestión.
Pero ser progresista no convierte automáticamente en ajeno al privilegio, ni exime de examinar con el mismo rigor los vínculos propios que se exigen a los demás. La ejemplaridad no se proclama: se demuestra, y sobre todo se somete al mismo escrutinio que se aplica fuera.

Y aquí aparece una paradoja difícil de ignorar:
los mismos sellos de calidad que hoy se exhiben como garantía de rigor han amparado también textos en los que se ha falseado la vida de mi padre, integrándolo —sin base documental— en un engranaje represivo inexistente (al menos en lo referente a su persona). Textos avalados institucionalmente, difundidos sin contraste, y utilizados para fijar una versión ideológica de los hechos.

De modo que el problema no es el sello, sino el uso que se hace de él.
No es la institución, sino la instrumentalización de su autoridad para legitimar relatos previamente decididos.

Cuando la calidad certificada sirve para reescribir biografías ajenas con fines ideológicos, deja de ser garantía y se convierte en coartada.




6. Dignidad, jubilación y magisterio perpetuo

Cuando se invoca la “dignidad” para justificar la no jubilación, el argumento roza lo paradójico. Más aún cuando se reúnen desde hace años los requisitos para hacerlo.

Cabe preguntarse si no se trata, más bien, de preservar una posición desde la que seguir ejerciendo influencia, dictando cátedra moral y ofreciendo —como se vio incluso en sede judicial— lecciones destinadas a justificar lo injustificable.

La producción constante, casi mecánica, recuerda más a una cadena de montaje que a una reflexión pausada. Una maquinaria editorial donde el ritmo sustituye al escrúpulo.


7. Epílogo: cuando la autoridad suplanta a la verdad

Leídas conjuntamente, estas dos entradas no describen un cuatrimestre académico. Describen una estrategia de autopreservación.

No hay rectificación.
No hay escucha.
No hay reparación.

Solo una narrativa cuidadosamente construida para mantener intacta una posición de autoridad mientras se diluye, por saturación, la voz de quien fue injustamente señalado.

Pero los archivos permanecen.
Los documentos hablan.
Y la verdad —por mucho que se intente amortiguar bajo capas de prestigio— no se diluye con el tiempo.

Porque hay algo que ni los sellos, ni los cargos, ni las publicaciones en serie pueden garantizar:
la razón moral de quien ha dicho la verdad cuando resultaba incómodo hacerlo.

JUBILARSE EN DIFERIDO (Y DEJAR PASO… SIN APARTARSE)

 

Hay quien escribe memorias.
Y hay quien cultiva un género más moderno: la jubilación por entregas, con calendario variable y prólogo eterno.

Desde antes de 2024, Juan Antonio Ríos Carratalá va dejando constancia —en su propio blog— de que está “casi jubilado”, “en el límite”, “cerca”, de que “ya cumple los requisitos” y de que el relevo generacional está en marcha. Pero lo interesante no es que quiera seguir (cada cual decide su ritmo).
Lo verdaderamente significativo es el contraste entre lo que predica —“dar paso a los jóvenes”— y lo que hace: permanecer en el umbral, con la mano en el pomo, explicando una y otra vez que ya se va… pero sin irse nunca.


1. La “casi jubilación” como coartada elegante

El 9 de febrero de 2024, en una entrada que mezcla reflexión cultural y autorretrato moral, escribe:

“A estas alturas de mi casi jubilación…”
“Solo me resta jubilarme como emérito y ya cumplo los requisitos.”

Entrada: “Andrés Trapiello y Las armas contra las letras”
https://varietesyrepublica.blogspot.com/2024/02/andres-trapiello-y-las-armas-contra-las.html

No habla simplemente de jubilarse. Habla de jubilarse con título, con rango, con medalla.
No “me retiro”; me retiro con distinción.


2. El calendario oficial… que se mueve cuando conviene

El 22 de mayo de 2024 deja por escrito un calendario aparentemente definitivo:

  • en 2029 estará jubilado;

  • en junio de 2028 lo hará como catedrático emérito.

Entrada: “La ANECA me concede el sexto sexenio de investigación”
https://varietesyrepublica.blogspot.com/2024/05/la-aneca-me-concede-el-sexto-sexenio-de.html

Meses después, insiste en la misma idea: los jóvenes ya “toman el relevo”.

Entrada: “Tres nuevos libros a la vista” (29/12/2024)
https://varietesyrepublica.blogspot.com/2024/12/tres-nuevos-libros-la-vista.html?m=1

Y en octubre de ese mismo año vuelve a aparecer la jubilación como horizonte sereno, casi espiritual:

Entrada: “De Miguel Hernández a Guillermo Sautier Casaseca” (16/10/2024)
https://varietesyrepublica.blogspot.com/2024/10/de-miguel-hernandez-guillermo-sautier.html

Hasta aquí, nada extraño: cualquiera puede planificar su jubilación.
Lo llamativo es que la jubilación se usa como argumento moral, como prueba de autoridad, mientras el gesto real se aplaza una y otra vez.




3. El “perrito”: el símbolo perfecto del retiro ajeno

El 17 de junio de 2025 aparece por fin la imagen reveladora:

“La inmensa mayoría de mis amigos ya están jubilados. Al verlos paseando un perrito…”
“El profesor ronda la edad de jubilación…”

Entrada: “La suerte de tener alumnos como Luis”
https://varietesyrepublica.blogspot.com/2025/06/la-suerte-de-tener-alumnos-como-luis.html

La escena es casi simbólica:
los demás pasean al perro; él observa.
Ellos ya han salido; él sigue dentro.

Lectura irónica posible (solo como lectura):
«Qué bien viven ellos… pero yo sigo aquí, porque aún soy necesario, porque el aula rejuvenece, porque todavía no es el momento.»


4. “Estoy en el límite”… pero sigo

Un mes después, vuelve la idea:

“Cuando estás en el límite de la jubilación…”

Entrada: “La gallardía del fiscal Ricardo Gullón” (18/07/2025)
https://varietesyrepublica.blogspot.com/2025/07/la-gallardia-del-fiscal-ricardo-gullon.html

El límite aparece una y otra vez.
Lo que nunca aparece es el paso definitivo.


5. Diciembre de 2025: la confesión completa

Aquí ya no hay insinuaciones. Hay fechas, razones y relato:

“Mi propósito inicial era jubilarme en enero de 2026…”
“Estoy cansado y creo merecer un retiro…”
“Seguiré en activo hasta junio de 2028 y me jubilaré entonces como catedrático emérito…”
“Reúno los requisitos desde hace nueve años.”
“Vamos dejando paso a los jóvenes profesores…”

Entrada: “Un cuatrimestre de objetivos cumplidos” (31/12/2025)
https://varietesyrepublica.blogspot.com/2025/12/un-cuatrimestre-de-objetivos-cumplidos.html

Aquí el patrón se completa:
el “dejar paso” se formula como proceso, nunca como decisión.
La puerta se abre… pero nadie cruza el umbral.


6. Cuando “dejar paso” es solo una fórmula

Decir que se deja paso no es dejarlo.
Hablar de generaciones no equivale a retirarse.

Y aquí surge la pregunta inevitable:
¿se aplaza la jubilación porque aún hay libros por presentar, tribunas que ocupar, estructuras universitarias que sostienen visibilidad y prestigio?

No hace falta afirmarlo como hecho. Basta con observar el contexto que él mismo describe.


7. Sueldo, beneficios y la doble vara del “engranaje”

Conviene recordarlo: no hablamos de un retiro humilde ni simbólico. Hablamos de una posición con salario, recursos, red institucional y proyección pública. Nada ilegítimo en sí mismo.

Lo llamativo es que, desde ese lugar, se haya permitido insinuar beneficios en puestos de trabajo y económicos en otros, como hizo con mi padre, cuando nuestra realidad está documentada y fue muy distinta.

Y aquí encaja la frase que resume el mecanismo:

“Piensa el ladrón que todos son de su condición.”

No como insulto, sino como diagnóstico moral:
proyectar en otros lo que uno normaliza para sí.

De ahí la pregunta inevitable:
¿se trata de dejar paso a los jóvenes… o de dejar bien engrasado el relevo propio, incluso dentro del mismo engranaje universitario?


8. El emérito como escudo

No se trata solo de jubilarse, sino de hacerlo como emérito. Él mismo lo repite: cumple los requisitos desde hace años.

Y además exhibe apoyos. En octubre de 2024 citó como respaldo a Alberto Ramos Santana, catedrático emérito de la Universidad de Cádiz, junto a otros colegas solidarios.

Entrada: “La solidaridad de los compañeros de la Universidad de Cádiz…”
https://varietesyrepublica.blogspot.com/2024/10/la-solidaridad-de-los-companeros-de-la.html?m=1

El problema no es ser emérito.
El problema es usar ese estatus como escudo moral, como si blindara frente al error o la falsedad.

Y aquí hablo con claridad:
en lo que respecta a mi padre, mi veredicto personal es claro.
Emérito, sí.
Pero emérito en difundir falsedades.

Lo digo así, acotado, responsablemente: al menos en lo que a mi padre se refiere.


9. Resumiendo

Puede jubilarse cuando quiera.
Puede seguir escribiendo, opinando y publicando.

Pero no puede exigir autoridad moral desde un lugar que se resiste a abandonar, ni utilizar su posición para construir relatos que dañan a otros mientras se protege tras el prestigio académico.

Yo ya he perdido bastante con sus actuaciones.
Nada me devolverá ese daño.
Pero sí puedo dejar constancia de mi verdad.

Y esta lo es.


Listado de enlaces citados



sábado, 27 de diciembre de 2025

CUANDO LA MEMORIA SE MANIPULA: EL RELATO QUE SE IMPONE Y LA VERDAD QUE ESTORBA

 

(A propósito de “Los textos antifascistas de Miguel Hernández”, Juan Antonio Ríos Carratalá, 3 de abril de 2024)

Enlace: https://varietesyrepublica.blogspot.com/2024/04/los-textos-antifascistas-de-miguel.html


1. Una reseña que no es inocente

La entrada titulada “Los textos antifascistas de Miguel Hernández”, publicada por Juan Antonio Ríos Carratalá el 3 de abril de 2024, aparenta ser una reseña más sobre una reciente edición de textos del poeta. Nada especialmente novedoso: se subraya el compromiso político de Miguel Hernández, se celebra la labor editorial de Elena Medel y se recuerda su adscripción antifascista.

Sin embargo, una lectura atenta revela que no estamos ante un texto inocente ni meramente divulgativo. Como ya ha ocurrido en otras ocasiones, la entrada sirve de vehículo para reintroducir insinuaciones, juicios y atribuciones falsas que afectan directamente a la memoria de mi padre, Antonio Luis Baena Tocón, y, por extensión, a la de mi abuelo.


2. La apropiación del mérito ajeno

Uno de los aspectos más reveladores del texto es la forma en que Ríos Carratalá parece atribuirse indirectamente parte del mérito del trabajo de la autora, cuando escribe:

“El empeño le ha llevado a consultar una bibliografía actualizada, entre la que figura mi edición de los consejos de guerra de Miguel Hernández”.

No es una mención inocente. No es una referencia neutra.
Es una forma de insertarse en el éxito ajeno, de situarse como autoridad indispensable, como si la solvencia del trabajo de la autora descansara —aunque sea parcialmente— en su propia intervención previa.

Este gesto, repetido en otros contextos, revela una constante: la necesidad de figurar, legitimar y reforzar un protagonismo intelectual incluso cuando no es necesario ni pertinente. Una forma sutil de apropiación simbólica que desdice del rigor que se proclama.


3. La reiteración de una falsedad: mi padre y el sumario

Ríos vuelve a escribir:

“al leer esta recopilación, es inevitable una reflexión sobre la labor realizada por el juez Manuel Martínez Gargallo y el secretario Antonio Luis Baena Tocón en la instrucción del sumario que desembocó en la condena del poeta”.

Esta frase vuelve a atribuir a mi padre funciones que no tuvo.

Mi padre:

  • no fue juez instructor,

  • no tomó decisiones,

  • no dirigió procedimiento alguno,

  • y no ejercía cargo voluntario alguno: cumplía el servicio militar obligatorio.

Pese a ello, Ríos insiste en presentarlo como una figura activa del proceso, como si hubiera tenido capacidad de decisión o de influencia. No se trata de un desliz: es una atribución falsa sostenida en el tiempo, incluso después de haber sido advertido con pruebas documentales.

Y aquí conviene recordar algo fundamental:
esta “huida hacia adelante” no empieza ahora.


4. La verdadera huida hacia adelante: 2019

La huida hacia adelante comienza en 2019, cuando, tras ser advertido de las falsedades que estaba difundiendo, Ríos optó por una estrategia tan conocida como reveladora:
retirar enlaces discretamente y acudir a la prensa para presentarse como víctima.

Fue entonces cuando empezó a decir —con evidente mala fe— que yo pretendía:

  • censurar,

  • reescribir la historia,

  • borrar archivos,

  • limitar la libertad de expresión.

Nada más lejos de la realidad.

Lo único que se pedía —y se sigue pidiendo— es que no se mienta, que no se manipule y que no se atribuyan responsabilidades inexistentes a personas concretas. Convertir esa exigencia mínima de verdad en una cruzada contra la libertad académica es una maniobra que habla por sí sola.


5. Juzgar desde el presente y dirigir el pasado como si fuera teatro

Cuando Ríos escribe que en el sumario “apenas se aportaron muestras significativas de la labor antifascista del poeta”, no solo emite un juicio: se coloca en la posición de quien evalúa cómo debieron actuar otros, como si dirigiera una obra de teatro.

No es casual. Él mismo se define como “teatrólogo”.
Y aquí actúa como tal: distribuye papeles, asigna intenciones, corrige a posteriori lo que otros hicieron en circunstancias extremas, desde la comodidad del presente.

Pero los procedimientos judiciales no eran escenarios, ni los funcionarios actores, ni la historia un guion que pueda reescribirse a conveniencia.


6. La memoria selectiva y el silencio calculado

Ríos insiste en que aquellos tribunales fueron ilegítimos, como si esa afirmación —formulada ochenta o noventa años después— agotara toda reflexión moral.

Pero su memoria es selectiva.

Porque cuando se trata de las víctimas de la violencia republicana, el silencio es absoluto.
Cuando se trata de quienes fueron asesinados por ser creyentes, de quienes fueron perseguidos o ejecutados sin juicio, la memoria se apaga... ¿Quizás procedimientos legales para el catedrático por parte de los que él etiqueta como “demócratas”?

El padre del secretario —mi abuelo— fue una de esas víctimas y, en consecuencia, su familia...
Republicano asesinado por milicias republicanas por su fe.
Y sin embargo, ese dato estorba. Se oculta. Se silencia. O se falsea.

La memoria de esas víctimas parece no merecer espacio en su relato.


7. El doble rasero y la manipulación del foco

Ríos menciona reiteradamente al presidente del Consejo de Guerra, como si ese dato fuese una aportación decisiva. Sin embargo, calla deliberadamente el nombre del verdadero secretario que figura en los documentos.

¿Por qué?

Porque reconocerlo desmontaría años de insinuaciones dirigidas contra mi padre.
Porque rompería el relato construido.
Porque demostraría que se ha estado apuntando en la dirección equivocada.

Los sumarios están disponibles para cualquiera. No son un hallazgo.
La diferencia es que algunos los leen, y otros los utilizan.


8. La memoria no es un arma arrojadiza

No todo vale en nombre de la memoria histórica.

No se puede levantar un relato sobre silencios interesados, ni sacrificar biografías reales para sostener una causa ideológica.
No se puede exigir empatía selectiva ni justicia parcial.

Porque la memoria de quienes sufrieron —todos— merece respeto.

Y porque hay historias que no se olvidan, precisamente porque hubo quienes intentaron borrarlas.


9. Epílogo: la verdad no necesita propaganda

No escribo esto por revancha, ni por ajuste de cuentas.
Lo hago porque la verdad no necesita propaganda, pero sí defensa.

Y porque mientras haya quienes conviertan el pasado en un instrumento de poder simbólico, seguirá siendo necesario recordar que la historia no se escribe contra las personas, sino con los hechos.

CUANDO EL APLAUSO SUSTITUYE A LOS HECHOS (IV)

  Del aplauso acrítico al daño: falsedad, victimismo y desprecio institucional En la entrega anterior vimos cómo, a partir de marzo de 202...